CAMIONES
VOLADORES
Ni espero ni pido que alguien crea en el extraño aunque
simple relato que me dispongo a escribir. Loco estaría si lo esperara, cuando
mis sentidos rechazan su propia evidencia. Pero no estoy loco y sé muy bien que
esto no es un sueño. Mañana voy a morir y quisiera aliviar hoy mi alma. He
dedicado mi vida a cumplir con las obligaciones familiares. He cuidado de mis
padres hasta el final de sus vidas y dado siempre apoyo a mi hermana Bridget, hasta el punto de
cometer por ella algo que jamás me hubiera atrevido a pedir a nadie que hiciera lo mismo por mí. El
hacerlo me ha acarreado vivir toda mi
vida condenado a ser una de esas almas
atormentadas. Soy juez, mis padres me educaron en la religión católica, pero
soy progresista. Me preocupo de los pobres y los presos No soy tan distinto a
los demás, tal vez algo callado, intimo más bien, la gente piensa que soy seco
y raro. Están equivocados, lo que en verdad soy es un ser temeroso y por eso nunca he encontrado alguien -hasta
esta noche- que tuviera el valor de
compartir almohada conmigo. He pasado mi vida junto a mi hermana Rebeca,
incluso de casada. Nunca la he abandonado. Desde hace unos dos años me he esforzado
en vano en no caer en la desesperación, pero cada noche soy testigo de una
batalla desigual que me condena al fracaso. Por eso esta mañana firmé un
contrato con la ¨Morgue Identidad Unitaria¨ Una mujer joven alta y atractiva,
vestida de azul me acompaño a la Sala de Los Consentimientos, donde unas bolas
de vidrio colgantes estuvieron al menos durante quince minutos examinándome el aura. Al acabar la misma mujer me dio un
sobre. ─Puede abrirlo─ Lo abrí. ─ ¿Qué pone?
─Apto─. ─Lea lo que pone más abajo ─Aglutina las condiciones necesarias.
─Que palabra eso de aglutinar.─ Bien pues ya hemos acabado. Firme aquí─ Perdón
puedo preguntarle qué aspecto tendrá el sicario. ¿Son como los replicantes de Blade
Runner ─A eso no puedo responderle señor. Usted no se preocupe por nada. Lo
único que puedo decirle es, que lo más
probable sea por la mañana. Los viernes es un día de poca demanda, estamos ya
en fin de semana, la gente sale. La mayor demanda es durante la semana─
Vuelvo a casa. Subo a la habitación y me cambio de ropa.
Al pasar por la habitación de Bridget, tiene la puerta entreabierta, al mirar
por el rabillo del ojo la veo tumbada en la cama. Bajo al salón a tocar el
piano, la música siempre ayuda. Fran Litzt
con ¨Sueño de Amor¨ acude a mi rescate. Al acabar la sonata me sirvo una copa
de coñac: ¨Hardy Perfection¨. Lo tenía guardado unos diez años, para abrirlo en
un acontecimiento especial. Y esta noche lo es. Vaya que si lo es. Se trata de
la última noche. Abrir un ¨Hardy Perfection¨ cuando sabes que vas a morir
mañana, te aleja un poco del infierno. Lo saboreo y luego me siento en el sofá, con la copa en la mano.
─Pienso que he
tomado la decisión más acertada ¿Pero es que hay otra? Cuando abres las puertas del infierno -como yo hice de
joven- en tus adentros sabes que contraes una deuda. Esa sensación de culpa te
persigue el resto de tus días─
Me he levantado dos veces del sofá y ha sido para servirme
más coñac. A la tercera he decidido que la ¨Hardy Perfection¨ me acompaña al sofá. De nuevo me lleno la
copa.
─Si consigo
recordarlo todo, tal y como pasó, al igual la oscura visitante lo toma por una
confesión, un arrepentimiento y se
comporta con delicadeza mañana. ¿Será la
misma sensación matar a que te maten? No tardaré en saberlo. De todas formas
bienvenida la frialdad. Cuando llegues, habrá acabado para mí esta irresistible
pesadilla.─
La copa está de nuevo vacía. Me siento sereno, hace
tiempo que no acertaba a estar tan bien. Será todo la ¨Hardy Perfection¨ Vaya
con el coñac. Estoy listo. Creo puedo volver a encontrarme cara a cara con el
pasado. Pero cuidado, percibo un giro extraño; el corazón me golpea y puedo
escuchar sus latidos, son sordos y fuertes perturban el silencio. Vuelvo a calmarme y
dejo atrás esos momentos de incertidumbre.
