lunes, 27 de noviembre de 2017

CAMIONES VOLADORES


CAMIONES VOLADORES
            Ni espero ni pido que alguien crea en el extraño aunque simple relato que me dispongo a escribir. Loco estaría si lo esperara, cuando mis sentidos rechazan su propia evidencia. Pero no estoy loco y sé muy bien que esto no es un sueño. Mañana voy a morir y quisiera aliviar hoy mi alma. He dedicado mi vida a cumplir con las obligaciones familiares. He cuidado de mis padres hasta el final de sus vidas y dado siempre apoyo  a mi hermana Bridget, hasta el punto de cometer por ella algo que jamás me hubiera atrevido a  pedir a nadie que hiciera lo mismo por mí. El hacerlo me ha acarreado vivir  toda mi vida condenado a ser  una de esas almas atormentadas. Soy juez, mis padres me educaron en la religión católica, pero soy progresista. Me preocupo de los pobres y los presos No soy tan distinto a los demás, tal vez algo callado, intimo más bien, la gente piensa que soy seco y raro. Están equivocados, lo que en verdad soy es un ser temeroso y  por eso nunca he encontrado alguien -hasta esta noche- que tuviera el valor de  compartir almohada conmigo. He pasado mi vida junto a mi hermana Rebeca, incluso de casada. Nunca la he abandonado. Desde hace unos dos años me he esforzado en vano en no caer en la desesperación, pero cada noche soy testigo de una batalla desigual que me condena al fracaso. Por eso esta mañana firmé un contrato con la ¨Morgue Identidad Unitaria¨ Una mujer joven alta y atractiva, vestida de azul me acompaño a la Sala de Los Consentimientos, donde unas bolas de vidrio colgantes estuvieron al menos durante quince minutos examinándome  el aura. Al acabar la misma mujer me dio un sobre. ─Puede abrirlo─ Lo abrí. ─ ¿Qué pone?  ─Apto─. ─Lea lo que pone más abajo ─Aglutina las condiciones necesarias. ─Que palabra eso de aglutinar.─ Bien pues ya hemos acabado. Firme aquí─ Perdón puedo preguntarle qué aspecto tendrá el sicario. ¿Son como los replicantes de Blade Runner ─A eso no puedo responderle señor. Usted no se preocupe por nada. Lo único que puedo decirle es, que  lo más probable sea por la mañana. Los viernes es un día de poca demanda, estamos ya en fin de semana, la gente sale. La mayor demanda es durante la semana─
            Vuelvo a casa. Subo a la habitación y me cambio de ropa. Al pasar por la habitación de Bridget, tiene la puerta entreabierta, al mirar por el rabillo del ojo la veo tumbada en la cama. Bajo al salón a tocar el piano, la música siempre ayuda.  Fran Litzt con ¨Sueño de Amor¨ acude a mi rescate. Al acabar la sonata me sirvo una copa de coñac: ¨Hardy Perfection¨. Lo tenía guardado unos diez años, para abrirlo en un acontecimiento especial. Y esta noche lo es. Vaya que si lo es. Se trata de la última noche. Abrir un ¨Hardy Perfection¨ cuando sabes que vas a morir mañana, te aleja un poco del infierno. Lo saboreo y luego  me siento en el sofá, con la copa en la mano.
             ─Pienso que he tomado la decisión más acertada ¿Pero es que hay otra? Cuando abres  las puertas del infierno -como yo hice de joven- en tus adentros sabes que contraes una deuda. Esa sensación de culpa te persigue el resto de tus días─
            Me he levantado dos veces del sofá y ha sido para servirme más coñac. A la tercera he decidido que la ¨Hardy Perfection¨  me acompaña al sofá. De nuevo me lleno la copa.
             ─Si consigo recordarlo todo, tal y como pasó, al igual la oscura visitante lo toma por una confesión, un arrepentimiento  y se comporta con delicadeza mañana.  ¿Será la misma sensación matar a que te maten? No tardaré en saberlo. De todas formas bienvenida la frialdad. Cuando llegues, habrá acabado para mí esta irresistible pesadilla.─
            La copa está de nuevo vacía. Me siento sereno, hace tiempo que no acertaba a estar tan bien. Será todo la ¨Hardy Perfection¨ Vaya con el coñac. Estoy listo. Creo puedo volver a encontrarme cara a cara con el pasado. Pero cuidado, percibo un giro extraño; el corazón me golpea y  puedo  escuchar sus latidos, son sordos y fuertes  perturban el silencio. Vuelvo a calmarme y dejo atrás esos momentos de incertidumbre.
            ─ Sucedió cuando cursaba mi tercer año en la ¨Facultad de Medicina¨. Han pasado cerca de cuarenta años. ¨Que de prisa corre el tiempo. Qué más dará ahora que corra, o que no corra¨ Lo mismo ahora lo afrontaría de otra manera ¿Quién sabe? ¡O no! Lo cierto es que no podía abandonar a su suerte a Bridget, mi hermana pequeña. Tenía  quince años, estaba en pleno ir y venir de su adolescencia. Por esas fechas llegaron al puerto de Liverpool unos marines americanos. En cuanto saltó la noticia en la ciudad, ella y sus amigas corrieron a recibirlos. Estoy seguro, que al bajar por la escalerilla el cadete James intuía que podría desflorar a cualquiera de esas vírgenes indefensas ante los deseos que traía la primavera. La desdicha -supongo- hizo que su mirada se  cruzara con la de Bridget. En el momento de levar anclas ni James ni ella, lo sabían. Al tiempo de su partida, creo recordar unos cuatro meses después, me llamó mi hermana desesperada. Tenía cuatro faltas. Se sentía acorralada, desolada, con el miedo clavado en sus ojos. No sabía qué hacer, ni a quién recurrir. ¿Acaso alguien le podía solucionar aquel tremendo problema? Debo confesar que al principio la intimide con mis palabras. Era tan joven. La reprendí amparado por regañinas moralistas─
            La virulencia de mis palabras, la hizo llorar. Creo que se sintió abandonada. Soltó un alarido de desolación y al mismo tiempo que con los dedos señalaba su barriga, entre sollozos y llanto me dijo:  
