lunes, 27 de noviembre de 2017

CAMIONES VOLADORES


CAMIONES VOLADORES
            Ni espero ni pido que alguien crea en el extraño aunque simple relato que me dispongo a escribir. Loco estaría si lo esperara, cuando mis sentidos rechazan su propia evidencia. Pero no estoy loco y sé muy bien que esto no es un sueño. Mañana voy a morir y quisiera aliviar hoy mi alma. He dedicado mi vida a cumplir con las obligaciones familiares. He cuidado de mis padres hasta el final de sus vidas y dado siempre apoyo  a mi hermana Bridget, hasta el punto de cometer por ella algo que jamás me hubiera atrevido a  pedir a nadie que hiciera lo mismo por mí. El hacerlo me ha acarreado vivir  toda mi vida condenado a ser  una de esas almas atormentadas. Soy juez, mis padres me educaron en la religión católica, pero soy progresista. Me preocupo de los pobres y los presos No soy tan distinto a los demás, tal vez algo callado, intimo más bien, la gente piensa que soy seco y raro. Están equivocados, lo que en verdad soy es un ser temeroso y  por eso nunca he encontrado alguien -hasta esta noche- que tuviera el valor de  compartir almohada conmigo. He pasado mi vida junto a mi hermana Rebeca, incluso de casada. Nunca la he abandonado. Desde hace unos dos años me he esforzado en vano en no caer en la desesperación, pero cada noche soy testigo de una batalla desigual que me condena al fracaso. Por eso esta mañana firmé un contrato con la ¨Morgue Identidad Unitaria¨ Una mujer joven alta y atractiva, vestida de azul me acompaño a la Sala de Los Consentimientos, donde unas bolas de vidrio colgantes estuvieron al menos durante quince minutos examinándome  el aura. Al acabar la misma mujer me dio un sobre. ─Puede abrirlo─ Lo abrí. ─ ¿Qué pone?  ─Apto─. ─Lea lo que pone más abajo ─Aglutina las condiciones necesarias. ─Que palabra eso de aglutinar.─ Bien pues ya hemos acabado. Firme aquí─ Perdón puedo preguntarle qué aspecto tendrá el sicario. ¿Son como los replicantes de Blade Runner ─A eso no puedo responderle señor. Usted no se preocupe por nada. Lo único que puedo decirle es, que  lo más probable sea por la mañana. Los viernes es un día de poca demanda, estamos ya en fin de semana, la gente sale. La mayor demanda es durante la semana─
            Vuelvo a casa. Subo a la habitación y me cambio de ropa. Al pasar por la habitación de Bridget, tiene la puerta entreabierta, al mirar por el rabillo del ojo la veo tumbada en la cama. Bajo al salón a tocar el piano, la música siempre ayuda.  Fran Litzt con ¨Sueño de Amor¨ acude a mi rescate. Al acabar la sonata me sirvo una copa de coñac: ¨Hardy Perfection¨. Lo tenía guardado unos diez años, para abrirlo en un acontecimiento especial. Y esta noche lo es. Vaya que si lo es. Se trata de la última noche. Abrir un ¨Hardy Perfection¨ cuando sabes que vas a morir mañana, te aleja un poco del infierno. Lo saboreo y luego  me siento en el sofá, con la copa en la mano.
             ─Pienso que he tomado la decisión más acertada ¿Pero es que hay otra? Cuando abres  las puertas del infierno -como yo hice de joven- en tus adentros sabes que contraes una deuda. Esa sensación de culpa te persigue el resto de tus días─
            Me he levantado dos veces del sofá y ha sido para servirme más coñac. A la tercera he decidido que la ¨Hardy Perfection¨  me acompaña al sofá. De nuevo me lleno la copa.
             ─Si consigo recordarlo todo, tal y como pasó, al igual la oscura visitante lo toma por una confesión, un arrepentimiento  y se comporta con delicadeza mañana.  ¿Será la misma sensación matar a que te maten? No tardaré en saberlo. De todas formas bienvenida la frialdad. Cuando llegues, habrá acabado para mí esta irresistible pesadilla.─
            La copa está de nuevo vacía. Me siento sereno, hace tiempo que no acertaba a estar tan bien. Será todo la ¨Hardy Perfection¨ Vaya con el coñac. Estoy listo. Creo puedo volver a encontrarme cara a cara con el pasado. Pero cuidado, percibo un giro extraño; el corazón me golpea y  puedo  escuchar sus latidos, son sordos y fuertes  perturban el silencio. Vuelvo a calmarme y dejo atrás esos momentos de incertidumbre.
