Mujer Africana
Al fin la he visto,
esculpida figura de color
belleza manchada
por la negritud del hambre.
Vives rodeada de sangre,
sangre negra que corre
por esa tierra sangrienta
de tu madre África,
envenenada por las guerras.
Miro tu cuerpo, dulce y erguido
pisando los caminos
para cargar sobre los hombros
pilas de leña seca
para sacar con las manos
hilos de agua, escondidos
en las charcas grises y sucias
cubiertas por la
sequía
en las estaciones secas.
Dame tu fuerza, mujer negra
¿Dónde la escondes?
bajo tu piel suave se
agarra
danzando por tus venas inflamadas.
La llevas feliz, cargada sobre tus espaldas
donde cuelga la vida
que viertes de tus entrañas.
Mírame mujer africana
con esos ojos blancos repletos de nácar
cuéntame en las noches
junto al fuego, que dicen las estrellas
que con sus puntas de luz te atrapan
para que dentro de tu piel
se conviertan en hilos de seda negra
y tejan telarañas, en
las que la vida se agarra.
Abre tus brazos de mujer guerrera
deja que mi cuerpo arda
en ese fuego que nunca se apaga.
Solo quiero
que cuando deje estas tierras
secas y húmedas
queden mis recuerdos,
revueltos en las polvorientas sendas
pegados a tu corazón
donde palpita esa misteriosa fuerza.
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