            ─Si no me ayudas, saltaré por el acantilado.  No voy a permitir que mama se entere, con lo que ella padece de los nervios. Además tu sabes que padre con lo cristiano que es, no sé qué es lo que haría. No quiero ser el estigma de la casa. No podría vivir con eso el resto de mi vida. ¡Ayúdame o me mato! ─
            ─Al verla en ese estado, entendí que de verdad lo iba a hacer. El miedo a que pudiera pasarle algo hundió sus garras heladas en mi carne. No tuve alternativa  y  decidí, en ese mismo momento, qué haría todo lo que fuera por librarla de aquella lacra que se había instalado en sus entrañas─
            Con la cara llena de lágrimas subió corriendo las escaleras. Desde abajo la escuchaba llorar. Unos minutos después salió de la habitación bajó la escalinata desesperada. Al verla intente cerrarle el paso ¿Dónde crees que vas? ─ ¡Déjame, Aparta! ─ El miedo golpeó mi estómago. La cogí de los brazos y conseguí detenerla. Con furia intentó librarse de mí. No sé de donde sacaba la fuerza pero acabamos los dos rodando por el suelo. Tuve que taparle la boca con una mano para que no se oyeran sus gritos. Al final cuando pudo escuchar mis palabras: ─ No te preocupes Bridget. Tu hermano te sacará de esta. Te lo prometo. No te preocupes te lo juro. Quieta. Quieta! ─
            El silencio volvió a los pies de la escalera; Bridget se quedó tumbada, inmóvil con el rostro desencajado y con una mirada errática, como si estuviera presa de la locura. Unos minutos más tarde, se puso el abrigo, subió de nuevo las escaleras y se encerró en la habitación durante tres días.
            ─Nunca le conté la verdad. Aunque pienso que ella siempre la supo. Lo que hicimos la cambió para siempre. Su voz de soprano enmudeció, solo la escuche cantar el día de su boda con Juan y hace dos años en la iglesia cuando lo enterramos. Desde entonces fue cuando empezaron a ocurrir cosas extrañas en la casa. Bien dejémonos de chácharas, lo que viene después ya lo sabes. Nos vemos mañana. A ver con que sicario te presentas.  Acabemos con esto. Llevo años esperándote. Ahora tengo que atender a Bridget. Debe estar inquieta, oigo desde aquí sus pisadas.
            Me levanto del sofá y voy a la cocina. Me tambaleo un poco, aunque puedo encender la luz. Respiro hondo y mi mente acaba por recomponerse Consigo eliminar pronto el alcohol de la sangre. Soy uno de esos acetiladores rápido (que dice un amigo mío medico) . Escucho una voz de señorita. Es la radio debo de habérmela dejado encendida. Voy cargando la jeringuilla de Bridget, cada día que pasa necesita más dosis para dormir,  al mismo tiempo escucho la señorita que dice: ─ Antes de comenzar el programa de hoy presten atención a este aviso. Es de interés general. La policía advierte que se han visto por la zona varios ¨camiones voladores¨, por lo que pide a los ciudadanos que extremen las medidas de precaución si van a viajar esta noche, sobre todo si toman la autopista ¨Interestatal¨. Tengan cuidado por favor. Si ven alguno de ellos por favor llamen al teléfono de emergencias que damos a continuación. Seiscientos veintiocho noventa y seis. Repetimos Seiscientos veintiocho noventa y seis. Y ahora damos paso a la música. Con ustedes ¨Bruce Springsteen. The boss¨. Disfruten del tema. Nosotros ahora volvemos con ustedes. No se vayan─
            Acabó de vaciar el embolo en una vena de Bridget, se ha quedado dormida. Escucho que llaman a la puerta. Ha sonado la campana.
            ─ ¿Quién puede ser a estas horas? No se habrán confundido, los de la ¨Morgue Identidad Unitaria¨. No los espero hasta mañana. Ya voy. Ya voy, que impaciencia─
            ─ Amy. Tú por aquí. Pero no son horas y con el frío que hace─.
            ─Bueno me vas a dejar pasar. ¡O qué! Me estoy congelando aquí afuera─.
            ─ ¿A qué viene esta visita?
            ─Tengo que decirte una cosa importante y no pienso esperar a mañana─.
            ─Pasa, pasa no te quedes ahí afuera. Vamos al salón y te preparo una copa.  Acabo de abrir una botella de ¨Hardy Perfection¨. ¿Te apetece?
            ─Cuando nos acercábamos al salón, no podía dejar de pensar que podía ocurrir si aparecía esta noche ¨aquella cosa¨ con Amy estando en casa. No dejaba de mirar en todas direcciones, entonces caí en la cuenta de que aún era pronto todavía. Nunca se manifestaba antes de las doce. Mi temor estaba injustificado No tenía nada que temer hasta que no fueran las doce. ¿Porque habría venido Amy?  No podía haber elegido peor día. Tengo que inventarme cualquier excusa para que vuelva pronto a su casa─
            Amy se quita el abrigo y se sienta en el sofá. Está radiante, a su edad parece tener todavía un cierto aire juvenil. Me da la impresión que acaba de salir de la peluquería. Sirvo las dos copas de coñac y le acerco una a Amy. Me siento en el sofá a su lado. Miro las manos. Está temblando. ¿No tendrá Parkinson?
            ─Cuidado no se te vaya a caer la copa. Bueno Amy ¿Qué es eso tan urgente que tienes que decirme?─
            ─ No sé cómo empezar y eso que cuando venía hacia aquí, tenía la seguridad que lo iba a decir con naturalidad. Sabes: Estoy un poco nerviosa. Ahora que lo pienso, lo mismo es un error haber venido─
            Era la oportunidad que debía aprovechar, el momento que estaba esperando. Amy quería irse. Dejó la copa en la mesa, solo le había dado un pequeño sorbo,  e hizo ademán de levantarse del sofá. Me levante  antes que lo hiciera Amy. Ya iba a acercarle el abrigo,  cuando al darme la vuelta pude ver como Amy se acomodó de nuevo en el sofá y removiendo su copa con la mano, me miró con una frágil sonrisa y dijo:
