martes, 31 de octubre de 2017

Aramburu y Vila-Matas

Aquí Bárbara:
Os dejo el enlace de una conversación que han mantenido Vila-Matas y Aramburu y que me parece muy interesante. Encuentro además cierto paralelismo con lo que comentábamos el otro día sobre lo que cada uno busca en la literatura, si estilo o trama, y si se pueden separar. Vila- Matas habla de novela de dificultad frente a novela de tradición, que viene un poco a ser lo mismo.

http://www.enriquevilamatas.com/pdf/DrPasavento_Aramburu_ElCultural_2017.pdf

domingo, 29 de octubre de 2017

La sorpresa de Delphine


   Entre por unas enormes puertas que se abrian de par en par.Desde el vestibulo una vieja escalinata me condujo a una sala decorada con descoloridos lienzos de escenas del lugar.Saque la camara y apenas hube terminado percibi las voces que seguian mi mismo trayecto.Pronto me halle sitiada.Guarde rapidamente la camara y me cubri media cara con la larga visera salpicada de pegatinas horteras.Percibi un pequeño vacio de multitud por el que trate de escabullirme.Enfervorecidos aplausos paralizaron mi intento.Desde el final del pasillo un señor de sonrisa entre victoriosa y cinica llegaba acompañando a una joven.Fue en ese momento ,en que todas las miradas seguian sus pasos se me presento el segundo intento. Parsimoniosamente levante la mano derecha a la altura del borde de la visera pero un segundo aplauso detuvo mi huida.La señora de cabeza cubierta tomaba del brazo a un tipo moreno.Caminaron hasta la primera fila y tomaron asiento en la otra parte del pasillo.Arriba,en el estrado,alguien habia empezado a habla.La lectura fue corta.Unos cuantos nombres fueron pronunciados.Los dos jovenes se colocaron cerca de la mesa.
-¡No firmes Delphine!
Era la voz del acompañante de la joven.La sala entera rio. Delphine,entre risas y asombro,daba zarpazos tratando de capturar el espeso libro que se aproximaba a las arcadas de la escalinata.Todas las manos secundaron a las de Delphine .El libro retrocedio.Se detuvo frente a una de las ventanas.Aleteo tres veces entre paisaje de leñadores en una tarde fria y escena de mujer tejiendo.Era un dia caluroso del mes de Agosto.

Manuela

viernes, 27 de octubre de 2017

Levitación

Al asistir a estos cursos de literatura, no pretendo ser una literata, solamente aprender a escribir correctamente y que las personas que lean lo que escribo entiendan lo que quiero decir en el relato y que este sea ameno.
Me enfrento a un relato en el cual la levitación sea centro o la referencia de el mismo. Solamente me he enfrentado con este hecho cuando en el colegio nos hablaban de la levitación de los santos como algo extraordinario que se daba cuando esas personas estaban en extasis ante el Señor.
Pero no sólo hay levitación en el hecho de los Santos. Dentro de la naturaleza hay muchas cosas que levitan, levitan sin que nosotros pensemos en ello, sin darnos cuenta, sin ir muy lejos hemos vivido siempre con cosas que levitan a nuestro alrededor, levitan en silencio sin que siquiera ellos nos adviertan de lo que están haciendo.
Puedo empezar mencionando al astro más importante de la Tierra ¡ el astro Sol! Sin el no existiría la vida en la naturaleza. El nos da el calor tan necesario para el andar día a día, el desarrollo de todo lo que vive en el mundo. Él es el responsable del crecimiento de las plantas, de nuestros cultivos, de la luz  del día y de tantas cosas, casi innumerables, es el causante de la formación de las nubes a consecuencia de la evaporación del agua de la tierra que se quedan suspendidas en el firmamento levitando, hasta que en algún momento, el adecuado, rompan y caigan en forma de agua, tan necesaria para cumplir con una de las necesidades de la humanidad. Y de este astro sol podríamos, sobretodo los eruditos, hablar largo y tendido.
¿Y la luna? ¿Que pensamos sobre la luna? Mucho se ha escrito sobre ella contando sus beneficios para la naturaleza. Su influencia en la vida diaria de las personas, en la personalidad de cada uno de nosotros, en las mareas del mar que suben y bajan por la gravedad de la luna. Se han escrito poemas maravillosos, se han pintado cuadros increíbles. ¡Es la novia del firmamento!
¿Y las estrellase? Incontables, brillantes, también levitan en el cielo. Inspiradoras de cuentos. En momentos tristes por la falta de un ser querido buscarle entre ellas e incluso reconocerle en la que nos parece más brillante y hermosa. Cuantas veces ante una noche estrellada, me quedo ensimismada mirándolas y contemplándolas. Más de una vez han llegado a inundar mi alma al contemplar tanta belleza.
Y si sigo pensando en cuantas más levitaciones hay a nuestro alrededor creo que mis pensamientos son levitaciones de mi mente que se van, no tengo conciencia de a dónde pero si se que salen de dentro de mí y quizás se queden en el cielo cerca de las estrellas.

