sábado, 14 de octubre de 2017

Y si nunca hubiera caído.



Y si nunca hubiera caído.

Wolsthorpe Manor, Condado de  Lincolnshire,  Otoño de 1666. 

Me desprendo de la  rama  precipitándome a toda velocidad hacia el suelo, puedo distinguir   cada segundo  con mayor claridad las briznas de hierba, como  hebras separadas entre sí, casi puedo distinguir las hormigas corriendo entre la hierba,  asustadas  ante mi inminente caída. Y sin embargo, por qué descender perpendicularmente al suelo;  así  es como va a  suceder. La hierba crece y crece ante mis hojas,  cada vez se va haciendo mas grande me queda poco tiempo para impactar cuando estoy a punto de hacerlo, me detengo y comienzo a flotar, algo se interpone en mi camino; reparo en una pequeña espesura, que no identifico. Parece la parte superior  de uno de esos seres que he visto acercarse al árbol que habito. Distingo una especie de filamentos cilíndricos que nacen en su piel,  la cubren y  se ondulan para acabar cayendo sobre sus hombros.  Algo  me atrae con una fuerza irresistible. Comienzo a caer de nuevo, me resisto y consigo vencer la fuerza que me lleva; mi descenso se interrumpe  de nuevo bruscamente. Tras el  susto inicial comienzo a girar sobre mi misma, me detengo y  miro detalladamente el interior de esa espesura, y sigo el largo camino que trazan los filamentos,  y vuelvo a subir,  topo con su cara y cumplo a rajatabla con  la primera ley, la inercia y persevero en mi estado de reposo. Abre sus ojos de par en par y  extiende rápidamente  su brazo tratando de asirme. Me desplazo lateralmente a toda velocidad  en dirección opuesta a   su mano. Se pone en pie e inicia una persecución, corre por la hierba intentando alcanzarme, mientras yo subo,  bajo,  giro sobre mi misma, obligándole a saltar, caer, rodar y ponerse en pie de nuevo. Me gusta este juego, la vida en la rama era mucho mas tranquila.
No puede alcanzarme y agotado vuelve a recostarse contra el tronco.  Soy consciente de mi poder, he dejado de caer inexorablemente y puedo detenerme, subir rápidamente y bajar lentamente, o mas rápidamente, no existe el rozamiento y  puedo  ejercitar toda clase de piruetas, lastima que mi forma esférica, no me permita grandes acrobacias. Subo, bajo, me lanzo a un lado y a otro, aumento y disminuyo la velocidad a mi antojo.

Apoyado contra el árbol, sus ojos se abren cada vez más, sin duda mis acrobacias lo han dejado atónito.

Parece nervioso, voy a acercarme al árbol  para poder observarlo  con mayor detalle, tal vez quiera que juguemos de nuevo. Me deslizo hacia arriba pegada al tronco sobre el que esta recostado  y doy la vuelta hasta situarme de nuevo encima. Su mano se agita nerviosa  sobre la espesura de filamentos dorados, gira sobre si mismo, se pone en pie de nuevo, creo que me  busca, me coloco sobre él de forma que no pueda verme.

 Me escondo  pegada tras el tronco, observo que está cada  vez mas agitado, va y viene con las manos a la espalda, mira ahora cielo,  luego al  suelo de forma nerviosa y agitada y finalmente exhausto se sienta de nuevo. No estoy segura de acercarme más, tal vez no le ha gustado el juego. Me siento cansada empiezo a subir hasta mi rama y a punto de alcanzarla siento esa fuerza nuevamente que me atrae irresistiblemente hacia el suelo, me resisto con todas mis fuerzas, mi rabillo y mis dos hojitas, tiran hacia arriba hasta el limite de sus fuerzas. Es inútil son incapaces de soportarlo mas e impacto contra la cabeza y rodamos por el suelo.

Ell impacto me ha dejado inconsciente me despierto en su mano, delante de una enorme caverna protegida por dos filas de dientes y una especie de tobogán rojizo.
Las filas de dientes que protegen el interior de la caverna se cierran sobre mí y en mi caída  alcanzo  a oír, en un grito de alegría EUREKA. 







No hay comentarios:

Publicar un comentario

EL CUADRO. (pACO)

EL CUADRO Desde que me encargaron hace más de dos meses - como no podía ser de otra manera-   la restauración de Mujeres de Tahití de...