            ─ He venido aquí para decirte algo y no voy a irme sin hacerlo. Sabes, con lo que me ha costado decidirme, no estaría bien que ahora me fuera. Sería un disparate.
            Apuró la copa hasta el final y continuó
─Desde que nos mudamos mi marido y yo a esta barriada hace más de veinte años nada más verte me sentí atraída por ti. Ahora hace más de tres meses que mi marido me ha dejado por una mucho más joven que yo. Desde que pasó he querido venir a hablar contigo -hizo una pausa como si estuviera fatigada, pero no encontraba el momento adecuado- Siempre me echaba para atrás en el último momento. Esta tarde no aguantaba quedarme sola en casa, me vestí y salí a pasear por el parque. Al volver y pasar por delante de tu casa, estuve dándole vueltas a mi cabeza. Me dije que no debía de renunciar a toda esperanza y que la cosa no podía continuar así.  Al final decidí llamar a la puerta y aquí me tienes─
            Durante unos segundos me quedé de pie contemplando a Amy sentada en el sofá, mientras una confusión de ideas saltaba de una parte a otra de mi cabeza. Necesitaba solo un momento para recomponerme, un instante para serenarme. No intentes mirar atrás no rechaces la propuesta. No tienes nada que perder. Solo te quedan unas horas por vivir. ¿Eres consciente verdad? Intenta mirar hacia adelante. Si huyes con ella, se trata de empezar una nueva vida. Se acabaron las noches terribles y las sombras que gobiernan esta casa desde hace tanto tiempo, desde cuando te vistes obligado a hacer aquello que tú y yo sabemos, lo mismo desaparecen para siempre.
            Me deje caer en el sofá, rendido.
            ─Lo estaba esperando Amy. No sabes el tiempo que he estado soñando con esto. ¿Por qué no lo has dicho antes?  ¨camiones voladores¨
            ─ ¿Qué has dicho?
            ─ Nada
            ─ ¡Sí algo de voladores!
            ─ Que nos vamos volando. Ahora mismo. Voy a por el coche al garaje y nos vamos. Dejemos atrás estas vidas Amy. Al fin y al cabo: ¿Qué nos han deparado?
            ─ ¡Cielos! Exclamó Amy. Al menos deja que pase por casa a recoger algo de ropa.
            ─No hay tiempo que perder Amy. Cuanto antes salgamos mejor. Ahora vuelvo. Tomate otra copa mientras acerco el coche a la puerta.
            Conducía por la ¨Interestatal¨, escuchando canciones de Roger Whittaker que me había bajado de Spotyfi. Amy sentada a mi lado recostaba su cabeza en mi hombro se cogía de mi brazo.
            ─La conducción de ese modo se me estaba empezando a hacer algo pesada. Además había mucho tráfico, a pesar de lo que dijo esa chica por la radio. Al parecer nadie hacia caso de las advertencias. ¿Qué iba a pasar mañana con la ¨Morgue Identidad Unitaria¨? Había firmado un contrato. Nada, no iba a pasar nada, seguro que el sicario lo confundía con Bridget. No se perdía ninguna vida, ella desde hacía más de dos años apenas si salía de su habitación y pasaba la mayor parte del día dormida. ¿Quién la iba a echar en de menos?
            Cerca de tres horas sin parar por la ¨Interestatal¨.
            ─Tenemos que hacer una pausa para repostar y comer algo- dije a Amy;  que no podía evitar que se le cerrasen los ojos. Aún nos queda camino antes de llegar a Glasgow.
            Mis padres habían comprado una casa en el campo en las cercanías de Glasgow, en cuanto se casaron y en ella vivieron un tiempo antes de mudarse a Liverpool. Hacía allí me dirigía.  Nos detuvimos en una estación de servicio luminosa de la ¨Interestatal¨. Amy se bajó del coche          y se encamino a un Mac Donald’s a pedir un par de hamburguesas, mientras yo llenaba el depósito de gasolina. Un ¨camión volador¨ a toda velocidad se empotró contra el Mac Donald’s, la explosión fue instantánea. Aquello quedó convertido en una colosal hoguera. Toda la estación comenzó a oler como huele la piel humana quemada. Me acorde de la voz de la radio de la señorita ¨camiones voladores¨.
            Compre varias estacas, alambre,  dos picos y tres palas. Me encamine al muro que rodeaba la casa de mis padres. Delimité el espacio donde había enterrado al hijo de Bridget tres días después de nacer. Lo reconocí enseguida porque ahí seguía esa pequeña cruz que yo había dejado como señal. Comencé a cavar, cuando estaba a punto de llegar hasta el cuerpo del niño; otro cuerpo de alguien descomunal, más tarde me enteré que se trataba de  policía obeso mórbido se despeño sobre mi. Luego bajaron hasta la tumba dos más. Me redujeron y me esposaron mientras gritaba que me dejaran. Que estaba a punto de conseguirlo. Si conseguía desenterrar su cuerpo y quemarlo con una estaca clavada en su corazón se habría acabado mi sufrimiento y ya no conseguiría llevarse más vidas a sus abismos infernales.
            Me trasladaron a la comisaría, me sentaron en una silla, esposado con los brazos por detrás del respaldo en medio de una habitación vacía,  tenía tierra por todas partes.
            ─Un juez detenido. ¿Cuándo se iban a dignar a escucharme?
             Entró un policía y me ofreció un vaso de agua. Dejó la puerta abierta, al levantar la cabeza y acercar los labios al vaso, vi pasar a Bridget escoltada por dos policías. Me revolví en la silla, el vaso rodó por los suelos. Me gane un buen palo.
            ─Que bien que se haya dignado a venir hasta aquí señorita –dijo el inspector- Ahora podremos aclarar las cosas. Sin su colaboración hubiera sido imposible. ¿Es ese señor que acabamos de ver su hermano?
            ─ Sí es él inspector. El mismo que intentó esta mañana matarme.
            En ese mismo instante el espectro de un recién nacido trepaba por las paredes de una tumba que hacía unas horas su tío había exhumado.