viernes, 20 de octubre de 2017

f = m · a


f = m · a





El aviso del timbre me despierta de los pensamientos, cuando quiero darme cuenta los alumnos ya están en silencio, cada uno en su sitio esperan a que me levante de la mesa y comience la clase. Que paradoja, hoy mismo voy a explicar la irrefutable segunda ley de Newton o ley de la gravedad. Demostraré que existe un matrimonio sagrado entre masa y aceleración, y que fruto de esa unión, su hija la fuerza de atracción, une los cuerpos a la tierra. Como cada año escribiré en la pizarra su expresión matemática, f = m · a, dejaré caer de mi mano la tiza al suelo, y explicaré que esa fuerza de atracción provoca que los cuerpos desciendan con una aceleración determinada que se denomina gravedad. Repetiré otra vez la misma anécdota de Newton y su manzana para poder captar más aun su atención.
Siempre me ha fascinado la física, comprobar que sus teorías son irrefutables, creo que por ello estudié Ingeniería y me dedique a la docencia, me gusta explicar la leyes y saber que se cumplen.
Pero hoy va a ser diferente, no creo que pueda hablar con tanta vehemencia a los alumnos, todavía me dura una sensación de aturdimiento de lo ocurrido hace unas horas.
Esta mañana ella tenía ganas de sexo, me ha buscado y ha encontrado la respuesta a sus caricias, por lo menos todavía existe algo de atracción entre nuestros cuerpos, siempre le ha gustado hacerlo por las mañanas, eso no ha cambiado. Seguimos follando, solo que ahora medio dormidos buscamos esa dejadez y desapego que proporciona el placer somnoliento y narcotizado.
Como si de un ritual se tratara, ha dejado caer su ligero cuerpo sobre el mío, acopladas las caderas y bien erguida ha utilizado peso y fuerza para buscar su placer, poco a poco sus movimientos se han ido acelerando. No he querido abrir los ojos, prefiero recordar cuando abrazados de verdad nos mirábamos el uno en el otro. He notado que su momento iba llegar y de repente se ha hecho un vacío, una falta de presión de su masa corpórea sobre la mía, con los ojos entreabiertos la he visto allí, elevada sobre mí y gozando. No he querido pensar, he cerrado los ojos con rabia para negar la visión y al momento la he vuelto a sentir sobre mi. Pasados unos eternos minutos, se ha despegado, indolente y en silencio a abandonado la cama. No he podido ni he querido buscar una explicación de lo ocurrido, pero reconozco que ha escenificado la extrema separación y distancia a la que hemos llegado.
El silencio ha presidido el desayuno, tampoco hemos cruzado miradas de complicidad, hace tiempo que dejamos que nos separe un territorio gélido, como si físicamente nos hubiéramos trasladado a sendas zonas polares, allí también se encuentran alterados los fenómenos magnéticos.
No queda más remedio, voy a dar comienzo la clase y no podré explicar a los alumnos que en mi matrimonio, un día falló hasta lo que nunca podía fallar, la ley de la gravedad.
Paco Florentino
20 de Octubre de 2017

jueves, 19 de octubre de 2017

Punto de vista múltiple en primera persona

Hola a todos,
Julián tenía razón y La señorita Cora, de Cortázar es un magnífico ejemplo del punto de vista múltiple en primera persona. Copio el enlace para que lo leáis:

http://ciudadseva.com/texto/la-senorita-cora/


miércoles, 18 de octubre de 2017

RAQUEL

RAQUEL
Me gusta coleccionar cajitas de todo tipo, una vez me dijeron que simbolizaban el útero materno… ¡quién sabe!
Las mañanas de domingo acostumbraba a pasear por los mercadillos en busca de alguna que me llamase, aunque cada vez era más difícil encontrar algo especial.
Aquella era una de esas mañanas en que parece que la vida se viste de fiesta y nos invita a disfrutar de ella.
Había quedado a desayunar con mi amiga Raquel en una terraza de la Plaza Mayor. Estábamos a mediados de Noviembre, pero todavía se agradecía la sombra y el suave airecito de la sierra.
Me gustaba la compañía de Raquel porque con ella nos sumergíamos en el alma y nos ayudábamos a crecer. Nuestra amistad había sobrevivido a muchas tempestades que la habían hecho más fuerte. Conocíamos nuestra luz y nuestra sombra, incluso nuestras peores traiciones.
Nos habíamos encontrado en el Instituto, cuando estudiábamos bachillerato. Ella siempre había estado más centrada que yo. Siempre tenía claro lo que quería o debía hacer.
Justamente, aquellos días, andaba yo dándole vueltas a una oferta de trabajo que me llenaba de contradicciones.
Me habían ofrecido un puesto de selección de personal y asesoría de recursos humanos en una gran empresa. Un puesto muy bien pagado, con un horario flexible… en fin…, un lujo.
Pero, era un “regalo envenenado”: tenía que poner mi conocimiento al servicio de la empresa, sin duda, en muchas ocasiones, pasando por encima de los derechos y el equilibrio emocional de las personas.
Estuvimos hablando, largo y tendido, sobre nuestras necesidades, nuestros intereses, nuestros valores, intentando ver prioridades… En cualquier caso la decisión era mía.
Cerramos el tema y nos lanzamos al callejeo por ese mundo insólito de objetos abandonados, que un día fueron deseos, ilusiones, regalos, muestras de amor o de amistad… y que por una u otra razón han perdido su valor o su sentido. Objetos tan apagados, deslucidos, quebrados, que hay que buscar en su alma para encontrar su belleza.
Raquel se detuvo en uno de los puestos y cogió una cajita redonda de madera rojiza con incrustaciones de marfil y maderas de diferentes colores. La dueña del puesto nos dijo que era muy antigua y procedía de una casa-palacio de la nobleza de Granada.
Raquel estuvo abriendo y cerrando la caja, escuchando su sonido, olfateando su interior, me miró a los ojos y me dijo:
-Esta caja me ha saltado a las manos y me ha transmitido una energía extraña, mezcla de fuerza y sosiego y quiero que sea para ti.
-¡Gracias Raquel! Es perfecta. Le daré un lugar preferente en la casa, donde siempre me acompañe.
Nos abrazamos y seguimos curioseando cogidas del brazo calle Curtidores arriba hacia Carlos Arniches a buscar libros curiosos, otro de nuestros vicios compartidos.
Íbamos ya camino del metro cuando Raquel se paró, me cogió las manos, y me dijo:
-Tengo una noticia que darte…No te asustes, pero no puedo seguir ocultándotelo, en la revisión  me han encontrado unos quistes en un ovario y parece que no tienen muy buen aspecto.
-¿Cómo? ¿Quieres decir…?
-Sí, eso quiero decir.
Sentí que me rompía por dentro, quise abrazarla, pero enseguida me apartó…
-Lo siento, pero no puedo hablar del tema, por eso he esperado al último momento. Lo que tenga que ser será. Solo puedo decirte que estoy dispuesta a luchar con todas mis fuerzas, pero, ahora, por favor deja que me vaya.
Se fue y yo me quedé sin aliento, abrazada a mi cajita.
Como un autómata cogí el metro y vi pasar las estaciones con la mirada perdida.
Al  llegar a casa, puse la caja en mi rincón de trabajo y, por fin, sobre ella pude volcar  el llanto, el desconcierto  y la rabia.
Unos días más tarde tuve que contestar a la oferta de trabajo. Había decidido que si Raquel podía enfrentarse al monstruo yo también podría aprender a moverme entre dos aguas y salvar mi dignidad. Este era “un trabajo de verdad” y  ¡Necesitaba tanto algo seguro dónde apoyarme!
Empecé en la nueva empresa. Al principio todo perfecto, organizar dinámicas de grupo, formar equipos, dar formación en liderazgo a los mandos intermedios…
Una semana después me llamó Raquel, se habían confirmado los peores presagios: era maligno y había metástasis. La iban a ingresar para un tratamiento experimental.
Aunque el trabajo cada día me demandaba más, estuve a su lado cada día, en cuanto tenía un hueco, intentando mantener la alegría y las ganas de vivir.
Cuando llegaba a casa ponía mis manos sobre su cajita tratando de transmitirle fuerza para luchar. No soy yo de rezar, pero eso era lo más parecido que sabía hacer.
Una madrugada, mientras preparaba la formación del día siguiente, de pronto, noté que la caja vibraba, incluso parecía que se había desplazado un poco sobre la mesa.
-¡Uf! Tendré que descansar porque ya alucino.
Pero, en ese momento, se elevó hasta situarse frente a mis ojos y vi cómo se iluminaba su interior.
Creí que estaba soñando y me restregué los ojos, pero allí seguía.
Enseguida supe qué había pasado.
-¡Raquel!
Volé hasta el hospital solo para confirmar su muerte.
Me sentí perdida en el desconcierto, huérfana de amistad, tratando de asimilar esa inexplicable ausencia, tratando de comprender lo incomprensible.
Cada noche, me sentaba frente a su cajita, la cogía entre mis manos y le contaba tantas cosas que nos quedaron por hablar. Algunas veces volvía a vibrar y se elevaba hasta apoyarse en mi hombro o se situaba sobre mi Ipad o daba algunas vueltas por la habitación, como respondiendo con su baile a mis dudas. El caso es que podía adivinar sus palabras
Nunca comenté aquello con nadie. ¡Cómo explicarlo!
Y, como suele ocurrir, aunque no lo creamos, todo termina por convertirse en una costumbre, y, como tal, lo incorporé a mi vida.
Para no hacerme muchas preguntas me había volcado en el trabajo, pero cada día aquello se iba volviendo más complejo. Con demasiada frecuencia se me demandaban funciones que no me correspondían. Cada vez se me hacía más difícil sostener un equilibrio.
Esos días, cuando llegaba a casa, la caja despegaba y giraba con furia dándose golpes en las paredes.
Hasta que llegó lo que más temía: La empresa decidió cambiar sus objetivos de producción y sus métodos de trabajo, había que hacer una reestructuración: En resumen, despedir casi a la mitad de la plantilla. La empresa confiaba en mí para hacer una selección del personal que podía quedarse por su capacidad de adaptación a los cambios.
Durante varias semanas estuve sumergida en el caos. Me dije que alguien tenía que hacer el trabajo sucio, que si no lo hacía yo, lo haría otro y podía ser peor. Traté de contemporizar con unos y con otros, de buscar alternativas, pero la empresa me devolvía una y otra vez al mismo punto.
Busqué a Raquel. ¡Cómo sentía su ausencia en esos momentos! Pero su caja estaba como clavada a la mesa, vibraba, por debajo de la tapa se veía su luz interior, pero no lograba siquiera cogerla en mis manos.
Estaba claro, la respuesta estaba en mí, tenía que tomar una decisión, en una situación así no se puede ser neutral, no hay escapatoria.
Por respeto a mi misma yo no podía asumir aquella “tarea”. Así que presenté mi dimisión irrevocable.
Me sentí libre por fin. Libre y en armonía conmigo misma. Libre y con fuerza para enfrentar el futuro.
Llegué a casa, abrí todas las ventanas, busqué mi música favorita y me puse a bailar como si no hubiera un mañana.
De pronto sentí que alguien me acompañaba: estaba bailando conmigo.
Caí derrotada en el sofá justo a tiempo de ver cómo volvía a su sitio.
Su luz interior se hizo más brillante, hizo saltar la tapa y me envolvió como en un abrazo. Un abrazo que hubiera deseado eterno.
Pero, poco a poco, se separó de mí y pude ver cómo, a través de la ventana,  se iba diluyendo en el azul de la noche.



