domingo, 15 de octubre de 2017

Banalidades



Banalidades

A mí me gusta beber. Beber alcohol, por supuesto. Lo demás es hidratarse o alimentarse, pero para mí, beber es un verbo que me huele a alcohol. Y me gusta en reuniones, en fiestas, en orgías; pero, por lo general, me gusta más cuando estoy solo, si es que existe eso de estar solo. Ahí aprovecho para rumiar tranquilamente mis pensamientos más recurrentes, oír música prestándole toda mi atención a un mismo tema una y otra vez hasta encontrarle su sentido más prístino o llevarme al hastío pasito a pasito, suave, suavecito… Pero últimamente dedico mis tardes-noches de beber solo para hojear libros empolvados, buscando fragmentos subrayados o con notas a los costados para ver si aún así, fuera de contexto, tienen algún significado para mí. 

Hace unos días tomé un viejo diario de campo que encontré en un cajón del escritorio. Con una mano lo sujeté del lomo y con los dedos índice y pulgar de la otra empecé a ejercer presión al costado contrario del lomo, deslizando el pulgar hacia el índice, dejando pasar rápidamente las hojas de un lado a otro para detenerme en cualquiera, al azar. Allí encontré un texto que decía:

<<Hoy amanecí con una pereza existencial inmarcesible. Una tentación terrible a no hacer nada. Sólo pensar en bañarme, vestirme, tomar mi grabadora y mi diario; hacer entrevistas, encuestas, talleres… me parece un suplicio. Y es que ayer no fue un buen día. Antes de salir de casa, mientras desayunaba, apareció de nuevo mi tía con su retahíla: que se me estaba haciendo tarde como siempre, que me voy sin lavar un solo vaso, que todo huele a tabaco, que consiga un trabajo de verdad, que esto, que lo otro. En fin, lo de siempre, pero unas veces cansa más que otras. Y cuando más cansa es cuando más reconozco que ella tiene la razón en todo lo que me dice. Entonces me vuelve el remordimiento, la nostalgia de añorar lo que nunca jamás sucedió, como cantara Sabina, y la culpa que pesa tanto. Todo me pesa demasiado. Ojalá de un momento a otro me llegara un alivio, que todo se hiciera liviano. Que nada nos jalara hacia un centro de la nada y así ver esta libreta y mi lápiz danzar por el aire en esta habitación. Y yo, flotando también, haciendo vanos esfuerzos por agarrarlos. Todo liviano, todo flotando. Mi tía no podría decirme nada porque no encontraría ninguno de sus vasos, ni los limpios ni los sucios. Y menos aún podría reprocharme el ir tarde al trabajo (que para ella no es trabajo) porque nadie podría llegar a tiempo. Nadie podría tomar la dirección correcta. ¡Pero vaya estupideces digo! ¡Si lo que me pesa adentro, en mi cabeza y alma, no se rige por gravedad alguna! Andaría igual de mal, pero flotando. Sin siquiera poder escribir. Mejor dejo este tema acá y empiezo a anotar las cuestiones realmente importantes, que ya se me está haciendo tarde…>>

En adelante sigo con anotaciones del trabajo (bastante aburridas, por cierto), que era la verdadera razón de ser del susodicho diario. ¡Pero qué cantidad de banalidades torpes escribía en aquella época! Con razón al poco tiempo me quedé sin empleo. A mí que no me pongan a flotar nada, que por ahora el vino en esta copa están muy bien. No necesito más.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

EL CUADRO. (pACO)

EL CUADRO Desde que me encargaron hace más de dos meses - como no podía ser de otra manera-   la restauración de Mujeres de Tahití de...