           
           
           
           
             











domingo, 19 de noviembre de 2017

La rosa de los vientos

La rosa de los vientos


Coincidí con ellas en el modulo 4, todas las presas embarazadas  éramos recluidas allí. Cuando entraba alguna nueva ya sabíamos cual había sido su delito, la primera en entrar fue  Marina, así se llamaba,  estaba allí por asesinato, parecía tan desvalida que nadie habría dicho que se trataba de una asesina.
Cada mañana la funcionaria descolgaba del manojo de llaves de su  cintura la que abría nuestra celda, entraban con el  bebé y el saca leches, Marina rechazaba al bebé y tomaba el sacaleches.

Marina llevaba  ya varios días  encerrada, y  repetía sin cesar,  las palabras del juez; “debemos condenar y condenamos a Marina Calonge, en concepto de autora de un delito de asesinato  tipificado en  el Código Penal; concurre en la acusada la circunstancia atenuante de locura transitoria'. Ciertamente parecía haber perdido el contacto con la realidad. 
Tiempo después comenzó  a recordar  y me  contó como su hermana y ella habían convertido  el pequeño negocio familiar de exportación de frutas que heredaron de sus padres en una gran empresa, como habían multiplicado por tres las cifras de ventas. Recordó aquella noche, la del asesinato, cuando decidió quedarse en el piso que la empresa  tenía alquilado en la ciudad, porque  estaba demasiado cansada para conducir hasta casa y el vuelo de vuelta de Juan,  se había retrasado, así que nadie la esperaba. Cuando  Juan y ella se conocieron,  aquel piso era su lugar de encuentro.  El era entonces un  insignificante empleado de la empresa, pero con su ayuda había  llegado a ser uno de los socios, a pesar de las reticencias de su hermana, y del resto de la familia que nunca confió en él. Ultimamente se habían distanciado, cada vez se alargaban   mas sus viajes de negocio y sus estancias fuera, por ese motivo aún no le había dicho que estaba embarazada, pero tenía intención de hacerlo en cuanto él regresara. Abrió la puerta del apartamento y  los encontró,  tendidos en la cama, la cabeza  de ella sobre su pecho. Luego, Juan  farfullando  palabras que no llegó a  entender,   notó como la sangre   se agolpaba en  su cabeza,  abrió el bolso,  sacó el  arma  y escuchó el sonido del disparo, como algo lejano, como si  ella no fuera su autora. Fue consciente de lo que había hecho al oír  los gritos,  de  aquella mujer que minutos antes yacía  recostada sobre el pecho de  su marido,  y que luego  se agarraba a la camilla en la que yacía él.  Mientras la esposaban alcanzó a ver,  la rosa de los vientos tatuada en su muñeca derecha, una rosa de los vientos   en cuyo norte había escrita una J, él era su norte. Notó  el frío de las esposas en sus  muñecas, y  no había dejado de sentirlo desde entonces.  Juan murió durante el traslado al hospital.  Y ella dió ,a luz una niña  a la que alimenta contra su voluntad.

Dos meses después llegó Rosa,  se la acusaba de un delito contra la salud pública, por trafico de drogas, estaba a punto de dar a luz, su aptitud era altiva, transpiraba seguridad en sí misma desde que la vimos llegar caminando por el pasillo que la  llevaba a la celda vecina. Había conocido  a Juan el día que cerraron su primer negocio y al cabo de unos años  su padre lo había convertido en el primer lugarteniente de la organización criminal que ambos dirigían. Juan fue  el hijo que su padre siempre quiso tener. Se hizo con  el control  de   todos los envíos hasta el día de su muerte,. El negocio de importación de  piñas del que era socio les facilitaba la exportación de la droga a Europa de forma rápida y segura, La muerte de Juan, de la que  ella fue testigo presencial hizo sospechar a la poli sobre sus negocios, pero el último alijo ya había salido del puerto rumbo a Barcelona. Cuando los perros de la policia entraron  en el barco y se dirigieron a la bodega, fue demasiado tarde para huir.  Sus  abogados habían  conseguido evitarle la prisión hasta la celebración del juicio, pero  había sido finalmente condenada y  estaba ya  a punto de entrar en la  celda.  Le acaban de quitar las  esposas, dejando a la luz un tatuaje que simbolizaba la rosa de los vientos, cuyo norte apuntaba una J.
Ese día Marina comenzó a afilar su cuchara, mientras esperaba la ocasión para abordarla, días después coincidieron en las duchas. Pronto será juzgada por doble asesinato.

Relato 3

Construir un relato a partir de este inicio:

Ni espero ni pido que alguien crea en el extraño aunque simple relato que me dispongo a escribir. Loco estaría si lo esperara, cuando mis sentidos rechazan su propia evidencia. Pero no estoy loco y sé muy bien que esto no es un sueño. Mañana voy a morir y quisiera aliviar hoy mi alma.

(para comentar el 4 de diciembre)