lunes, 16 de octubre de 2017

INGRÁVIDOS


            Hace tres días que empezó todo. Comenzaron a elevarse del suelo los pies, cada vez que andaba, por la casa Le llaman: ¨levitar” - lo que dicen que les pasa a los santurrones cuando alcanzan la divinidad- Pero esto no se trataba de santos, esto era todo un plan tejido desde las catacumbas económicas del poder para acabar con la superpoblación planetaria
            Llamé a Luis para que viniera a casa, para ver si sabía de algún plan alternativo, o se le ocurría algo que pudiera hacer para contrarrestar la levitación. Nada más lo tuve delante de mis narices inicié la diatriba Él sentado en el sofá parecía dispuesto a escuchar La verdad es que yo, hablaba sin parar, era incapaz de detener el alegato, de palabras que salían atropelladas desde algún lugar de mi alborotado cerebro. Luis miraba con sus ojos castaños al infinito. Tenía la impresión, que para nada estaba escuchando lo que decía Iba de un lado al otro del salón sin dejar de parlotear. Fumaba sin parar; encendía un cigarrillo; antes de que se apagara el que llevaba en la boca. Abría el bar y con las manos temblorosas llenaba vasos de ginebra con hielo, algunos de ellos los dejaba olvidados sin tan siquiera probarlos, encima de cualquier mueble Era incapaz de parar quieta un instante aunque, lo mismo unas veces como adoptando un aire de descanso, iba a  sentarme  en el sofá y permanecía como inerte flotando en un limbo de indecisión; y otras solo al dejar caer el trasero me enderezaba de un brinco como si un resorte me lanzara despedida, hacia el techo Pero no albergaba duda alguna: Luis pasaba de mí. No estaba enterándose de nada.
─ ¡Puedes calmarte Nuria, por favor! Así no vas a ninguna parte.
─ ¿Dime: tú estarías tranquilo sabiendo que te van a desahuciar la semana que viene?
─No me habías dicho nada. ¿Desde cuándo lo sabes?
─Eso ahora que importa. Lo van a hacer y punto; Luis, me quedo sin casa y luego ya sabes lo que viene.
─ ¿Te está pasando Nuria?
─ ¿El qué?
─ Sabes a qué me refiero.
─ Bueno ya empiezo a tener dificultades para pisar tierra de nuevo cuando me elevo unos metros del suelo. Pero no estoy todo el día flotando, si es eso lo que quieres saber: ¡No aún no he llegado a eso!─
            Luis inclinó su cuerpo hacía adelante lanzando una mirada furtiva a mis pies; para ver si estaban pegados al suelo -o levitaba- Al ver que mis pies estaban a un palmo del suelo, hizo un gesto de desagrado y negó con la cabeza. ¡Cielos exclamó! Es demasiado tarde te consideran ingrávida. No sé qué vas hacer. Esto pinta muy feo Nuria.
            No me atrevía a preguntarle nada. Iba aflojándome por dentro como si de golpe me hubiera quitado un corsé que me apretara la cintura y no me dejase respirar. El corazón me latía deprisa miraba angustiada a Lui Noté como un nudo en la lengua. Estaba bloqueada, no me daba para pensar. Al mismo tiempo comencé una ascensión desmesurada mis pies comenzaron a elevarse a unos metros del suelo. Al ver como ascendían unos centímetros más pude darme cuenta que no resultaba posible acercarme a Luis. Cuando el temor a perderlo surco por mi cabeza vi como Luis se levantó del sofá y  pronunció la frase fatídica que no hubiera querido escuchar nunca: ─Tengo que irme, Tengo cosas que hacer.─
─Quieres decir que me dejas plantada –le dijelevantando el tono de voz ante la dificultad de acercarme-
─Perdona ¿Cómo dices? No te oigo─
            En ese mismo instante  corrió como despavorido por el pasillo abrió la puerta y salió de manera precipitada Cerró de un portazo, dejando sobre el sofá el abrigo y el sombrero. No pienso que tuviera ninguna intención de volver a rescatarlos.
            Había llegado el momento que yo tanto temía. Desde hacía meses sabía que iba ocurrir. La verdad que podía habérselo contado a Luis nada más me llego la carta de desahucio, pero ahora ya no había nada que hacer. Nada de lamentaciones Una siempre espera que las cosas se resuelvan, por si solas Que en el último instante  todo llegue a buen puerto y como siempre nos equivocamos. Ellas, las cosas siempre siguen su curso. Ahora es imposible volver atrás, la levitación es un hecho, además estoy desahuciada. Son dos realidades, dos sucesos, contra los cuales -como bien ha dejado dicho Luis- no puedo hacer nada  Ahora a riesgo de morir desintegrada tengo que dejar la casa y pensar en mi nueva identidad  No todo está perdido. Si tengo un nuevo atributo, otra nueva facultad que se trata ni más ni menos que de levitar: todavía, me queda la capacidad de adquirir nuevas habilidades que desconozco. Dado mi condición habitual lo primero que tengo que hacer es unirme a mis semejantes. Acercarme y relacionarme con ellos, porque desde hace días pertenezco a un nuevo mundo. Al universo de los ingrávidos.
            Al salir a la calle advertí que si bien la levitación era ventajosa en casi todos los terrenos. Poder levitar es un placer que lo recomiendo,  tenía un gran inconveniente: ─Al mismo tiempo que ganabas en ingravidez y podías subir cada vez más alto y desplazarte por el aire solo con impulsar tu cuerpo en el aire, también eras incapaz de poder descender al suelo. Solo alcanzabas a hacerlo,si tenías la suficiente fuerza como para que tus manos pudieran aferrarse a cualquier asidero de las paredes de los edificios y aún así cuando llegabas a ras del suelo sino estabas bien sujeta volvías de nuevo a levitar.─
            Todo lo que os cuento había llevado a mis semejantes ingrávidos adoptar formas de sobrevivir insólitas. La mayoría preferían establecerse por debajo de redes o lonas - como la de las carpas de los circos- ancladas a las paredes de los edificios con enormes escarpias Muchas de ellas eran de grandes dimensiones y ocupaban hasta manzanas enteras. También a lo largo de la ciudad podían verse otras carpas de menor tamaño –unifamiliares por decirlo de alguna manera- y en las afueras de la ciudad, en el extrarradio los ingrávidos menos pudientes sembraban el lugar de toldos apretujados de distintos colores lo que daba la impresión de un mosaico deforme e indecente, como de una arquitectura malcarada que enturbiaba que enturbiaba la otrora belleza de la ciudad.
            Intenté adaptarme primero en una gran carpa repleta de artilugios similares a escaleras instaladas estratégicamente para poder descender. La elegí porque estaba cerca de mi casa. Lo mismo la cosa cambiaba y restablecían la gravidez a los que la habíamos dejado de tener. Pero el acoso al que nos sometían los habitantes –diríase grávidos- era constante. La policía desde los helicópteros que patrullaban sin descanso desgarraban los techos de las grandes carpas y cuando menos lo esperábamos cientos de los ingrávidos comenzaban a levitar, sin que nada pudiera detenerlos desvaneciéndose para siempre en el firmamento. Ante la frecuencia de los ataques, me mudé a una carpa unifamiliar, pero los problemas para aceptarme como de los suyos se multiplicaban conforme pasaban los días. Decidí dar por concluida mi estancía y me mude al extrarradio. Aquel lugar era infernal, además de una gran peligrosidad. No solo la gente más marginal subsistía bajo aquellos toldos que conformaban chabolas insalubres –los excrementos de los ingrávidos flotaban y quedaban pegadas a los techos o vagaban por la atmosfera, las peleas por conseguir asideros rudimentarios para no acabar perdidos por el cosmos eran continuas  y carecían de ningún tipo de orden que asegurara la convivencia. Por si escaseaban los problemas, los vecinos grávidos organizaban batidas para quemar toldos cada semana.
            Todos mis intentos para modelarme como un ingrávido más, acababan convertidos en fracaso. Me las arreglé para conseguir un móvil Nunca pensé que algún día acabaría trepando por las paredes, llamando a la ventana de un vecino desde fuera para ofrecerle mis servicios. Era una forma de ganarse la vida.- Un polvo con una mujer joven suspendido en el aire era muy buscado por los hombres que gozaban de la atracción magnética terrestre-.
            Llamé al capitán de la policía de mi antiguo barrio, había sido muy amigo de mi padre cuando aún vivía. Sabía que me apreciaba mucho. Cuando mi padre murió me ayudo a salir adelante, hasta que llegó la maldita crisis. El capitán cogió el auricular.
─Nuria todos los que signasteis los préstamos hipotecarios estabais enterados de las condiciones, que aplicarían los bancos ante el impago. Una de ellas, era la de poder usaros como personal sujeto a experimentación. ¡La aceptasteis ¿No?! O es que tú Nuria, no les distes permiso para instalarte debajo de la piel de tu brazo izquierdo un chip para su activación en caso de no poder cumplir con la deuda.
─ Pero yo no podía imaginarme…-no me salía la voz y empezé a sollozar
─Lo de la crisis verdad. Pero ha ocurrido y se os ha llevado por delante. Ahora ellos pueden cumplir con su plan.
─¿pero hay un plan?-alcancé a decir.
─Por supuesto que lo hay Es la única solución que tienes. Aceptarlo o morir.
            Unas semanas más tarde una colosal nave , con cientos de miles de ingrávidos bautizada con el nombre de Hercules XI partía rumbo a Marte Uno de sus viajeros era Nuría que a través de una pequeña escotilla miraba por última vez el suelo de la tierra.  La nostalgia se despertó en medio del aturdimiento que producía el sonido del rugir de la aeronave y recordó cuando de pequeña jugaba con su hermano a levantar el polvo de los caminos de su pueblo dando impetuosas pisadas y cuando la nave despegó recordó los paseos que junto a la orilla del mar le regalaba su madre cada tarde, cuando el crepúsculo se acercaba Se había convertida en una ingrávida. No sabía dónde la transportaba el poder de levitar.


