domingo, 19 de noviembre de 2017

La rosa de los vientos

La rosa de los vientos


Coincidí con ellas en el modulo 4, todas las presas embarazadas  éramos recluidas allí. Cuando entraba alguna nueva ya sabíamos cual había sido su delito, la primera en entrar fue  Marina, así se llamaba,  estaba allí por asesinato, parecía tan desvalida que nadie habría dicho que se trataba de una asesina.
Cada mañana la funcionaria descolgaba del manojo de llaves de su  cintura la que abría nuestra celda, entraban con el  bebé y el saca leches, Marina rechazaba al bebé y tomaba el sacaleches.

Marina llevaba  ya varios días  encerrada, y  repetía sin cesar,  las palabras del juez; “debemos condenar y condenamos a Marina Calonge, en concepto de autora de un delito de asesinato  tipificado en  el Código Penal; concurre en la acusada la circunstancia atenuante de locura transitoria'. Ciertamente parecía haber perdido el contacto con la realidad. 
Tiempo después comenzó  a recordar  y me  contó como su hermana y ella habían convertido  el pequeño negocio familiar de exportación de frutas que heredaron de sus padres en una gran empresa, como habían multiplicado por tres las cifras de ventas. Recordó aquella noche, la del asesinato, cuando decidió quedarse en el piso que la empresa  tenía alquilado en la ciudad, porque  estaba demasiado cansada para conducir hasta casa y el vuelo de vuelta de Juan,  se había retrasado, así que nadie la esperaba. Cuando  Juan y ella se conocieron,  aquel piso era su lugar de encuentro.  El era entonces un  insignificante empleado de la empresa, pero con su ayuda había  llegado a ser uno de los socios, a pesar de las reticencias de su hermana, y del resto de la familia que nunca confió en él. Ultimamente se habían distanciado, cada vez se alargaban   mas sus viajes de negocio y sus estancias fuera, por ese motivo aún no le había dicho que estaba embarazada, pero tenía intención de hacerlo en cuanto él regresara. Abrió la puerta del apartamento y  los encontró,  tendidos en la cama, la cabeza  de ella sobre su pecho. Luego, Juan  farfullando  palabras que no llegó a  entender,   notó como la sangre   se agolpaba en  su cabeza,  abrió el bolso,  sacó el  arma  y escuchó el sonido del disparo, como algo lejano, como si  ella no fuera su autora. Fue consciente de lo que había hecho al oír  los gritos,  de  aquella mujer que minutos antes yacía  recostada sobre el pecho de  su marido,  y que luego  se agarraba a la camilla en la que yacía él.  Mientras la esposaban alcanzó a ver,  la rosa de los vientos tatuada en su muñeca derecha, una rosa de los vientos   en cuyo norte había escrita una J, él era su norte. Notó  el frío de las esposas en sus  muñecas, y  no había dejado de sentirlo desde entonces.  Juan murió durante el traslado al hospital.  Y ella dió ,a luz una niña  a la que alimenta contra su voluntad.

Dos meses después llegó Rosa,  se la acusaba de un delito contra la salud pública, por trafico de drogas, estaba a punto de dar a luz, su aptitud era altiva, transpiraba seguridad en sí misma desde que la vimos llegar caminando por el pasillo que la  llevaba a la celda vecina. Había conocido  a Juan el día que cerraron su primer negocio y al cabo de unos años  su padre lo había convertido en el primer lugarteniente de la organización criminal que ambos dirigían. Juan fue  el hijo que su padre siempre quiso tener. Se hizo con  el control  de   todos los envíos hasta el día de su muerte,. El negocio de importación de  piñas del que era socio les facilitaba la exportación de la droga a Europa de forma rápida y segura, La muerte de Juan, de la que  ella fue testigo presencial hizo sospechar a la poli sobre sus negocios, pero el último alijo ya había salido del puerto rumbo a Barcelona. Cuando los perros de la policia entraron  en el barco y se dirigieron a la bodega, fue demasiado tarde para huir.  Sus  abogados habían  conseguido evitarle la prisión hasta la celebración del juicio, pero  había sido finalmente condenada y  estaba ya  a punto de entrar en la  celda.  Le acaban de quitar las  esposas, dejando a la luz un tatuaje que simbolizaba la rosa de los vientos, cuyo norte apuntaba una J.
Ese día Marina comenzó a afilar su cuchara, mientras esperaba la ocasión para abordarla, días después coincidieron en las duchas. Pronto será juzgada por doble asesinato.

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