miércoles, 15 de noviembre de 2017

SILICON MILK

SILICON MILK
Dos noches después que Marvin hubiera regresado de Nueva York a su querida y amada tierra de Luisiana, estaba de pié mirando con fijeza a su esposa: ─Antes que nos entreguemos a los ceremoniales nocturnos tengo que contártelo. Sé que estos días he pensado demasiado en mí mismo. Espero que no estés preocupada por eso. Mi amor por ti es sincero, confieso que me muero de ganas por contártelo, pero necesitaba estos dos días para que las palabras que dije, como cabriolas flotantes, se asentaran en la cabeza. ¿Lo entiendes Lauryn? : Este es el discurso con el que agasajé a los congresistas negros desde la tribuna de oradores del Unión Capitolio de Nueva York.   ¿Quieres escucharlo?─
Lauryn una negra agraciada en carnes estaba acostada en la cama, mirándole. Era gorda pesaría al menos ciento treinta kilos, se incorporó un poco, puso dos grandes almohadones rojos en su espalda y no sin esfuerzo acabó sentada en la cama con las piernas estiradas. Una sonrisa cruzó su cara, apoyó la barbilla en la mano y asintió.─ Me muero de ganas, cariño─
¨Mis queridos y amados congresistas esta es la historia de mis abuelos. Ellos son los pioneros de Silicón Milk Company, la empresa que con tanto esfuerzo tengo el honor de haber llevado a ser uno de los gigantes de la floreciente industria de productos derivados de  secreciones lácteas de mujeres negras que responden a la marca: ¨Esencia Black¨ de los Estados Unidos de América.  
Todo esto ocurrió no hace mucho cuando todos nosotros aún éramos negros y esclavos: ¨Will Rogers Blake, fue el nombre que el patrón blanco de una Casa Grande en la ruta que hoy conocemos como la River Road,  le dio a  mi abuelo materno en una ciudad de Nueva Orleans. El amo mandó que le  cortaran la cabeza a los treinta y cuatro años durante una rebelión de esclavos.
Cuando Araminta Ross: una hermosa y joven negra; el gran amor de su  vida, fue llevada a la casa del amo;  él juró en público que se vengaría, por eso  el amo  le dio muerte en cuanto pudo, para evitar que se cumpliera el vaticinio. Un año después de la dolorosa perdida de Araminta, a mi abuelo le entregaron un hijo que el amo había tenido con ella. Era un niño hermoso. Le pusieron el nombre de Dembo, en recuerdo del Afric añorada.
Un viejo esclavo negro, al que los amos le cosieron  a la espalda un saco de los que se usaban para la recogida del algodón  y que solo podía andar a cuatro patas le servía a Will de peldaño para trepar en la noche por la pared de la casa y entrar por una de las ventanas.  Una vez en la habitación, se las arreglaba, sin hacer ruido alguno, para levantar a Araminta de la cama y sentarla en una mecedora. Arrodillado ante ella, sus labios negroides vaciaban sus mamas. Cada vez que sentía su boca abarrotada, vertía la torrentera  en una botella de vidrio. Esa leche tibia, se convertía en un manjar cuando instantes después agitaba  el paladar de Dembo. De esta manera la leche de Aramita no hacía más que viajar de boca en boca todas las noches a la misma hora. Araminta, murió en un segundo parto. Nunca pudo salir de la Casa Grande. Dembo creció amamantado  por los aromas frutales que desprendía la leche de su madre mezclados con el olor enfermizo de  aquel barracón de esclavos plagado de miseria, que olía a esperma fétido en las noches.
Distinto a los demás niños, crecía con tanto ímpetu  que nadie se explicaba cómo al cumplir los cuatro años era ya un mulato alto,  delgado de huesos largos y firmes y con unos ojos blancos almendrados donde se reflejaba la ferocidad de una pantera keniata en celo. La leche  que Will Rogers Blake arranco de las mamas de mi abuela era más que prodigiosa y los labios de mi abuelo no tardaron en  convertirse en un sacaleches preciado que Amaranta añoraba durante el día y ardía en deseos de atesorar cuando se acercaba la noche. En la oscuridad  desnudaba  sus hinchados senos, que buscaban  como recorriendo un camino aprendido los labios de mi abuelo. Labios frondosos que  no hicieron más que, sin saberlo, abrir las puertas para que atravesara el cristal del tiempo un descubrimiento mágico.
Dembo en quién corría por sus venas aquel rio blanco no tardó en sentir que el líquido ácido y costroso que mi abuelo le ofrecía en la noche después de dejar sola en la Casa Grande a Araminta, y también cuando el día daba pábulo al  sol en los campos de algodón para quemar las espaldas de los esclavos negros, contenía la licencia para conceder el vigor y la fuerza para que aquel niño creciera libre y le entregaba el poder suficiente para sacudirse la esclavitud. Aquellos hilos blancos que nacieron de unas glándulas prisioneras, pero turgentes,   había sido no solo capaces de inundar los recovecos  más ocultos de su cuerpo;  sino que aquel humor acuoso de Amarinta era  la raíz de un árbol sabio, sembrado de amor,  creciendo como ramas nevadas y dulces a través de los vasos sanguíneos, lanzando sus frutos en el torrente rojo mezclando su estallido con una savia vaporosa como el algodón  transmitiendo  de manera sigilosa el poder níveo de las madres negras.
Así tuvo lugar, señores senadores, como la magia eligió a Dembo y sus descendientes, derramando por el mundo el fluido blanco y lechoso que brindan los pezones de las madres negras, a todo aquel que se atreve a deleitarse  con sus grandes y fascinantes mamas. Son esas grandes señoras, las emperatrices negras, las convocadas por esa magia albina para acabar con las maldiciones que el hombre blanco trajo a la raza negra.
En el fondo y dejándonos de matices, señores senadores, se trata de una contienda entre el blasón de la simiente blanca de las emperatrices negras: creadora de profecías y capaz de arrancar el trueno del cielo que se abre paso como un torrente purificador, contra  las piedras más duras del blasón dominante del semen de los hombres blancos; frio y viscoso, que se ha convertido en una arpía lasciva que rezuma no más que goterones de vicio.
Son ustedes senadores de color; así nos llaman: ¨hombres de color¨;  los que deben encontrar las palabras para que esta historia deje ser una profecía  y una ¨Emperatriz Negra¨: llamada Zoé, acune  con sus mamas las columnas de la Casa Blanca. Mi empresa Silicon Milk estará con ustedes y podrán tener la ayuda que necesiten de cualquiera de los lobby creados a su amparo. No lo duden sabremos ser generosos. Tengo pensado hacer  que su campaña sea cómoda. Si me dan su compromiso les aseguro no tendrán de que arrepentirse de nada. Juntos lo haremos realidad.
Cuando acabé, puestos en pie los senadores aplaudieron a rabiar.
─ Te quiero Marvin- dijo Lauryn desde la cama. Tienes aire de tiburón viejo, sabes cómo manejar a la gente,  lo has heredado de Dembo. Te pareces tanto a mi amado suegro. Como lo echo de menos. Él nos enseñó el camino, y t estas a un solo paso de conseguirlo.  Se llevó una mano a la frente e hizo ademán de santiguarse.  Sois como dos gotas de agua, armados con un corazón generoso y con una magnifica vocación para el amor.