 Paco

domingo, 15 de octubre de 2017

Banalidades



Banalidades

A mí me gusta beber. Beber alcohol, por supuesto. Lo demás es hidratarse o alimentarse, pero para mí, beber es un verbo que me huele a alcohol. Y me gusta en reuniones, en fiestas, en orgías; pero, por lo general, me gusta más cuando estoy solo, si es que existe eso de estar solo. Ahí aprovecho para rumiar tranquilamente mis pensamientos más recurrentes, oír música prestándole toda mi atención a un mismo tema una y otra vez hasta encontrarle su sentido más prístino o llevarme al hastío pasito a pasito, suave, suavecito… Pero últimamente dedico mis tardes-noches de beber solo para hojear libros empolvados, buscando fragmentos subrayados o con notas a los costados para ver si aún así, fuera de contexto, tienen algún significado para mí. 

Hace unos días tomé un viejo diario de campo que encontré en un cajón del escritorio. Con una mano lo sujeté del lomo y con los dedos índice y pulgar de la otra empecé a ejercer presión al costado contrario del lomo, deslizando el pulgar hacia el índice, dejando pasar rápidamente las hojas de un lado a otro para detenerme en cualquiera, al azar. Allí encontré un texto que decía:

<<Hoy amanecí con una pereza existencial inmarcesible. Una tentación terrible a no hacer nada. Sólo pensar en bañarme, vestirme, tomar mi grabadora y mi diario; hacer entrevistas, encuestas, talleres… me parece un suplicio. Y es que ayer no fue un buen día. Antes de salir de casa, mientras desayunaba, apareció de nuevo mi tía con su retahíla: que se me estaba haciendo tarde como siempre, que me voy sin lavar un solo vaso, que todo huele a tabaco, que consiga un trabajo de verdad, que esto, que lo otro. En fin, lo de siempre, pero unas veces cansa más que otras. Y cuando más cansa es cuando más reconozco que ella tiene la razón en todo lo que me dice. Entonces me vuelve el remordimiento, la nostalgia de añorar lo que nunca jamás sucedió, como cantara Sabina, y la culpa que pesa tanto. Todo me pesa demasiado. Ojalá de un momento a otro me llegara un alivio, que todo se hiciera liviano. Que nada nos jalara hacia un centro de la nada y así ver esta libreta y mi lápiz danzar por el aire en esta habitación. Y yo, flotando también, haciendo vanos esfuerzos por agarrarlos. Todo liviano, todo flotando. Mi tía no podría decirme nada porque no encontraría ninguno de sus vasos, ni los limpios ni los sucios. Y menos aún podría reprocharme el ir tarde al trabajo (que para ella no es trabajo) porque nadie podría llegar a tiempo. Nadie podría tomar la dirección correcta. ¡Pero vaya estupideces digo! ¡Si lo que me pesa adentro, en mi cabeza y alma, no se rige por gravedad alguna! Andaría igual de mal, pero flotando. Sin siquiera poder escribir. Mejor dejo este tema acá y empiezo a anotar las cuestiones realmente importantes, que ya se me está haciendo tarde…>>

En adelante sigo con anotaciones del trabajo (bastante aburridas, por cierto), que era la verdadera razón de ser del susodicho diario. ¡Pero qué cantidad de banalidades torpes escribía en aquella época! Con razón al poco tiempo me quedé sin empleo. A mí que no me pongan a flotar nada, que por ahora el vino en esta copa están muy bien. No necesito más.

Levitando...

RELATO: LEVITANDO….

