Ese día en
que empecé a tener consciencia estaba todo tenebroso, tenía compañeros siempre
a mi lado, eran de distintos orígenes aunque eso no nos detenía para que habláramos
o incluso disfrutáramos juntos mezclándonos y haciendo cosas bonitas. Durante algunas
horas del día había luz donde siempre teníamos oscuridad y entonces era cuando
nos dábamos cuenta de que todo estaba lleno de colores y brillos a nuestro
alrededor. Todavía no éramos nada a pesar de que sabíamos que en algún momento
podríamos ser cualquier cosa.
Hubo un día
en que entro la luz y yo conseguí salir
de aquel lugar nocturno. Me hizo mucha ilusión, estaba emocionado por saber que
sería, por saber en qué me convertiría. Eran unas manos muy agradables las que
me cogieron para empezar a darme forma y un compañero con mucho brillo de aquel
primer lugar donde viví ayudo en el proceso de mí crecimiento. Al principio me
hicieron un poco de daño, me retorcieron, pero fue un dolor necesario para
empezar el trabajo que me llevaría a la calle. Les llevo varios días llegar al
resultado que se habían propuesto para mí, me mezclaron con más compañeros y
otros tantos ayudaron a la creación, eran todos muy bondadosos y creativos.
Una mañana
cuando desperté tenía un espejo cerca y al mirarme me quedé asombrado del magnífico
trabajo que habían hecho conmigo, me convirtieron en algo precioso, en algo que
cuando saliera a la calle todos me mirarían y querrían tenerme para ellos. Lo
que todavía no sabía yo era que para ese momento aún quedaban semanas, pues me
metieron en otro sitio negro durante varios días más, notaba como se movía
todo, me zarandeaba de un lado a otro sin poder hacer nada para remediarlo,
hasta que por fin alguien me saco de ese lugar negro y pude resplandecer como
debía.
No estaba sólo,
y tampoco parecía que fuera tan único como creía que era, no era algo especial
y eso me hizo entristecer un poco. Estaba situado en el medio de una habitación
muy grande, desde ahí lo podía ver todo, veía a todos mis compañeros y
compañeras, a simple vista todos nos parecíamos, aunque cada uno éramos de un
origen y un color diferentes. Estuve varios días triste, sin ni siquiera querer
hablar con nadie ni mirar demasiado a mi alrededor, pues me ponía cada vez más
depresivo al ver que algunos de mis compañeros salían muy pronto de esa
habitación gigante, mientras yo seguía en el mismo sitio día tras día.
De repente me
colocaron en otro sitio de la gran habitación, era más vistoso y tenía más
cerca que nunca a una compañera nueva que todavía no había visto. Un día ella
se atrevió a hablar conmigo, yo todavía no me había dado cuenta del cambio de
lugar que me habían hecho, no era consciente de que ahora estaba situado en un
sitio mucho más atractivo y con nuevos compañeros y compañeras, eso me empezó a
animar. Las palabras de mi nueva compañera me hicieron sentir mejor, lo más
importante es que hizo que me fijara más en mi alrededor, en ese momento me di
cuenta de lo especial que era, tenía complementos que ninguno más tenia, era de
un color único en esa habitación donde habían miles de colores,… después de ese
instante ya no volví a estar triste, sino que cada día estaba más y más
contento, pues seguía fijándome en los detalles y cada vez veía más diferencias
con mis compañeros, eran cosas que me hacían exclusivo.
Esa
compañera que un día me hablo quería hacer equipo conmigo, quería sentirse
única a mi lado, que fuéramos una pareja envidiable para nuestro alrededor,
pero aunque juntos hacíamos una gran pareja nos faltaban compinches con los que
haríamos algo especial y con un sentido único e inigualable. Así que empezamos a
reclutar socios, cada uno de ellos tenía que ser especial en su ámbito, hasta
que un día pudimos estar en el mejor lugar de la gran habitación todos juntos.
Habían
pasado varias semanas incluso diría que algún mes pero por fin empecé a ver la
calle y a todas esas personas que pasaban por delante, unos iban con prisas,
otros solo paseaban, pero los que más me gustaban eran los que se paraban para
admirar nos, para admirar el gran equipo que conseguimos hacer mi pareja
perfecta y yo con todos nuestros especiales amigos, pues nuestro gran sueño era
poder salir de ese lugar y pasear por las calles de la ciudad, queríamos
disfrutar de un paseo, de sentarnos en un parque o simplemente de estar parados
en medio de una gran avenida donde la gente va y viene sin preocuparse
demasiado de lo que pasa a su alrededor, y ahora estábamos más cerca de
conseguir ese gran sueño.
