Pick/pack*
Mi padre siempre ha tenido un problema
de comunicación con las personas, sobre todo si nos centramos en el plano
afectivo, de hecho, hace ya mucho tiempo que no recuerdo ninguna muestra de
cariño que pueda ser digna de mención. Su forma de comunicarse normalmente ha
sido siempre generándote dolor, hoy más que nunca, y con la perspectiva de los
años soy consciente de ello. Sobre su peculiar forma de comunicación también tengo
alguna que otra prueba empírica.
Recuerdo una tarde de mi infancia en
la que jugábamos en la terraza de nuestra antigua casa a una de esas “guerra de
juguetes’’, era una terraza amplia rodeada de maceteros rectangulares de
arcilla repletos de geranios que mi madre cuidaba y regaba con mucho cariño y que
yo diariamente maltrataba jugando a la pelota. Mi padre y yo nos colocamos a
cierta distancia, arrodillados y enfrentados cada uno en sendos barreños de
plástico dispuestos en forma de escudo, parapetamos estratégicamente nos
arrojábamos de forma frenética municiones formadas por pelotas, cochecitos,
camiones de plástico, muñecos varios y todo tipo de artefactos contundentes.
Durante el transcurso de la batalla poco a poco fui comprobando que su puntería
y fuerza eran mucho mayores que la mía, cada vez los impactos sobre mi pequeña defensa
eran más violentos. Hubo un momento en que no tuve más remedio que dejar al
descubierto mi cabeza para agarrar más munición que poder arrojar, entonces noté
una fuerte colisión sobre mi frente, mucho dolor, rabia y sensación de impotencia
se apoderaban de mí, no pude soportarlo y me tiré al suelo echándome a llorar,
puse las manos sobre mi frente y me tapé el rostro, entre los dedos podía ver
la figura de mi padre que se acercaba a mí, pensé que iba a consolarme y disculparse,
pero no fue así, tenía el semblante satisfecho de aquel que ve su objetivo
cumplido y recuerdo que sin ningún tipo de remordimiento ni culpa por el dolor
que me había generado y viéndome llorar sin consuelo me dijo, “llora como una mujer lo que no has sabido
defender como un hombre”.
Todavía sigo sin querer entender la
maldita frase, pero hoy, cuarenta años después, resulta que el que llora es él,
tumbado boca arriba en su cama y rodeado de penumbra, se tapa la cara con las
sábanas y sollozando, no para de repetir una y otra vez que me vaya de su
habitación, que se quiere suicidar y que la culpa de su estado la tengo yo,
también le duele la cabeza, tiene una mano sobre la frente, algo ha impactado
sobre su zona pariento frontal del cerebro, los médicos dicen que es el
síndrome de pick, pero en el fondo creo que soy yo quien le ha golpeado una vez
más.
Hace un rato que mi madre me ha llamado, con voz tibia y sufrida me
ha dicho:
-
“Francis ven cuanto antes por favor, que tu padre se
ha encerrado en la habitación y dice que se quiere suicidar, que se va tomar
todas las pastillas que lleva en el bolsillo”.
Salgo de la oficina y acudo corriendo a su casa, ella parece
aturdida y empequeñecida por las circunstancias, me recibe en batín lo que me
hace presagiar que la situación es bastante grave, porque en mi casa desde
siempre, las cosas importantes han sucedido con mi madre en batín; las visitas
del médico de urgencias, sus recurrentes palpitaciones, la muerte de mi tía Rosa,
supongo que es su armadura vital, cada uno tiene las suyas, físicas y mentales,
para poder sobrellevar las situaciones complicadas, yo no puedo pensar en
batín, la guata se mete entre las ideas e impide que se entrelacen
correctamente, ella al contrario, se acolcha y entiende que el impacto de las
cosas sobre su fragilidad es menor. Mete las manos en los bolsillos y pone cara
arrugada de circunstancias, seguro que está tocando una pinza de tender que
distraiga su atención, que se convierta en su amuleto, que le de suerte y
fortaleza, hace ya años que la vida y la convivencia con mi padre le supera.