                Era miércoles. ¡Bendito miércoles! Ese día en que podía salir del trabajo durante unas horas. Salir a “documentarme”. Sí, documentarme, porque trabajo en una empresa de productos ecológicos como “cazadora de tendencias”, como se dice ahora. Visito supermercados, fruterías, para ver lo que suelen comprar los jóvenes de hoy, jóvenes entre 20 y 35 años preferentemente. Mi empresa quiere lanzar un nuevo producto dirigida a esta franja de edad.
                Cogí pues mi mochila y mi chaquetón y ¡a disfrutar!
                Es la parte que más me gusta de mi trabajo. Y no la parte aburrida de despacho, manejando datos y estadísticas. ¡Uf! ¡No!
                Al levantarme de la silla noté como un mareo, como si estuviese en una noria. Sí, eso era, como en una noria ¡Con lo que yo me mareo en esos artefactos! A pesar de ello, y sin darme cuenta, me vi ya abajo, caminando ligera calle abajo, y, a diferencia de otras veces, sin cansancio alguno.
                Pero el mareo seguía ¿Qué era esto? ¿Qué me estaba pasando? ¿Estaba flotando? ¿Volando? ¿Levitando?
                No, no podía ser. Eso no le pasaba a la gente normal.
                Pero sí. Era cierto ¡Levitaba!
              ¡Socorro! ¡Ayuda! Pero nadie me oía.
                Veía la ciudad allá abajo y cada vez más pequeña. Al principio sabía dónde estaba, pero pronto me perdí ¡Con el poco sentido de la orientación que yo tengo y me tenía que pasar esto a mí!
                Probé a controlar la situación, pues hasta ahora solo levitaba, pero una fuerza extraña me empujaba ahora de aquí para allá, hacia no se sabía dónde.
                Y sí, lo conseguí. Controlé.
                Pero, ¿a dónde dirigirme? ¿Sabría volver? Y, sobre todo, ¿cómo explicar mi situación a la vuelta? Pero esto no era lo que más me preocupaba.
                Aunque también pensé: ¿Y si aprovechaba para realizar mi trabajo de observación? Volando como estaba ¡podía visitar más sitios en menos tiempo! Pero claro, ¿cómo me iba a meter en las tiendas volando? Se mueren del susto. Lo mismo creen que soy un dinosaurio volador de esos de las películas y salen en mi caza. Porque con Wonderwoman, (y 90kg a cuestas), no, no me iban a confundir.
                A ver, tenía que pensar rápido.
              Pues mira por dónde: estaba sobrevolando un centro comercial con hipermercado y todo. Y, ¡Oh, là, là!, con un solar cercano lleno de escombros. Lo que yo necesitaba.
                Conseguí acercarme a él lo más posible. Vi una soga deshilachada pero fuerte y la até a una pesada pieza metálica de por allí. Até el otro extremo a mi cintura. Por fin lograba pisar tierra de nuevo. Pero ¿qué yo podía andar con lo que pesaba aquello? Claro, no era Wonderwoman. Pero, en todo caso, presentarme de esa guisa en el centro comercial no era la mejor idea. Una puede ser moderna pero este look no creo que triunfara.
                Desistí de mis observaciones, ya tenía suficiente por hoy. Tanta ventaja que le vi al asunto al principio y ahora solo estaba cansada de mis esfuerzos por anclarme a tierra de nuevo, mareada de tanto vuelo inútil y solo quería volver a mi querido despacho. Sí, querido ¡Hasta lo echaba de menos!
                Como esta zona sí la conocía, me deshice de mi lastre y eché a volar de nuevo.
                No me costó mucho llegar. Gracias a Dios la ventana estaba abierta ¿Abierta? ¡Qué raro!
                Me senté exhausta y aliviada a la vez pues ¡ya no levitaba! ¡Pero qué cansada me sentía…!
                De repente oí pasos rápidos y decididos que se acercaban a mi puerta y que me despertaron de la ensoñación en la que había caído por momentos. ¡Eso era! ¡Ahora caigo! ¡Todo había sido un sueño! ¡Qué alivio!
                Una de mis ayudantes entró precipitadamente en el despacho y empezó a explicarme que varios compañeros de mi equipo habían venido a hablar conmigo y no me habían encontrado, porque se suponía que yo tenía que volver a las 5 ¡y eran las 8! Ella misma venía a comprobarlo con sus propios ojos. Y, sobre todo, les había extrañado además que, en pleno invierno, y con lo friolera que yo era, ¡tuviera la ventana abierta! Y por cierto, por dónde había entrado que nadie me había visto…
                Yo solo sé que abrí los ojos desorbitadamente y me pregunté: ¿que no había sido un sueño todo aquello?
                La secretaria me estaba mirando fijamente y me decía: ¿Te encuentras bien? Estás pálida.
Y yo pensé entonces: ¿Qué no sería yo una Wonderwoman después de todo?


                                                                                                    Teresa Báguena


sábado, 14 de octubre de 2017

Y si nunca hubiera caído.



Y si nunca hubiera caído.

Wolsthorpe Manor, Condado de  Lincolnshire,  Otoño de 1666. 

Me desprendo de la  rama  precipitándome a toda velocidad hacia el suelo, puedo distinguir   cada segundo  con mayor claridad las briznas de hierba, como  hebras separadas entre sí, casi puedo distinguir las hormigas corriendo entre la hierba,  asustadas  ante mi inminente caída. Y sin embargo, por qué descender perpendicularmente al suelo;  así  es como va a  suceder. La hierba crece y crece ante mis hojas,  cada vez se va haciendo mas grande me queda poco tiempo para impactar cuando estoy a punto de hacerlo, me detengo y comienzo a flotar, algo se interpone en mi camino; reparo en una pequeña espesura, que no identifico. Parece la parte superior  de uno de esos seres que he visto acercarse al árbol que habito. Distingo una especie de filamentos cilíndricos que nacen en su piel,  la cubren y  se ondulan para acabar cayendo sobre sus hombros.  Algo  me atrae con una fuerza irresistible. Comienzo a caer de nuevo, me resisto y consigo vencer la fuerza que me lleva; mi descenso se interrumpe  de nuevo bruscamente. Tras el  susto inicial comienzo a girar sobre mi misma, me detengo y  miro detalladamente el interior de esa espesura, y sigo el largo camino que trazan los filamentos,  y vuelvo a subir,  topo con su cara y cumplo a rajatabla con  la primera ley, la inercia y persevero en mi estado de reposo. Abre sus ojos de par en par y  extiende rápidamente  su brazo tratando de asirme. Me desplazo lateralmente a toda velocidad  en dirección opuesta a   su mano. Se pone en pie e inicia una persecución, corre por la hierba intentando alcanzarme, mientras yo subo,  bajo,  giro sobre mi misma, obligándole a saltar, caer, rodar y ponerse en pie de nuevo. Me gusta este juego, la vida en la rama era mucho mas tranquila.
No puede alcanzarme y agotado vuelve a recostarse contra el tronco.  Soy consciente de mi poder, he dejado de caer inexorablemente y puedo detenerme, subir rápidamente y bajar lentamente, o mas rápidamente, no existe el rozamiento y  puedo  ejercitar toda clase de piruetas, lastima que mi forma esférica, no me permita grandes acrobacias. Subo, bajo, me lanzo a un lado y a otro, aumento y disminuyo la velocidad a mi antojo.