Llevábamos 3
días viendo la calle, observando a las personas que pasaban por esas aceras
anchas que recorrían una gran avenida, y por fin una de las personas que nos
admiraba decidió tenernos solo para él, decidió lucir por la ciudad con
nosotros. Él se llamaba Carlos, nos sacó de esa gran habitación un poco a
oscuras, estuvimos horas en ese lugar donde solo entraba algo de luz, una luz
que calentaba y nos hacía sentir muy a gusto a todos juntos allí dentro,
pasaron horas antes de que nos sacara de allí y viéramos su hogar.
El hogar de
Carlos era algo especial, nada más verlo me pareció increíble, era como si
estuviera hecho para vivir allí con él. Lo primero que vi fue una habitación,
no tan grande como en la que había estado viviendo los últimos meses, pero
estaba llena de cosas bonitas, cosas únicas entre ellas, cosas inmejorables,
todas me gustaban y pronto se convirtieron en amigos y amigas para toda la
vida, habían cosas brillantes aunque discretas, varios éramos iguales entre
nosotros aunque a la misma vez éramos y nos sentíamos únicos, todos nosotros teníamos
socias con las que hacíamos unas parejas increíbles y luego estaba el resto del
equipo que sin ellos nada tenía sentido para nosotros, me sentía en casa pues
todos nos entendíamos y nos respetábamos.
Carlos ese
mismo día decidió escoger a mi gran equipo para salir a cenar. Todos estábamos nerviosos
por ser nuestra primera noche por la ciudad, nos fuimos en coche hasta un
restaurante muy elegante donde Carlos saludo a muchas personas a las que adulaba
por sus prendas al igual que le adulaban a él. Nos sentamos todos en una mesa
redonda muy amplia. Pasaron horas allí sentados comiendo cosas muy vistosas y
bebiendo vino tinto, hablaban entre ellos, reían y brindaban con sus copas,
mientras nosotros esperábamos que ninguna gota se callera sobre él. Al salir de
allí y volver al coche Carlos nos llevó a un sitio donde la música estaba algo
elevada y no paraba de bailar, todos estábamos muy contentos y espitosos, no
queríamos que esa noche terminara nunca, estaba siendo una noche increíble,
estábamos conociendo a muchos más como nosotros, eran todos especiales y en
aquellos sitios todos éramos únicos y todos estábamos felices, pero la noche
termino y llegamos a casa, a nuestro nuevo hogar, donde Carlos nos dejó en esa
habitación llena de cosas increíbles.
Durante días
veíamos como Carlos entraba y salía sin ser nosotros su elección para ese día,
pero mientras estábamos en esa habitación lo pasábamos bien con el resto de
nuestros nuevos amigos que con el tiempo se convirtieron en nuestra gran
familia, cada día nos tocaba a unos salir a la calle y cuando volvíamos nos
contábamos todo lo que habíamos vivido, con lo que los días pasaban realmente
rápido y sin darnos cuenta pasaron años y años, en los cuales entraban nuevos
compañeros más bonitos en esa habitación, aunque Carlos nos seguía queriendo a
todos los que permanecíamos allí.
Recuerdo que
era un domingo por la mañana cuando Carlos entro en la habitación con traje
pijama, ese día no se disponía a elegir a ninguno de nosotros para salir a la
calle, ese día empezó a deshacerse de cosas, y es que al fin y al cabo solo
éramos ropa, y ya éramos ropa vieja, en concreto mi equipo y yo, era unos
simples pantalones de pinzas granates, mi pareja perfecta era una americana de
un tono granate a juego conmigo, la camisa blanca que tantos años había estado
refugiada dentro de la chaqueta, el cinturón negro y reluciente que tan bien
hizo su trabajo, aguantándome para que no me fuera a saludar a nuestros amigos
los zapatos negros, que siempre estaban dispuestos a llevarnos a todos de un
lado a otro de la ciudad, todos llevábamos 8 años en el vestidor de Carlos, ya
estábamos muy gastados, habíamos salido muchas veces de fiesta y cenas, y la
verdad que no nos importaba dejar paso a la juventud, a cosas más modernas y
nuevas, brillantes y relucientes, así que irnos a la bolsa donde descansaríamos
para siempre no era tan
doloroso como parecía.
Marta Cerezuela.
Marta Cerezuela.
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