Nunca he llegado a entender tanta fragilidad y sumisión, recuerdo
una frase que alguien dijo sobre que “a los sumisos nunca se les ama, solo se
les quiere”, pues yo añadiría con bastante tristeza que al final acabas
odiándolos, porque ese es el sentimiento que muchas veces me atrapa cuando intento
hablar con ella, hay tanta debilidad en su cuerpo que te hace sentir culpable
de su malestar y esta es una sensación que ha dominado parte de mi vida. Como
aquel día que estando de pequeño en la cocina, yo tendría unos catorce o quince
años, mientras ella de espaldas a mí, fregaba en la pila, le dije que no quería
ir con ella a comprarme ropa, que me daba un poco de vergüenza ver como
regateaba con los vendedores cuando le acompañaba al mercado o a las tiendas
del barrio. La verdad es que me sentí un poco orgulloso de tener la valentía o
el descaro de poder decírselo, pero cuando me di cuenta y me acerque a ella
comprobé que estaba llorando, me hizo sentir mucho peor que si me hubiera dado
una bofetada, me gritara o me reprochara que fuera un mal hijo, lo hubiera
preferido. Al final tuve que disculparme y pedirle por favor que fuéramos los
dos a comprarme la ropa.
No puedo abrir la puerta de su habitación, no entiendo muy bien
como lo ha conseguido, creo recordar que su puerta no tiene cierre interior.
Desde fuera le digo varias veces que ya está bien, que abra, que quiero que
hablemos; él me contesta que ya hablaremos de él cuando esté muerto, la
situación me parece del todo tragicómica y reconozco que hasta me hace gracia este
repentino papel casi cinematográfico de mediador detrás de una puerta. Al final
me canso de hablar y forzando la manivela logro entrar, la habitación está a
oscuras, él está tumbado sobre la cama y se ha tapado la cara. Hecho un vistazo
rápido y compruebo que para bloquear la manivela ha empujado sobre la puerta el
mueble de la cómoda, ha colocado encima un cajón de la mesita y un marco con la
foto de su boda apuntalando la manivela, la verdad es que siempre ha tenido
talento para realizar montajes complicados, supongo que es una habilidad
heredada de mí abuelo, entre otras cosas, como la afición por el Chester Field
sin boquilla, las putas y el gusto por los zapatos caros.
Mi madre entra detrás de mí, y de repente dice -“será posible”, todavía no entiendo muy
bien que ha querido decir, eso sí, de forma presurosa vuelve a recolocar en su
sitio el mueble de la cómoda, el cajón de la mesita y el marco de fotos,
intenta que todo vuelva a estar como antes, como si en realidad no hubiera
pasado nada y a continuación desaparece en silencio, como siempre.
Me siento en el borde de la cama, a su lado, puedo ver que en el
bolsillo de su camisa lleva un paquete de Chester y un montón de pastillas de Diazepam,
porque mi padre de toda la vida se acuesta con los pantalones del pijama y no
se quita la camisa que ha llevado durante todo el día, otra manía que hasta que
no salí de casa para casarme, pensaba que eran cosas normales de todos los
padres, como otras tantas y entre ellas la de fumarse el último cigarrillo del
día tumbado en la cama y tirando la ceniza sobre el suelo. Sentado junto a él, lo
miro, intento sentir compasión, pero no me sale, además no para de repetir que “soy
un maldito desgraciado”, “que toda la puta vida se ha dedicado a trabaja para
nosotros”, “que somos los culpables de su malestar”, “que somos unos
desagradecidos y va a hacer una hoguera con todo el dinero que tiene”. Dejo que
hable, que vomite todos sus sentimientos, hace mucho tiempo que no nos
hablamos, al final se pone a llorar, nunca lo había visto en este estado y la
verdad es que tampoco me da pena.
