María estaba ilusionada y dispuesta a cambiar su aburrida y anodina vida. Había descubierto un extraño anuncio por palabras, tan escueto como inquietante: ELEVAMOS SUEÑOS. No lo dudó, concertó una cita, pero los atascos de la ciudad le impidieron llegar a la hora prevista. A pesar del retraso se dirigió hacia la puerta de entrada y comprobó que estaba abierta, atravesó el umbral y se situó en medio de una enorme sala absolutamente vacía. Sobre la pizarra que presidía el local pudo leer: Hemos salido volando a recuperar nuestros sueños y tú ¿A qué estas esperando?
Gustavo
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