─ Sucedió cuando cursaba mi tercer año en la ¨Facultad de
Medicina¨. Han pasado cerca de cuarenta años. ¨Que de prisa corre el tiempo. Qué
más dará ahora que corra, o que no corra¨ Lo mismo ahora lo afrontaría de otra
manera ¿Quién sabe? ¡O no! Lo cierto es que no podía abandonar a su suerte a
Bridget, mi hermana pequeña. Tenía quince años, estaba en pleno ir y venir de su
adolescencia. Por esas fechas llegaron al puerto de Liverpool unos marines
americanos. En cuanto saltó la noticia en la ciudad, ella y sus amigas
corrieron a recibirlos. Estoy seguro, que al bajar por la escalerilla el cadete
James intuía que podría desflorar a cualquiera de esas vírgenes indefensas ante
los deseos que traía la primavera. La desdicha -supongo- hizo que su mirada
se cruzara con la de Bridget. En el
momento de levar anclas ni James ni ella, lo sabían. Al tiempo de su partida,
creo recordar unos cuatro meses después, me llamó mi hermana desesperada. Tenía
cuatro faltas. Se sentía acorralada, desolada, con el miedo clavado en sus ojos.
No sabía qué hacer, ni a quién recurrir. ¿Acaso alguien le podía solucionar aquel
tremendo problema? Debo confesar que al principio la intimide con mis palabras.
Era tan joven. La reprendí amparado por regañinas moralistas─
La virulencia de mis palabras, la hizo llorar. Creo que
se sintió abandonada. Soltó un alarido de desolación y al mismo tiempo que con
los dedos señalaba su barriga, entre sollozos y llanto me dijo:
─Si no me ayudas, saltaré por el acantilado. No voy a permitir que mama se entere, con lo
que ella padece de los nervios. Además tu sabes que padre con lo cristiano que
es, no sé qué es lo que haría. No quiero ser el estigma de la casa. No podría
vivir con eso el resto de mi vida. ¡Ayúdame o me mato! ─
─Al verla en ese estado, entendí que de verdad lo iba a
hacer. El miedo a que pudiera pasarle algo hundió sus garras heladas en mi
carne. No tuve alternativa y decidí, en ese mismo momento, qué haría todo
lo que fuera por librarla de aquella lacra que se había instalado en sus
entrañas─
Con la cara llena de lágrimas subió corriendo las
escaleras. Desde abajo la escuchaba llorar. Unos minutos después salió de la
habitación bajó la escalinata desesperada. Al verla intente cerrarle el paso
¿Dónde crees que vas? ─ ¡Déjame, Aparta! ─ El miedo golpeó mi estómago. La cogí
de los brazos y conseguí detenerla. Con furia intentó librarse de mí. No sé de
donde sacaba la fuerza pero acabamos los dos rodando por el suelo. Tuve que
taparle la boca con una mano para que no se oyeran sus gritos. Al final cuando pudo
escuchar mis palabras: ─ No te preocupes Bridget. Tu hermano te sacará de esta.
Te lo prometo. No te preocupes te lo juro. Quieta. Quieta! ─
El silencio volvió a los pies de la escalera; Bridget se
quedó tumbada, inmóvil con el rostro desencajado y con una mirada errática,
como si estuviera presa de la locura. Unos minutos más tarde, se puso el
abrigo, subió de nuevo las escaleras y se encerró en la habitación durante tres
días.
─Nunca
le conté la verdad. Aunque pienso que ella siempre la supo. Lo que hicimos la
cambió para siempre. Su voz de soprano enmudeció, solo la escuche cantar el día
de su boda con Juan y hace dos años en la iglesia cuando lo enterramos. Desde entonces
fue cuando empezaron a ocurrir cosas extrañas en la casa. Bien dejémonos de
chácharas, lo que viene después ya lo sabes. Nos vemos mañana. A ver con que
sicario te presentas. Acabemos con esto.
Llevo años esperándote. Ahora tengo que atender a Bridget. Debe estar inquieta,
oigo desde aquí sus pisadas.