Habían pasado más de dos meses desde que pronunció el discurso. Las noches eran el momento sagrado para que Marvin y Lauryn, prepararan apasionados conciertos donde armar el amor. Agitados por los olores dulzones de una lava blanca que los pezones de Lauryn como un volcán ofrecían a los labios apasionados de Marvin ambos gozaban como salamandras arañando una pizarra.  A Marvin le gustaba mear sentado en la taza antes de acostarse. Dejaba la puerta del baño entreabierta para mirar a Lauryn que antes de que se hiciera de noche tenía por costumbre esperarle tumbada en la cama. Del color del alquitrán, el sudor de Lauryn olía a asfalto requemado. Cubría su cuerpo rollizo con saltos de cama de color azul estampados  repletos de dibujos, la mayoría de las veces  se trataba de veleros blancos. Cuando Marvin entraba en el baño dejaba caer sus tirantes por los brazos y mostraba sus enormes pechos para que él los contemplara. Sentado en la taza, los ojos de Marvin se inyectaban, se echaba mano a su miembro y empezaba a sacudirlo con fuerza mientras orinaba, hasta que juntos la orina y el semen iban  a dar con la cerámica del inodoro y se perdían a toda velocidad por el desagüe buscando el camino hasta llegar a la alcantarilla. Lo hacía tan deprisa que era como si estuvieras viendo esas películas a cámara rápida. Una vez liberado del semen estaba en condiciones de recibir la lluvia lechosa que Lauryn hacía brotar con las yemas de los dedos a sus ingurgitados pezones. Cubierto de leche su piel zumbaba, sin darle ninguna tregua el zumbido placentero le aflojaba las piernas. De pie, mirando a Lauryn se balanceaba con los ojos encristalados. Una especie de paso delante y de paso a atrás, hasta que inmóvil caía sobre aquel mullido cuerpo que totalmente desnudo sin ningún tipo de pudor lo abrazaba y comenzaba una batalla no privada de besos y antojos, en la que Martin desligándose de sus brazos subía la cabeza antes inmersa en su sexo y alargaba su cuello para no quedar privado de su objetivo: alcanzar con su boca los rosados pezones lácteos de Lauryn , al igual  como lo hicieran en otros tiempos no tan lejanos; en otras noches tan cercanas los labios negroides de su abuelo. Su piel ahora blanquecina dormitaba serena en los pegajosos y voluminosos brazos de Lauryn. Dejarse seducir por las tentadoras areolas le era suficiente para recuperarse de cualquier tras/pies que ocurriera en la empresa. La verdad es que esa noche lo necesitaba porque Mañana le esperaba a Martin un día duro, uno de los más duros en su andadura como el gran hombre de Luisian que era. Algo estaba pasando en Silicón Milk Company, algo que iba a poner a prueba toda su capacidad de respuesta.
Eran como fortalezas aquellos rascacielos de granito tan blancos como el nácar. Habría cientos de ellos y todos idénticos No tenían una forma definida, parecían construidas en el límite de la realidad. Apenas cuando te acercabas podías ver sus gruesas paredes elevándose   como lanzas de marfil, apuntando hacía las nubes nevadas. Los cimientos eran de cristal emergían del suelo, por lo que daban la impresión que flotaban en el aire. Rodeados por un muro de hierro, alto, compacto y protegido por un sistema eléctrico; solo la entrada  imitaba la misma que la antigua ¨Casa Grande¨: se trataba de  una puerta de acero, que tenía numerosos rosetones a ambos lados. Arriba en un letrero soldado en una especie de traviesa de hierro se podía leer: ¨Silicón Milk Company¨   Los rascacielos comunicaban  unos con otros por unos  jardines, en medio de todos ellos había un camino de piedras tan blancas como el mármol. En los jardines crecían sin descanso naranjos repletos de flores de azahar.  Había un olor como de miel blanquecina y pegajosa, flotando por entre los caminos que empujaba un viento espeso y hacía ondear  miles de banderas albas. Dentro de esas paredes fortificadas, enjambres de mujeres negras  iban y venían por los caminos de piedra. Se parecían no solo en el tinte de la piel - no había ninguna que no fuera negra a rabiar,  como si vieras tarros de betún, de ese negro que crees que si te acercas, te ensucias- además todas eran jóvenes, esbeltas de complexión suave y fresca, de caras delgadas y con los ojos blancos y tiernos, dientes esmaltados como la nieve, y cabellos rizados negros, cortos como diminutos anillos ensortijados recorrían sus tiernas cabezas. Vestían con una gran túnica blanca ajustada al cuerpo desde el cuello hasta los pies. La túnica al llegar a la altura de los pechos mostraba una apertura que atravesaba todo el pecho  hasta llegar a la altura de las axilas, dejando los senos al descubierto.  Los senos, las tetas,  eso era lo que las distinguía unas de otras, y no todas de cada una, porque eran cientos, mejor diría miles, cientos de miles o tal vez si las pudiéramos haber contado habríamos llegado a más de un millón de negras todas con las mamas desarropadas, como puestas a tomar el sol en la playa.   No había ninguno de esos pechos que no rondara los cien kilos, pero tenían como vida propia. Si había una manera de clasificar a esas mujeres negras, esa era por sus tetas:  unas eran como estatuas: no se movían ni a derecha ni a izquierda, otras más altas y puntiagudas apuntaban en dirección hacia arriba: erguidas; en contra de estas estaban  las alicaídas y mustias, otras más finas y alargadas, algunas aplanadas y pansidas, otras tenían algo de vello alrededor de las aureolas,  las menos agradecidas tenían pelos gruesos como cerdas, las había también algunas más pálidas y se podía decir que algo blanquecinas, incluso las más atrevidas de las tetas estaban pintadas y se podían ver modelos modernistas atravesadas por rayas blancas, pero las que más abundaban eran sin lugar a dudas unas tetas  algo rojizas con una carnosidad brillante como dos bolas de vidrio en las cuales se reflejaba el brillo de una sobre la otra.
Las mujeres negras andaban por las sendas de los jardines a paso rápido, sus pies poseían esa rapidez temerosa que tienen las hormigas cuando llevan la comida al hormiguero. Con sus mamas colgantes  entraban y salían  en un trasiego constante, agolpándose en la puerta de unas  inmensas cúpulas acristaladas. Eran pacientes y esperaban su turno a que llegaran las cabecillas para abrir la puerta. Estas sacaban de uno de los bolsillos de la túnica una llave maestra. Cuando apreciaban que el tránsito era considerable, antes de que se estorbaran las unas a las otras,  abrían las puertas y se intercambiaban como si se tratara de mineras negras. Adentro en fila de a una, posaban sus pezones  en unos sacaleches eléctricos que como tentáculos flotaban de las paredes. Tan pronto como las glándulas se estimulaban  se abrían los diminutos conductos que abocaban gota tras gota su líquido en túneles arracimados. Llenos a reventar al salir de los túneles aquellas gotas, se  habían  convertido  en  ríos blancos que derramaban su corriente en trampas de vacío Desde allí   las unidades de ordeño se encargaban de llevarla a unos tanque comunes donde se acumulaban miles o tal vez cientos o un millón de litros, diarios. Leche humana de mamas negras que Silicón Milk Company convertía en ¨Esencia Black¨ y que no se demoraba en aflorar en el mercado en cientos de variadas apariencias. La gente negra corría a hacer acopio de pastas, pomadas, ungüentos que todo lo curan, en perfumes agrios y dulzones que se exponen en grandes superficies, en frascos olorosos que se venden en las boticas y que impregnan los hogares con olor cálido, olor a niebla, olor a nieve, olor a piel, olor a café a savia de árbol, olor para hacer el amor, olor a empalago. Sprays atmosféricos que rocían tu cuerpo y lo protegen de cualquier desengaño. Ambientadores de amor para mesitas de noche. Y lo más preciado, y prohibitivo por su precio al alza : ¨la esencia Dembo¨, el elixir mágico al alcance de unos pocos, que  en cantidades infinitesimales casi homeopáticas  administradas a los recién nacidos era capaz de transformar al hombre negro. De mayores serían escritores con el Pulitzer incluido, licenciados, ingenieros, médicos brillantes, senadores, presidentes, escultores, catedráticos filósofos  y periodistas aventureros. Eso sí,  ¨la esencia Dembo¨ solo estaba al alcance de las grandes fortunas de las familias negras con empresas pantallas en los paraísos fiscales.