            ─ Sucedió cuando cursaba mi tercer año en la ¨Facultad de Medicina¨. Han pasado cerca de cuarenta años. ¨Que de prisa corre el tiempo. Qué más dará ahora que corra, o que no corra¨ Lo mismo ahora lo afrontaría de otra manera ¿Quién sabe? ¡O no! Lo cierto es que no podía abandonar a su suerte a Bridget, mi hermana pequeña. Tenía  quince años, estaba en pleno ir y venir de su adolescencia. Por esas fechas llegaron al puerto de Liverpool unos marines americanos. En cuanto saltó la noticia en la ciudad, ella y sus amigas corrieron a recibirlos. Estoy seguro, que al bajar por la escalerilla el cadete James intuía que podría desflorar a cualquiera de esas vírgenes indefensas ante los deseos que traía la primavera. La desdicha -supongo- hizo que su mirada se  cruzara con la de Bridget. En el momento de levar anclas ni James ni ella, lo sabían. Al tiempo de su partida, creo recordar unos cuatro meses después, me llamó mi hermana desesperada. Tenía cuatro faltas. Se sentía acorralada, desolada, con el miedo clavado en sus ojos. No sabía qué hacer, ni a quién recurrir. ¿Acaso alguien le podía solucionar aquel tremendo problema? Debo confesar que al principio la intimide con mis palabras. Era tan joven. La reprendí amparado por regañinas moralistas─
            La virulencia de mis palabras, la hizo llorar. Creo que se sintió abandonada. Soltó un alarido de desolación y al mismo tiempo que con los dedos señalaba su barriga, entre sollozos y llanto me dijo:  
            ─Si no me ayudas, saltaré por el acantilado.  No voy a permitir que mama se entere, con lo que ella padece de los nervios. Además tu sabes que padre con lo cristiano que es, no sé qué es lo que haría. No quiero ser el estigma de la casa. No podría vivir con eso el resto de mi vida. ¡Ayúdame o me mato! ─
            ─Al verla en ese estado, entendí que de verdad lo iba a hacer. El miedo a que pudiera pasarle algo hundió sus garras heladas en mi carne. No tuve alternativa  y  decidí, en ese mismo momento, qué haría todo lo que fuera por librarla de aquella lacra que se había instalado en sus entrañas─
            Con la cara llena de lágrimas subió corriendo las escaleras. Desde abajo la escuchaba llorar. Unos minutos después salió de la habitación bajó la escalinata desesperada. Al verla intente cerrarle el paso ¿Dónde crees que vas? ─ ¡Déjame, Aparta! ─ El miedo golpeó mi estómago. La cogí de los brazos y conseguí detenerla. Con furia intentó librarse de mí. No sé de donde sacaba la fuerza pero acabamos los dos rodando por el suelo. Tuve que taparle la boca con una mano para que no se oyeran sus gritos. Al final cuando pudo escuchar mis palabras: ─ No te preocupes Bridget. Tu hermano te sacará de esta. Te lo prometo. No te preocupes te lo juro. Quieta. Quieta! ─
            El silencio volvió a los pies de la escalera; Bridget se quedó tumbada, inmóvil con el rostro desencajado y con una mirada errática, como si estuviera presa de la locura. Unos minutos más tarde, se puso el abrigo, subió de nuevo las escaleras y se encerró en la habitación durante tres días.
            ─Nunca le conté la verdad. Aunque pienso que ella siempre la supo. Lo que hicimos la cambió para siempre. Su voz de soprano enmudeció, solo la escuche cantar el día de su boda con Juan y hace dos años en la iglesia cuando lo enterramos. Desde entonces fue cuando empezaron a ocurrir cosas extrañas en la casa. Bien dejémonos de chácharas, lo que viene después ya lo sabes. Nos vemos mañana. A ver con que sicario te presentas.  Acabemos con esto. Llevo años esperándote. Ahora tengo que atender a Bridget. Debe estar inquieta, oigo desde aquí sus pisadas.
            Me levanto del sofá y voy a la cocina. Me tambaleo un poco, aunque puedo encender la luz. Respiro hondo y mi mente acaba por recomponerse Consigo eliminar pronto el alcohol de la sangre. Soy uno de esos acetiladores rápido (que dice un amigo mío medico) . Escucho una voz de señorita. Es la radio debo de habérmela dejado encendida. Voy cargando la jeringuilla de Bridget, cada día que pasa necesita más dosis para dormir,  al mismo tiempo escucho la señorita que dice: ─ Antes de comenzar el programa de hoy presten atención a este aviso. Es de interés general. La policía advierte que se han visto por la zona varios ¨camiones voladores¨, por lo que pide a los ciudadanos que extremen las medidas de precaución si van a viajar esta noche, sobre todo si toman la autopista ¨Interestatal¨. Tengan cuidado por favor. Si ven alguno de ellos por favor llamen al teléfono de emergencias que damos a continuación. Seiscientos veintiocho noventa y seis. Repetimos Seiscientos veintiocho noventa y seis. Y ahora damos paso a la música. Con ustedes ¨Bruce Springsteen. The boss¨. Disfruten del tema. Nosotros ahora volvemos con ustedes. No se vayan─
            Acabó de vaciar el embolo en una vena de Bridget, se ha quedado dormida. Escucho que llaman a la puerta. Ha sonado la campana.