Apoyado contra el árbol, sus ojos se abren cada vez más, sin duda mis acrobacias lo han dejado atónito.

Parece nervioso, voy a acercarme al árbol  para poder observarlo  con mayor detalle, tal vez quiera que juguemos de nuevo. Me deslizo hacia arriba pegada al tronco sobre el que esta recostado  y doy la vuelta hasta situarme de nuevo encima. Su mano se agita nerviosa  sobre la espesura de filamentos dorados, gira sobre si mismo, se pone en pie de nuevo, creo que me  busca, me coloco sobre él de forma que no pueda verme.

 Me escondo  pegada tras el tronco, observo que está cada  vez mas agitado, va y viene con las manos a la espalda, mira ahora cielo,  luego al  suelo de forma nerviosa y agitada y finalmente exhausto se sienta de nuevo. No estoy segura de acercarme más, tal vez no le ha gustado el juego. Me siento cansada empiezo a subir hasta mi rama y a punto de alcanzarla siento esa fuerza nuevamente que me atrae irresistiblemente hacia el suelo, me resisto con todas mis fuerzas, mi rabillo y mis dos hojitas, tiran hacia arriba hasta el limite de sus fuerzas. Es inútil son incapaces de soportarlo mas e impacto contra la cabeza y rodamos por el suelo.

Ell impacto me ha dejado inconsciente me despierto en su mano, delante de una enorme caverna protegida por dos filas de dientes y una especie de tobogán rojizo.
Las filas de dientes que protegen el interior de la caverna se cierran sobre mí y en mi caída  alcanzo  a oír, en un grito de alegría EUREKA. 