La limusina negra de tres pisos que llevaba a Marvin todos los días al trabajo, se detuvo en la explanada de la Torre del Consejo. En lo más alto de uno de los rascacielos, en una estancia grande con ventanas descomunales, donde solo había una silla oval y un sillón de madera con una espaldera enorme que casi llegaba a tocar el techo,  esperaban dos hombres y una mujer. Jamal un financiero negro gordo y barrigudo con una buena papada y ceñudo, amigo de senadores republicanos, condecorado en varias ocasiones por la Cámara de Comercio. Lamond a cargo de la Seguridad de Silicón Milk Company, un ex marine negro robusto y varonil, se había hecho pasar en sus misiones bélicas  por judío, gitano, comunista,  socialdemócrata, discapacitado, criminal, espía del este y no se sabe que otras entidades más pero que aún le gustaba como a sus abuelos marinar carne de búfalo y limpiar riñones de gallinas de corral. Isadora una científica negra y espigada que tenía los ojos saltones y unas orejas puntiagudas;  había sido galardonada con infinidad de premios y distinciones por sus trabajos sobre las moléculas y últimamente científica destacada en el campo de la farmacología; le gustaba relacionarse con los magnates del cine y era adicta a varias sustancias que ella misma elaboraba, también era jugadora profesional y predicadora los domingos en la iglesia. Aquello era una reunión de alto nivel. Marvin los había citado la noche anterior.
Sentado en el sillón Marvin escuchaba:
─Hace unas semanas  - dijo Lamond -  apareció el cuerpo apaleado de Jata Maisha en un callejón oscuro. Al parecer tenía todos los huesos rotos, no le faltaba ni uno por triturar. Había sido una de las principales obreras lacteas de Silicón Milk Company, la mejor galactófora para aerosoles. Al principio pensamos que habría sido obra de los mandingas de Costa Rica que han reclutado los blancos para cortar juncos de sus fincas. Lo más probable es que  al intentar aprovecharse de ella, la dejaran muerta. La tienen tan larga esos negratas y su semen es tan goloso y caníbal que llega a disolver cuanto se le acerca, hasta los huesos los resquebraja. A principio pensé que se trataba de un episodio aislado pero luego vino lo de Alika: el Regimiento de  los Ranger  dieron tras varios días de búsqueda a orillas del rio Misisipi con el cuerpo sin vida de Alika. ¡Sí de Alika! , la que Zoe: nuestra amada ¨ Mama grande¨ la había nombrado hacia unos meses la directa depositaria de la llave mágica de la ¨Esencia Black¨. Como un bulto a la deriva la encontraron flotando boca abajo en un dique del canal con las piernas dobladas sobre el cuerpo y las manos cerradas como si quisiera proteger sus pechos cortados y dejados a trozos por entre la arena sucia de las orillas. Los que lo hicieron, fueron los mismos que saben que Alika intentaba proteger la llave mágica que llevaba escondida entre los canalillos de sus mamas por eso le cortaron los pechos y vaya pechos que se gastaba según los Rangers debieron emplear al menos dos días en tiraros por la orillas. Algo están tramando y a menos de cinco meses de la fecha de inauguración de ¨LA GUERRA DE LAS CARROZAS¨. Ahora mismo estoy convencido que no es solo cosa de mandingas. Pero no tardaré en averiguarlo.
Un momento, ¡La llave mágica de Zoe! Aún no la has recuperado Lamond - dijo Marvin- con un rasgo de  tosquedad. ─No señor Lo siento─ ¡Estás de broma ¿no? Y a qué esperas! Te doy un día más para que traigas aquí,  a esta sala,  a quienes  se ha atrevido a desafiarme. ¡Eres un pedazo de mierda! Me has entendido. Vaya ex marine. ¿Sabes cuánto te pago todos los meses inútil?
¡Y tú que Jamal! , ¿Que tienes que decirme?
Yo tampoco tengo muy buenas noticias señor. Nos hundimos en bolsa, y estamos a sólo cinco meses del advenimiento del evento de mayor importancia para las elecciones: ¨LA GUERRA DE LAS CARROZAS¨. Nos vamos al carajo,   porque los accionistas han dejado desde hace unos días  de creer en la Silicón Milk Company. Piensan que no seremos capaces de aumentar la producción de nuestra ¨esencia black¨ en cantidades suficientes para satisfacer la ley de oferta y demanda. Eso ha hecho que cunda el pánico en el parqué bursatil. Los inversores venden los tipos ordinarios, incluso también las preferentes, sobre todo desde que por twitter  se ha sembrado el chisme de que somos incapaces de competir con la Seminal Center. Son ¨trolls¨ creados  por los blancos de California para desestabilizarnos y acabar con la empresa.
─Jamal dime: ¿Por qué piensan los mercados que no vamos a fabricar la necesaria ¨Esencia Black¨? Eh ¿Por qué dudan del proveedor de una empresa tan potente como Silicón Milk Company ─
─Porque las sucursales de los distritos periféricos, las que están fuera del radio de nuestra empresa, están algo desprotegidas y al parecer, aunque esto está sin confirmar por nuestros expertos en seguridad , sufren desde hace  unas semanas una especie de ataque biológico orquestado por científicos blancos desde el Instituto Molecular Columbine . Al parecer han infectado, con  algún virus genómico los circuitos moleculares de los sacaleches digitales. También los de seguridad sospechan de un mandinga, alguien contratado como jardinero hace unos meses. Creen que es posible que ejerza de espía y haya robado las claves del genoma para la producción de la nueva fórmula de la hormona que inyectamos a las mujeres.  Pero eso, mejor que te lo cuente Isadora─
Isadora que tienes que decir de todo esto- dijo Marvin levantando el tono de voz. Nos vas a explicar a todos: ¿Por qué estaban las claves guardadas en los distritos periféricos y no en la central de Luisiana. ¿A que jugamos? Vaya ejercito de pelagatos que me he buscado
─ Los tenía en una caja fuerte que solo se podía abrir con la llave mágica de Arika.  Supuse que ante la posibilidad de que los blancos intentaran apropiarse de  la  nueva prolactina, creerían  que estaba guardada en la central de Luisiana, donde tenemos los mejores dispositivos de seguridad y no sospecharían que podía estar en algunos de los distritos periféricos. Cuando nos dimos cuenta del robo, una mujer de seguridad me dijo que un mandinga había estado rondando por mi despacho, al parecer fue contratado por la empresa como ayudante de limpieza.
─Pues te equivocaste ya ves. Eso me pasa por confiar con una colgada. ¿Puedes repetir como se llama, esa hormona?
─ La prolactina. Es solo dar un pinchazo debajo de la piel y a funcionar. A llenar tanques y tanques ─ .
─Si no fuera porque Zoe, la ¨Emperatriz Negra¨ se dignó a darte de mamar ahora mismo te mandaba colgar de la terraza de este rascacielos.
Al parecer es un gran golpe el que nos han  propinado desde Seminal Center y a solo cinco meses escasos del día más grande. Las elecciones se deciden ese mismo día. El día de ¨LA GUERRA DE LAS CARROZAS¨ y eso lo sabemos todos los empresarios. El ganador de la contienda ese mismo día ya es consciente de dirigir los próximos cuatro años e rumbo del país y este año aunque tenga que ser lo última que haga os aseguro que mi abuelo no hizo de sacaleches de Amarita para que Zoe la ¨Emperatriz Negra¨ no consiga mover los hilos de la Casa Blanca en la próxima legislatura. Negra y demócrata será la ganadora. Blanco y republicano el derrotado. Ahora a trabajar. Yo os diré lo que vamos a hacer estúpidos.
 NOTA: NO ES UN FINAL ABIERTO TRANQUILOS MAÑANA O PASADO EL DESENLACE. PARA QUE NO OS CANSEIS SIENTO HACERLO TAN LARGO PERO YA APRENDERE A RECORTAR TRANKIS