            ─ ¿Quién puede ser a estas horas? No se habrán confundido, los de la ¨Morgue Identidad Unitaria¨. No los espero hasta mañana. Ya voy. Ya voy, que impaciencia─
            ─ Amy. Tú por aquí. Pero no son horas y con el frío que hace─.
            ─Bueno me vas a dejar pasar. ¡O qué! Me estoy congelando aquí afuera─.
            ─ ¿A qué viene esta visita?
            ─Tengo que decirte una cosa importante y no pienso esperar a mañana─.
            ─Pasa, pasa no te quedes ahí afuera. Vamos al salón y te preparo una copa.  Acabo de abrir una botella de ¨Hardy Perfection¨. ¿Te apetece?
            ─Cuando nos acercábamos al salón, no podía dejar de pensar que podía ocurrir si aparecía esta noche ¨aquella cosa¨ con Amy estando en casa. No dejaba de mirar en todas direcciones, entonces caí en la cuenta de que aún era pronto todavía. Nunca se manifestaba antes de las doce. Mi temor estaba injustificado No tenía nada que temer hasta que no fueran las doce. ¿Porque habría venido Amy?  No podía haber elegido peor día. Tengo que inventarme cualquier excusa para que vuelva pronto a su casa─
            Amy se quita el abrigo y se sienta en el sofá. Está radiante, a su edad parece tener todavía un cierto aire juvenil. Me da la impresión que acaba de salir de la peluquería. Sirvo las dos copas de coñac y le acerco una a Amy. Me siento en el sofá a su lado. Miro las manos. Está temblando. ¿No tendrá Parkinson?
            ─Cuidado no se te vaya a caer la copa. Bueno Amy ¿Qué es eso tan urgente que tienes que decirme?─
            ─ No sé cómo empezar y eso que cuando venía hacia aquí, tenía la seguridad que lo iba a decir con naturalidad. Sabes: Estoy un poco nerviosa. Ahora que lo pienso, lo mismo es un error haber venido─
            Era la oportunidad que debía aprovechar, el momento que estaba esperando. Amy quería irse. Dejó la copa en la mesa, solo le había dado un pequeño sorbo,  e hizo ademán de levantarse del sofá. Me levante  antes que lo hiciera Amy. Ya iba a acercarle el abrigo,  cuando al darme la vuelta pude ver como Amy se acomodó de nuevo en el sofá y removiendo su copa con la mano, me miró con una frágil sonrisa y dijo:
            ─ He venido aquí para decirte algo y no voy a irme sin hacerlo. Sabes, con lo que me ha costado decidirme, no estaría bien que ahora me fuera. Sería un disparate.
            Apuró la copa hasta el final y continuó
─Desde que nos mudamos mi marido y yo a esta barriada hace más de veinte años nada más verte me sentí atraída por ti. Ahora hace más de tres meses que mi marido me ha dejado por una mucho más joven que yo. Desde que pasó he querido venir a hablar contigo -hizo una pausa como si estuviera fatigada, pero no encontraba el momento adecuado- Siempre me echaba para atrás en el último momento. Esta tarde no aguantaba quedarme sola en casa, me vestí y salí a pasear por el parque. Al volver y pasar por delante de tu casa, estuve dándole vueltas a mi cabeza. Me dije que no debía de renunciar a toda esperanza y que la cosa no podía continuar así.  Al final decidí llamar a la puerta y aquí me tienes─
            Durante unos segundos me quedé de pie contemplando a Amy sentada en el sofá, mientras una confusión de ideas saltaba de una parte a otra de mi cabeza. Necesitaba solo un momento para recomponerme, un instante para serenarme. No intentes mirar atrás no rechaces la propuesta. No tienes nada que perder. Solo te quedan unas horas por vivir. ¿Eres consciente verdad? Intenta mirar hacia adelante. Si huyes con ella, se trata de empezar una nueva vida. Se acabaron las noches terribles y las sombras que gobiernan esta casa desde hace tanto tiempo, desde cuando te vistes obligado a hacer aquello que tú y yo sabemos, lo mismo desaparecen para siempre.