Me levanto del sofá y voy a la cocina. Me tambaleo un poco,
aunque puedo encender la luz. Respiro hondo y mi mente acaba por recomponerse Consigo
eliminar pronto el alcohol de la sangre. Soy uno de esos acetiladores rápido
(que dice un amigo mío medico) . Escucho una voz de señorita. Es la radio debo
de habérmela dejado encendida. Voy cargando la jeringuilla de Bridget, cada día
que pasa necesita más dosis para dormir, al mismo tiempo escucho la señorita que dice: ─
Antes de comenzar el programa de hoy presten atención a este aviso. Es de
interés general. La policía advierte que se han visto por la zona varios ¨camiones
voladores¨, por lo que pide a los ciudadanos que extremen las medidas de
precaución si van a viajar esta noche, sobre todo si toman la autopista
¨Interestatal¨. Tengan cuidado por favor. Si ven alguno de ellos por favor llamen
al teléfono de emergencias que damos a continuación. Seiscientos veintiocho
noventa y seis. Repetimos Seiscientos veintiocho noventa y seis. Y ahora damos
paso a la música. Con ustedes ¨Bruce Springsteen. The boss¨. Disfruten del
tema. Nosotros ahora volvemos con ustedes. No se vayan─
Acabó de vaciar el embolo en una vena de Bridget, se ha
quedado dormida. Escucho que llaman a la puerta. Ha sonado la campana.
─ ¿Quién puede ser a estas horas? No se habrán confundido,
los de la ¨Morgue Identidad Unitaria¨. No los espero hasta mañana. Ya voy. Ya
voy, que impaciencia─
─ Amy. Tú por aquí. Pero no son horas y con el frío que
hace─.
─Bueno me vas a dejar pasar. ¡O qué! Me estoy congelando
aquí afuera─.
─ ¿A qué viene esta visita?
─Tengo que decirte una cosa importante y no pienso
esperar a mañana─.
─Pasa, pasa no te quedes ahí afuera. Vamos al salón y te
preparo una copa. Acabo de abrir una
botella de ¨Hardy Perfection¨. ¿Te apetece?
─Cuando nos acercábamos al salón, no podía dejar de pensar
que podía ocurrir si aparecía esta noche ¨aquella cosa¨ con Amy estando en casa.
No dejaba de mirar en todas direcciones, entonces caí en la cuenta de que aún
era pronto todavía. Nunca se manifestaba antes de las doce. Mi temor estaba
injustificado No tenía nada que temer hasta que no fueran las doce. ¿Porque habría
venido Amy? No podía haber elegido peor
día. Tengo que inventarme cualquier excusa para que vuelva pronto a su casa─
Amy se quita el abrigo y se sienta en el sofá. Está
radiante, a su edad parece tener todavía un cierto aire juvenil. Me da la
impresión que acaba de salir de la peluquería. Sirvo las dos copas de coñac y
le acerco una a Amy. Me siento en el sofá a su lado. Miro las manos. Está
temblando. ¿No tendrá Parkinson?
─Cuidado no se te vaya a caer la copa. Bueno Amy ¿Qué es
eso tan urgente que tienes que decirme?─
─ No sé cómo empezar y eso que cuando venía hacia aquí,
tenía la seguridad que lo iba a decir con naturalidad. Sabes: Estoy un poco
nerviosa. Ahora que lo pienso, lo mismo es un error haber venido─
Era la oportunidad que debía aprovechar, el momento que
estaba esperando. Amy quería irse. Dejó la copa en la mesa, solo le había dado
un pequeño sorbo, e hizo ademán de
levantarse del sofá. Me levante antes que
lo hiciera Amy. Ya iba a acercarle el abrigo,
cuando al darme la vuelta pude ver como Amy se acomodó de nuevo en el
sofá y removiendo su copa con la mano, me miró con una frágil sonrisa y dijo:
─ He venido aquí para decirte algo y no voy a irme sin
hacerlo. Sabes, con lo que me ha costado decidirme, no estaría bien que ahora
me fuera. Sería un disparate.
Apuró la copa hasta el final y continuó
─Desde que nos mudamos mi
marido y yo a esta barriada hace más de veinte años nada más verte me sentí
atraída por ti. Ahora hace más de tres meses que mi marido me ha dejado por una
mucho más joven que yo. Desde que pasó he querido venir a hablar contigo -hizo
una pausa como si estuviera fatigada, pero no encontraba el momento adecuado- Siempre
me echaba para atrás en el último momento. Esta tarde no aguantaba quedarme sola
en casa, me vestí y salí a pasear por el parque. Al volver y pasar por delante
de tu casa, estuve dándole vueltas a mi cabeza. Me dije que no debía de
renunciar a toda esperanza y que la cosa no podía continuar así. Al final decidí llamar a la puerta y aquí me
tienes─
Durante unos segundos me quedé de pie contemplando a Amy
sentada en el sofá, mientras una confusión de ideas saltaba de una parte a otra
de mi cabeza. Necesitaba solo un momento para recomponerme, un instante para
serenarme. No intentes mirar atrás no rechaces la propuesta. No tienes nada que
perder. Solo te quedan unas horas por vivir. ¿Eres consciente verdad? Intenta
mirar hacia adelante. Si huyes con ella, se trata de empezar una nueva vida. Se
acabaron las noches terribles y las sombras que gobiernan esta casa desde hace
tanto tiempo, desde cuando te vistes obligado a hacer aquello que tú y yo
sabemos, lo mismo desaparecen para siempre.
