CURIOSA REUNIÓN
Gustavo Zaragoza
Estoy
reunido con la noche, me envuelve la oscuridad. Estoy reunido con las estrellas
que me miran y no pierden detalle, son brillantes, astutas chispeantes y
sorprendidas por la poca claridad del ser humano. Me siento extraño como un
pasajero invitado con pase pernocta, sin las habilidades necesarias para
transitar la sombra, con sus misterios y
sus sorpresas. La noche es incertidumbre y secretos, como los lugares
hacia donde van y de donde vienen los movimientos fugaces que viajan en medio
de la nada.
Inquietante
el encuentro con la noche que me aturde porque no la comprendo, pero finalmente
me dejo envolver por ese estado difícil de explicar, donde los sentidos
pierden fuerza y su puesto lo ocupa la
imaginación, a partir de ahí, la realidad se transforma porque se intuye, y deja un dibujo en la memoria
imposible de replicar.
A pesar de
sus misterios, o posiblemente por ellos, la noche es acogedora, cómplice y
compañera, te permite navegar en sus procelosas brumas, hacia lugares lejanos,
y regresar veloz, descubrir tierras ignotas, sensaciones inenarrables y vivir
una ilusión. Todo eso tiene la noche, porque se alimenta de inconscientes
conectados que multiplican por mil la fantasía individual.
Pero la
noche también es fugaz, tiene poderosos enemigos que cada mañana vencen y la
convierten en polvo cósmico y con ella a todos cuantos se encuentran cobijados
bajo su manto.
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