            Me deje caer en el sofá, rendido.
            ─Lo estaba esperando Amy. No sabes el tiempo que he estado soñando con esto. ¿Por qué no lo has dicho antes?  ¨camiones voladores¨
            ─ ¿Qué has dicho?
            ─ Nada
            ─ ¡Sí algo de voladores!
            ─ Que nos vamos volando. Ahora mismo. Voy a por el coche al garaje y nos vamos. Dejemos atrás estas vidas Amy. Al fin y al cabo: ¿Qué nos han deparado?
            ─ ¡Cielos! Exclamó Amy. Al menos deja que pase por casa a recoger algo de ropa.
            ─No hay tiempo que perder Amy. Cuanto antes salgamos mejor. Ahora vuelvo. Tomate otra copa mientras acerco el coche a la puerta.
            Conducía por la ¨Interestatal¨, escuchando canciones de Roger Whittaker que me había bajado de Spotyfi. Amy sentada a mi lado recostaba su cabeza en mi hombro se cogía de mi brazo.
            ─La conducción de ese modo se me estaba empezando a hacer algo pesada. Además había mucho tráfico, a pesar de lo que dijo esa chica por la radio. Al parecer nadie hacia caso de las advertencias. ¿Qué iba a pasar mañana con la ¨Morgue Identidad Unitaria¨? Había firmado un contrato. Nada, no iba a pasar nada, seguro que el sicario lo confundía con Bridget. No se perdía ninguna vida, ella desde hacía más de dos años apenas si salía de su habitación y pasaba la mayor parte del día dormida. ¿Quién la iba a echar en de menos?
            Cerca de tres horas sin parar por la ¨Interestatal¨.
            ─Tenemos que hacer una pausa para repostar y comer algo- dije a Amy;  que no podía evitar que se le cerrasen los ojos. Aún nos queda camino antes de llegar a Glasgow.
            Mis padres habían comprado una casa en el campo en las cercanías de Glasgow, en cuanto se casaron y en ella vivieron un tiempo antes de mudarse a Liverpool. Hacía allí me dirigía.  Nos detuvimos en una estación de servicio luminosa de la ¨Interestatal¨. Amy se bajó del coche          y se encamino a un Mac Donald’s a pedir un par de hamburguesas, mientras yo llenaba el depósito de gasolina. Un ¨camión volador¨ a toda velocidad se empotró contra el Mac Donald’s, la explosión fue instantánea. Aquello quedó convertido en una colosal hoguera. Toda la estación comenzó a oler como huele la piel humana quemada. Me acorde de la voz de la radio de la señorita ¨camiones voladores¨.
            Compre varias estacas, alambre,  dos picos y tres palas. Me encamine al muro que rodeaba la casa de mis padres. Delimité el espacio donde había enterrado al hijo de Bridget tres días después de nacer. Lo reconocí enseguida porque ahí seguía esa pequeña cruz que yo había dejado como señal. Comencé a cavar, cuando estaba a punto de llegar hasta el cuerpo del niño; otro cuerpo de alguien descomunal, más tarde me enteré que se trataba de  policía obeso mórbido se despeño sobre mi. Luego bajaron hasta la tumba dos más. Me redujeron y me esposaron mientras gritaba que me dejaran. Que estaba a punto de conseguirlo. Si conseguía desenterrar su cuerpo y quemarlo con una estaca clavada en su corazón se habría acabado mi sufrimiento y ya no conseguiría llevarse más vidas a sus abismos infernales.
            Me trasladaron a la comisaría, me sentaron en una silla, esposado con los brazos por detrás del respaldo en medio de una habitación vacía,  tenía tierra por todas partes.
            ─Un juez detenido. ¿Cuándo se iban a dignar a escucharme?
             Entró un policía y me ofreció un vaso de agua. Dejó la puerta abierta, al levantar la cabeza y acercar los labios al vaso, vi pasar a Bridget escoltada por dos policías. Me revolví en la silla, el vaso rodó por los suelos. Me gane un buen palo.
            ─Que bien que se haya dignado a venir hasta aquí señorita –dijo el inspector- Ahora podremos aclarar las cosas. Sin su colaboración hubiera sido imposible. ¿Es ese señor que acabamos de ver su hermano?
            ─ Sí es él inspector. El mismo que intentó esta mañana matarme.
            En ese mismo instante el espectro de un recién nacido trepaba por las paredes de una tumba que hacía unas horas su tío había exhumado.

           
           
           
           
             











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