Está
enfadado como un niño y no para de repetir qué lo
deje en paz, que quiere hacer lo que siempre ha hecho, que con las putas se encuentra
a gusto, que ellas sí que lo entienden, le gusta conversar y sentir como le escuchan,
son dulces y le atienden muy bien. Me reprocha que tengo una fijación por quitarle
un entretenimiento que no hace daño a nadie y que además le sienta de maravilla.
Se refiere a ese maldito correo que descubrí hace unos días, se lamenta de no
haberlo borrado. Ya lo tenía todo arreglado, hace días que les envió dinero
para los billetes de Colombia a Madrid, su amigo Paquito Garrido las recogería en
su coche y las traería a Valencia al piso de Bonanad, ostia como iban a
disfrutar los tres con ellas, whisky y Viagra a punta pala, pero no hay forma, otra
vez le he destrozado el plan.
Mi padre
lleva muy mal su jubilación y la situación fuera de las empresas que fundó, ha
vendido todas sus acciones y ha recogido mucho dinero, nos tiene muy
preocupados, lleva tiempo haciendo cosas raras. Ayer estuvimos en el médico, el
escáner ha revelado que tiene dañada una zona pariento frontal del cerebro, puede
que sea el llamado Síndrome de Pick, el doctor dice que no es una enfermedad
grave, pero es posible que poco a poco se vean afectadas ciertas facetas de su
conducta y sentimientos. Yo creo que en realidad él siempre ha sido así, su
lema en la vida ha sido “o estas conmigo a estas contra mí”, consiga vital que
ha llevado hasta sus últimas consecuencias, despreciando a todo aquel que no
compartía sus ideas y capaz de enfrentarse si compasión a quien se interponía
en su camino. Es un personaje de los llamados hechos así mismo, orgulloso de
sus humildes orígenes y empeñado en mostrar con arrogancia que la vida le ha sonreído
en el aspecto empresarial. También ha tenido suerte, rodeado de sumisos
colaboradores y con un talento innato para los negocios supo desenvolverse como
pez en el agua en una época de auge en la construcción plagada de especuladores,
banqueros, putas, trileros y cruceros.
No obstante,
las pruebas muestran que algo pasa en su cabeza, ayer en la consulta, el psiquiatra
le dijo tres palabras; amor, compasión y familia, e intentó que después de unos
diez minutos de conversación fuera capaz de recordarlas, pero el solo supo
decir; ataxia, hidrocefalia y párkinson, como siempre él nunca te da lo que le
pides te suministra lo que le da la gana. Después el médico dibujó dos círculos
que se interseccionaban en dos puntos, y le pidió que los observara detenidamente
y los repitiera, a lo que él, haciendo uso de esa gran determinación que
siempre ha demostrado, dibujó dos polígonos separados, que mirándolos con
detalle, parecían representar sendos planos de la empresas que él creo hace
unos años en la Valencia y Alzira, o a lo mejor quiso dibujar dos regiones de
Colombia a las que solía viajar con sus amigos y clientes, o también puede ser
que el subconsciente le haya jugado una mala pasada y acaba de dibujar dos zonas
cerebrales que tiene dañadas, mi padre es así, críptico y complejo, difícil de
interpretar lo que intenta comunicarte.
La
relación con mi padre sigue siendo muy complicada, el terreno gélido que nos
separa hace que mi conexión con él sea casi imposible, nunca ha soportado que
me parezca más a mi madre. Parece que se ha calmado y está medio dormido, le
quito con cuidado las pastillas de diazepam del bolsillo y salgo de la
habitación en silencio, por el pasillo sale a mi encuentro mi madre que me pregunta
si vendremos a comer el domingo, le digo que sí y que haga paella que a los
niños les encanta, ella me sonríe y me da un beso de despedida.
(Pack*.- expresión
onomatopéyica para describir el choque de un camión de bomberos de plástico sobre la frente)
Paco
Florentino
27 de enero de 2018
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