Me deje caer en el sofá, rendido.
─Lo estaba esperando Amy. No sabes el tiempo que he
estado soñando con esto. ¿Por qué no lo has dicho antes? ¨camiones voladores¨
─ ¿Qué has dicho?
─ Nada
─ ¡Sí algo de voladores!
─ Que nos vamos volando. Ahora mismo. Voy a por el coche
al garaje y nos vamos. Dejemos atrás estas vidas Amy. Al fin y al cabo: ¿Qué
nos han deparado?
─ ¡Cielos! Exclamó Amy. Al menos deja que pase por casa a
recoger algo de ropa.
─No hay tiempo que perder Amy. Cuanto antes salgamos mejor.
Ahora vuelvo. Tomate otra copa mientras acerco el coche a la puerta.
Conducía por la ¨Interestatal¨, escuchando canciones de Roger
Whittaker que me había bajado de Spotyfi. Amy sentada a mi lado recostaba su
cabeza en mi hombro se cogía de mi brazo.
─La conducción de ese modo se me estaba empezando a hacer
algo pesada. Además había mucho tráfico, a pesar de lo que dijo esa chica por
la radio. Al parecer nadie hacia caso de las advertencias. ¿Qué iba a pasar
mañana con la ¨Morgue Identidad Unitaria¨? Había firmado un contrato. Nada, no
iba a pasar nada, seguro que el sicario lo confundía con Bridget. No se perdía
ninguna vida, ella desde hacía más de dos años apenas si salía de su habitación
y pasaba la mayor parte del día dormida. ¿Quién la iba a echar en de menos?
Cerca de tres horas sin parar por la ¨Interestatal¨.
─Tenemos que hacer una pausa para repostar y comer algo-
dije a Amy; que no podía evitar que se
le cerrasen los ojos. Aún nos queda camino antes de llegar a Glasgow.
Mis padres habían comprado una casa en el campo en las
cercanías de Glasgow, en cuanto se casaron y en ella vivieron un tiempo antes
de mudarse a Liverpool. Hacía allí me dirigía. Nos detuvimos en una estación de servicio
luminosa de la ¨Interestatal¨. Amy se bajó del coche y se encamino a un Mac Donald’s a pedir un par de
hamburguesas, mientras yo llenaba el depósito de gasolina. Un ¨camión volador¨
a toda velocidad se empotró contra el Mac Donald’s, la explosión fue
instantánea. Aquello quedó convertido en una colosal hoguera. Toda la estación
comenzó a oler como huele la piel humana quemada. Me acorde de la voz de la
radio de la señorita ¨camiones voladores¨.
Compre varias estacas, alambre, dos picos y tres palas. Me encamine al muro
que rodeaba la casa de mis padres. Delimité el espacio donde había enterrado al
hijo de Bridget tres días después de nacer. Lo reconocí enseguida porque ahí
seguía esa pequeña cruz que yo había dejado como señal. Comencé a cavar, cuando
estaba a punto de llegar hasta el cuerpo del niño; otro cuerpo de alguien
descomunal, más tarde me enteré que se trataba de policía obeso mórbido se despeño sobre mi.
Luego bajaron hasta la tumba dos más. Me redujeron y me esposaron mientras
gritaba que me dejaran. Que estaba a punto de conseguirlo. Si conseguía
desenterrar su cuerpo y quemarlo con una estaca clavada en su corazón se habría
acabado mi sufrimiento y ya no conseguiría llevarse más vidas a sus abismos
infernales.
Me trasladaron a la comisaría, me sentaron en una silla,
esposado con los brazos por detrás del respaldo en medio de una habitación
vacía, tenía tierra por todas partes.
─Un juez detenido. ¿Cuándo se iban a dignar a escucharme?
Entró un policía y
me ofreció un vaso de agua. Dejó la puerta abierta, al levantar la cabeza y
acercar los labios al vaso, vi pasar a Bridget escoltada por dos policías. Me
revolví en la silla, el vaso rodó por los suelos. Me gane un buen palo.
─Que bien que se haya dignado a venir hasta aquí señorita
–dijo el inspector- Ahora podremos aclarar las cosas. Sin su colaboración
hubiera sido imposible. ¿Es ese señor que acabamos de ver su hermano?
─ Sí es él inspector. El mismo que intentó esta mañana
matarme.
En ese mismo instante el espectro de un recién nacido
trepaba por las paredes de una tumba que hacía unas horas su tío había
exhumado.