lunes, 13 de noviembre de 2017

Lía





Estoy cansada de las patrañas del amor incondicional. El amor incondicional no existe, y menos cuando se lo endosan al amor maternal. Nunca antes había estado tan condicionada como desde que nació Akel. Hoy está cumpliendo apenas cuatro mesecitos, pero para mí es como si hubiesen pasado vidas completas. Siento mi cuerpo agotado, desgastado, y vivo con rabia de no poder dormir una noche entera de largo, ni ducharme ni vestirme tranquilamente, ni comer todo sin tener que levantarme de la mesa cada dos por tres. Desde hace cuatro meses que todo es a medias.

Y sin embargo no quiero otra cosa que estar junto a Akel. Darle cálidos baños entre pompas de aceite y jabón, dejar que el agua recorra todo su cuerpo y pase entre cada uno de los pliegues de su piel. Vestirlo lo mejor combinado posible sin importar que al rato tenga que cambiarlo de nuevo. Y sentarme en el sillón de la abuela para amamantarlo: mientras él succiona y se adormece, yo miro cada uno de sus rasgos encontrándole nuevos detalles, nuevos parecidos a alguien, como si tuviera varios rostros, como si naciera cada día. No hay nada más plácido que amamantarlo tranquilamente. Dicen que esa placidez no es más que una elevada dosis de oxitocina producida por la succión que hace el niño en el pezón, generando una sensación que se conecta con el hipotálamo a través de los nervios espinales y ¡qué sé yo!, para mí no es más que amor.

Pero hoy no solo cumple cuatro meses Akel, hoy también vuelvo a trabajar. Mis ahorros se han ido agotando desde que dejé el trabajo en los primeros meses del embarazo hasta ahora, pero esta noche seguro obtendré una buena paga que me permita empezar a recuperar mi economía. Francisco, un viejo cliente, volvió al país y me ha estado escribiendo insistentemente para que hoy lo acompañe a una reunión social, como la llama él, pero imagino que no es más que una fiesta de niñatos ricos. Me ha dicho que me pagará bien y que será comprensivo si no quiero hacer algo de lo que otrora, sin pudor y con toda profesionalidad, hacía sin chistar. Así que esta noche regresa el vestido rojo corto y escotado, los zapatos negros de tacón alto y el maquillaje. Antes de salir hacia el café en el que quedamos de encontrarnos, duermo al niño y lo dejo al cuidado de la abuela. Me saco leche con el sacaleches que compré ayer en medio de una profunda resignación y la pongo en un biberón que, aunque nuevo, he desinfectado más de tres veces. Hasta ahora el niño no ha probado más que mi teta. Tomo mi cartera, meto un par de condones, algo de maquillaje, el teléfono, la llave de casa y salgo.

Al entrar al café, Francisco apaga un cigarrillo que fumaba para matar la espera. Me mira de arriba a abajo como cerciorándose de que el embarazo y la maternidad no han dejado secuela alguna en mi físico. Nos saludamos. Me dice algunas lisonjas vacías -no necesita ganarse mi voluntad, yo necesito ganar su dinero, mi dinero- y me convida a un café que rechazo sugiriendo que mejor vayamos directamente a la fiesta y allí bebamos algo. No estoy para charlas condescendientes, a veces prefiero follar que hablar con el cliente.

Llegamos a una casa muy grande, bonita, ubicada en una colina a las afueras de la ciudad. Todo muy elegante, con mucho lujo. Todo vulgar. No hay nada más vulgar que la demostración ostentosa de posesión. Ahora es cuestión de esperar a que pasen las horas. Ir de la mano de Francisco mientras me exhibe ante sus amigos como un trofeo -su derrota-, responder con sonrisas a las miradas morbosas de los hombres e ignorar las inquisitivas de las mujeres. Si bien ésta es una escena que he vivido muchas veces, esta vez me es imposible seguir mi propio libreto. No hago otra cosa que pensar en Akel ¿Se habrá despertado ya? ¿La abuela le habrá podido dar el biberón? ¿Me habré sacado leche suficiente? ¿Sentirá mi ausencia, así como yo siento la suya? Me empieza a dar un subidón de leche al tiempo que una ansiedad terrible. Quiero ir a casa, no quiero saber nada de bebidas, bailes, miradas, sexo. Le pido a Francisco que nos marchemos, que vayamos a un hotel para terminar el servicio y que luego me pida un taxi para poder ir a casa antes del alba. Francisco, tan comprensivo como el papa, se despide de sus amigos y me lleva deprisa al hotel. Ahora es él el del subidón.

- ¡Cómo se te han puesto las tetas de ricas, Lía, qué buena estás! - Me dice Francisco al oído, tumbado sobre mí mientras su baba espesa moja mi oreja, y sus gordas, pequeñas y sudorosas manos aprietan mis pechos- Hoy eres tú la que me dará lechita a mí, ¿eh, putita? 

Me derrota la repugnancia. Debo salir de aquí. No quiero que sus manos toquen el pecho con el que solo quiero amamantar a Akel. Solo quiero estar con él, ¡ni sacaleches ni ni mierda! Intento apartarlo, quitármelo de encima, pero Francisco sigue en su soliloquio porno-erótico. No sé da cuenta -no se quiere dar cuenta- de mi desprecio. Se piensa -asume- que es un forcejeo performativo, un juego violador. Cada vez ejerce más fuerza sobre mí. Alcanzo con la mano a tirar de la cartera, saco una llave, que es lo primero que encuentro, y se la clavo en el cuello. Lo empujo, salto de la cama y salgo corriendo de la habitación en medio de los gritos llorosos de dolor que vocifera Francisco ¡Un sacrificio! Huyo. Cruzo la calle mientras un tímido sol empieza a opacar la luz de los faroles. Me subo en el primer taxi que pasa y me voy a casa.

- Ya está empezando a amanecer más pronto, ¿no es cierto, señorita?
- Amanece, que no es poco. ¿Le podría dar más voz a la radio, por favor?

Al amanecer, y al amanecer
se le llama aurora...



Julián Santigo.

EL CUADRO. (pACO)

EL CUADRO Desde que me encargaron hace más de dos meses - como no podía ser de otra manera-   la restauración de Mujeres de Tahití de...