Uno y el otro
Uno, cara de pájaro, se busca y
no se encuentra,
de pequeño en el trabajo era el chicos
de los recados y “figueta” lo llamaban
de sexo casi indefinido los secretos
siempre lo atenazanahora ya crecido, melifluo y necio, de tanto esconder ha extinguido su personalidad
y sigue igual, no sabe y no
contesta…
el otro, pecho palomo, un tipo duro
se cree y no es más que su sucio socio,
de pequeño monaguillo, con puñalete
en la cintura en el altar de las ostias
de joven policía militar con cinchas
blancas, paquete a un lado y porra blanda,
dura se la ponía ser aprendiz de
mago sometiendo a débiles sin cartas en las mangas
que triste es saber que en el
fondo no se tragan pero juntos e hipócritas acaban
trabajan juntos, almuerzan juntos
y juntos se la chupan...y no hay arcadas
ebrios de sus certezas custodian una
empresa enferma por su discurso contaminado
y no se dan cuenta que su mierda,
aunque no se vea, siempre les acompaña
nos exhiben a todos sus egos arrogantes
y dan risa, mucha risa…
pero a mí no me hacen ni puta
gracia
convivo sin más remedio
y utilizo diálogos con retrogustos
suaves
que deslizan sobre ellos sin
dejar marcas
pero ellos sordos, son tan cretinos
que no tienen suficiente paladar
para saborear mis palabras
mientras tanto, el niño de
Heráclito que juega a las damas,
hace estrellar mi moto sobre las
fichas negras del asfalto
y mis diálogos se acaban, todos
me echan de menos
pero el uno, cara de pájaro y el
otro pecho palomo son pájaros de cuidado
elegantes aves quieren ser, pero
son tan vulgares que no llegan ni a espantapájaros
y al final, el tiempo me enseña,
que tener razón no ha servido para nada…
Paco Florentinoi
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