Las Ciegas

Mi deseo de que desaparezcas va en aumento estrepitoso cada día. Irracionalmente busco tu presencia física a través de mi ventana. Ese tamaño de balón de fútbol te permite ser muy osado detrás de las macetas. Cuando te diviso, noto como la cara se me transfigura en un gesto de repugnancia y quisiera ser lo suficientemente maníaca como para gritarte a pleno pulmón: ¡cállate de una vez maldito perro patada! ¡Tírate del balcón abajo y desaparece de mi vista!
Y no es precisamente que una sea parca en paciencia, Jacobo, el chico que me plancha los vestidos los domingos de buena mañana, opinaría que peco de lo contrario: '¡ni María Teresa de Calcuta! En esta escalera no aguantaba yo un minuto de microondas'. Y reafirme mi cualidad mansa que a pesar de la alerta mental que asalta a mi cerebro cada vez que escucho la retahíla jacobea, nunca la ejecuto según su correspondiente materialización lingüística: '¡que no es María que es Madre, ignorante!'
La cosa es que las urbanizaciones residenciales donde una no se cruza más que con árboles, contenedores de reciclaje y runners, no han sido mi entorno favorito para desarrollar la destacable potencialidad creativa que me caracteriza, o al menos así me lo cercioran las diferentes instituciones de las que recibo la adecuada socialización . Mi abuela fue la primera en apodarme Antoñita la Fantástica, mi compañero del coro me pregunta cada ensayo por el número de mi camello y la jefa de correos insiste en proclamarme año tras año responsable de festejos en mi oficina de destino. Así pues, para sostener el nivel de originalidad que se me presupone, preferí alejarme de esos lugares alienados del diario que de tan neutros y homogéneos insultan la diversidad humana, y habituarme a las comunidades vecinales y a los barrios, digamos, más excesivos. Por consiguiente, cada vez que un programa software de la administración pública decide según la meritocracia establecida mi próxima fortuna, así empaqueto ciertos bártulos, practico el desapego con otros ciertos y zarpo hacia el siguiente barrio con la emoción de conocer a mi nueva hornera y a mi presidente de la comunidad. Jacobo será el único paisaje conocido, dice que planchar los volantes de mis vestidos le apasiona.
De esta manera he llegado al barrio de Las Ciegas. La oficina de correos correspondiente no está precisamente cerca, son unos tres cuartos de hora en mono-ciclo. A pesar de tal distancia, elegí instalarme aquí y notar con satisfacción como mi equilibrio va mejorando a zancadas, hasta Jacobo ha caído en la cuenta, no hay tantos jirones en los volantes, dice.
Más que escuchar rumores, los he leído en las webs que consulto a menudo. Las Ciegas es uno de esos barrios donde pasan cosas extraordinarias, aunque la vecindad lo resuma en un 'simplemente pasan cosas, punto'.
Hasta el momento, he disfrutado de mi tarjeta como extranjera de raza blanca y occidental en el barrio. Es la autoridad más ambicionada en muchos lugares del mundo por sus innumerables privilegios, a los que es fácil que, siendo europea caucasiana, accedas sin despeinarte un caracol del flequillo, por lo que no iba a ser menos en Las Ciegas. Este estatus me permite pasear mi mentón altivo sin sospecha, e incluso ser requerida en papel de mediadora moral si el hecho acaecido tuviera pinta de desembocar en una no-resolución, porque en Las Ciegas cualquier acontecimiento se solventa, no existen asuntos pendientes, y el medio no provoca un debate nacional sobre el mal y el bien. La sabiduría popular comenta que de aquí vendría este conocido apodo del barrio de Las Ciegas, oficialmente llamado de la Virgen de la Merced y los Cautivos.
Si digo hasta el momento es porque algo urdo, y si algo urdes una debe inmiscuirse en el barrio como actriz protagonista de su telenovela particular, a pesar de la pérdida que significará de mi extranjería inherente. Realmente, pasar a ser una ciega más no activa otra emoción que la de recobrar mi habitual estabilidad, actualmente hecha miles de añicos que punzan y arañan cada noche que su agudo ladrido alcanza mis oídos.
La otorrina del ambulatorio ha diagnosticado que las llagas del tímpano no sanarán hasta que desaparezca la causa que las propicia. El departamento de Psiquiatría del hospital en proyecto interdisciplinar con el de Física de la universidad politécnica estudian el caso hipotético en el que la agudeza de un sonido animal, en dosis interválicas pero continuadas y en un periodo de tiempo duradero, podría provocar un problema social de incremento de población con desequilibrio mental, para lo cual nuestras arcas estatales no estarían preparadas.
Por tanto, tomar partido en este caso conlleva, no solo beneficios exclusivamente personales tales como la recuperación holística de mi salud y la superación del rito iniciático de entrada a la comunidad de Las Ciegas, sino también una acción en pro del bien común.
Desde mi ventana puedo verte, tu también a mi. La calle que nos separa es suficientemente estrecha como para que también pueda detallar tus rutinas. A la par las de tu amo. Voy tomando notas como me ha recomendado Adela: describe tiempos y espacios, dice, tan minucioso como esos diarios de ovulación cuando tratas de quedarte preñada. Adela vende ajos en la esquina los miércoles, el resto de los días trabaja como administrativa en el sicariato del barrio. Fue ella quien me dio la cita con Teo, apodado la Alquimista. Teo no tiene género, o mejor dicho tiene dos, Teo es hombre cuando proporciona los cuidados básicos en la residencia de mayores, y mujer cuando fabrica venenos para ejecutar los asesinatos del sicariato. Tanto a Adela como a Teo mi problemática les ha parecido de justicia social, están dispuestos a ayudarme aunque aumentando mínimamente la cuota, deben externalizar una parte del servicio dado que entre sus principios éticos no se recoge el intrusismo laboral. En cuanto realicen una pormenorizada revisión de mis notas y les respondan los traficantes de setas, recibiré una carta y un paquete en la ofician. Deberé proceder tal cual se indica sin mas cuestiones.
Últimamente no puedo evitar que mi lenguaje corporal comunique un estado angustioso, además he empezado a aullar para contrarrestar sus ladridos. Sé que algo intuyes, animal de cuatro patas, pero has perdido tu identidad de mascota entrañable. Mis aullidos te espantan y soy yo la que se relame, aunque ese sonido agudo que emites lo estés transformando en un llanto estridente y las llagas de mis oídos sangren y duelan como tu rabia.
Hoy ha entrado una niña en traje y chaqueta a la oficina, con una carta, un paquete y una rata en su hombro izquierdo. Exquisitamente educadas ambas han procedido a la entrega, recogido mi dni y mi firma en su ipad y apretado mi mano en señal de cierre de contrato.
Esta vez he preferido no usar el mono-ciclo de camino a casa, el paquete no es precisamente pequeño y manejable y los síntomas acusados de vértigo que padezco modifican el eje que equilibra mi habilidad ciclista.
Por fin ha llegado la hora establecida en la carta, seleccionada según un estudio estadístico que Adela ha elaborado a partir de las rutinas de mi objetivo. Es en ese momento cuando el amo entrecierra el balcón y deja al susodicho a la intemperie desgañitándose cuando deberás masticar el 1,5 gr. de setas secas Mckennaii. No habrás ingerido ningún sólido durante las dos horas y media previas y depositarás una bebida azucarada junto a tu cama para el final de la operación. Recomendamos especialmente el zumo de naranja.
La Fowler de Ardesa para caza menor ha sido previamente cargada. Antes de empuñarla, coloca el dispositivo modular que silenciará el disparo y ponte la bandolera adjuntada. Comprueba que contiene un bote de miel.
Si notas cosquillas en los pies y cierta ligereza es que las setas han iniciado su proceso alucinógeno.
Espera la visita de una rata en tu ventana, entonces sal a la calle.
Una vez situada debajo del balcón del objetivo unta la boca del silenciador con la miel generosamente. Empuña la escopeta y en posición de puntillas agita los pies como si nadaras. Te despegarás del suelo. Sigue agitándolos con energía moderada hasta alcanzar la altura correspondiente.
La miel atraerá al objetivo a la par que lo despistará de la situación de tensión. Apunta y dispara, un único tiro.
Inicia el descenso ejerciendo un movimiento de presión hacia abajo y en vertical con los brazos y agitando levemente los pies.
Devuelve la escopeta a la niña con la rata y dirígete a tu piso. Bébete el zumo de naranja y duerme.


Jacobo anda canturreando, dice que ha puesto un poco de orden en el salón porque así uno no puede planchar a gusto. Yo miro a través de la ventana sin reparar en su retahíla y le pregunto si han llegado los del sepelio. Él no atiende a minucias, dice, mis volantes le dan suficiente faena.

viernes, 6 de octubre de 2017

Relato 1, gravedad

Primer reto: escribir un relato en el que la ley de la gravedad no se cumple; en un momento dado, un objeto o un personaje deja de regirse por esta ley natural de la física y empieza a levitar.
La historia deberá estar escrita en primera persona, es decir que el narrador coincide con el personaje protagonista.

¡Ánimo! Comentamos los relatos el 16 de octubre (sería conveniente que estuvieran colgados al menos uno o dos días antes para que todo el mundo tenga tiempo de leerlos). 

EL CUADRO. (pACO)

EL CUADRO Desde que me encargaron hace más de dos meses - como no podía ser de otra manera-   la restauración de Mujeres de Tahití de...