Aquí Bárbara:
Os dejo el enlace de una conversación que han mantenido Vila-Matas y Aramburu y que me parece muy interesante. Encuentro además cierto paralelismo con lo que comentábamos el otro día sobre lo que cada uno busca en la literatura, si estilo o trama, y si se pueden separar. Vila- Matas habla de novela de dificultad frente a novela de tradición, que viene un poco a ser lo mismo.
http://www.enriquevilamatas.com/pdf/DrPasavento_Aramburu_ElCultural_2017.pdf
martes, 31 de octubre de 2017
domingo, 29 de octubre de 2017
La sorpresa de Delphine
Entre por unas enormes puertas que se abrian de par en par.Desde el vestibulo una vieja escalinata me condujo a una sala decorada con descoloridos lienzos de escenas del lugar.Saque la camara y apenas hube terminado percibi las voces que seguian mi mismo trayecto.Pronto me halle sitiada.Guarde rapidamente la camara y me cubri media cara con la larga visera salpicada de pegatinas horteras.Percibi un pequeño vacio de multitud por el que trate de escabullirme.Enfervorecidos aplausos paralizaron mi intento.Desde el final del pasillo un señor de sonrisa entre victoriosa y cinica llegaba acompañando a una joven.Fue en ese momento ,en que todas las miradas seguian sus pasos se me presento el segundo intento. Parsimoniosamente levante la mano derecha a la altura del borde de la visera pero un segundo aplauso detuvo mi huida.La señora de cabeza cubierta tomaba del brazo a un tipo moreno.Caminaron hasta la primera fila y tomaron asiento en la otra parte del pasillo.Arriba,en el estrado,alguien habia empezado a habla.La lectura fue corta.Unos cuantos nombres fueron pronunciados.Los dos jovenes se colocaron cerca de la mesa.
-¡No firmes Delphine!
Era la voz del acompañante de la joven.La sala entera rio. Delphine,entre risas y asombro,daba zarpazos tratando de capturar el espeso libro que se aproximaba a las arcadas de la escalinata.Todas las manos secundaron a las de Delphine .El libro retrocedio.Se detuvo frente a una de las ventanas.Aleteo tres veces entre paisaje de leñadores en una tarde fria y escena de mujer tejiendo.Era un dia caluroso del mes de Agosto.
Manuela
viernes, 27 de octubre de 2017
Levitación
Al asistir a estos cursos de literatura, no pretendo ser una literata, solamente aprender a escribir correctamente y que las personas que lean lo que escribo entiendan lo que quiero decir en el relato y que este sea ameno.
Me enfrento a un relato en el cual la levitación sea centro o la referencia de el mismo. Solamente me he enfrentado con este hecho cuando en el colegio nos hablaban de la levitación de los santos como algo extraordinario que se daba cuando esas personas estaban en extasis ante el Señor.
Pero no sólo hay levitación en el hecho de los Santos. Dentro de la naturaleza hay muchas cosas que levitan, levitan sin que nosotros pensemos en ello, sin darnos cuenta, sin ir muy lejos hemos vivido siempre con cosas que levitan a nuestro alrededor, levitan en silencio sin que siquiera ellos nos adviertan de lo que están haciendo.
Puedo empezar mencionando al astro más importante de la Tierra ¡ el astro Sol! Sin el no existiría la vida en la naturaleza. El nos da el calor tan necesario para el andar día a día, el desarrollo de todo lo que vive en el mundo. Él es el responsable del crecimiento de las plantas, de nuestros cultivos, de la luz del día y de tantas cosas, casi innumerables, es el causante de la formación de las nubes a consecuencia de la evaporación del agua de la tierra que se quedan suspendidas en el firmamento levitando, hasta que en algún momento, el adecuado, rompan y caigan en forma de agua, tan necesaria para cumplir con una de las necesidades de la humanidad. Y de este astro sol podríamos, sobretodo los eruditos, hablar largo y tendido.
¿Y la luna? ¿Que pensamos sobre la luna? Mucho se ha escrito sobre ella contando sus beneficios para la naturaleza. Su influencia en la vida diaria de las personas, en la personalidad de cada uno de nosotros, en las mareas del mar que suben y bajan por la gravedad de la luna. Se han escrito poemas maravillosos, se han pintado cuadros increíbles. ¡Es la novia del firmamento!
¿Y las estrellase? Incontables, brillantes, también levitan en el cielo. Inspiradoras de cuentos. En momentos tristes por la falta de un ser querido buscarle entre ellas e incluso reconocerle en la que nos parece más brillante y hermosa. Cuantas veces ante una noche estrellada, me quedo ensimismada mirándolas y contemplándolas. Más de una vez han llegado a inundar mi alma al contemplar tanta belleza.
Y si sigo pensando en cuantas más levitaciones hay a nuestro alrededor creo que mis pensamientos son levitaciones de mi mente que se van, no tengo conciencia de a dónde pero si se que salen de dentro de mí y quizás se queden en el cielo cerca de las estrellas.
Me enfrento a un relato en el cual la levitación sea centro o la referencia de el mismo. Solamente me he enfrentado con este hecho cuando en el colegio nos hablaban de la levitación de los santos como algo extraordinario que se daba cuando esas personas estaban en extasis ante el Señor.
Pero no sólo hay levitación en el hecho de los Santos. Dentro de la naturaleza hay muchas cosas que levitan, levitan sin que nosotros pensemos en ello, sin darnos cuenta, sin ir muy lejos hemos vivido siempre con cosas que levitan a nuestro alrededor, levitan en silencio sin que siquiera ellos nos adviertan de lo que están haciendo.
Puedo empezar mencionando al astro más importante de la Tierra ¡ el astro Sol! Sin el no existiría la vida en la naturaleza. El nos da el calor tan necesario para el andar día a día, el desarrollo de todo lo que vive en el mundo. Él es el responsable del crecimiento de las plantas, de nuestros cultivos, de la luz del día y de tantas cosas, casi innumerables, es el causante de la formación de las nubes a consecuencia de la evaporación del agua de la tierra que se quedan suspendidas en el firmamento levitando, hasta que en algún momento, el adecuado, rompan y caigan en forma de agua, tan necesaria para cumplir con una de las necesidades de la humanidad. Y de este astro sol podríamos, sobretodo los eruditos, hablar largo y tendido.
¿Y la luna? ¿Que pensamos sobre la luna? Mucho se ha escrito sobre ella contando sus beneficios para la naturaleza. Su influencia en la vida diaria de las personas, en la personalidad de cada uno de nosotros, en las mareas del mar que suben y bajan por la gravedad de la luna. Se han escrito poemas maravillosos, se han pintado cuadros increíbles. ¡Es la novia del firmamento!
¿Y las estrellase? Incontables, brillantes, también levitan en el cielo. Inspiradoras de cuentos. En momentos tristes por la falta de un ser querido buscarle entre ellas e incluso reconocerle en la que nos parece más brillante y hermosa. Cuantas veces ante una noche estrellada, me quedo ensimismada mirándolas y contemplándolas. Más de una vez han llegado a inundar mi alma al contemplar tanta belleza.
Y si sigo pensando en cuantas más levitaciones hay a nuestro alrededor creo que mis pensamientos son levitaciones de mi mente que se van, no tengo conciencia de a dónde pero si se que salen de dentro de mí y quizás se queden en el cielo cerca de las estrellas.
viernes, 20 de octubre de 2017
f = m · a
f = m · a
El aviso del timbre me despierta de los pensamientos, cuando
quiero darme cuenta los alumnos ya están en silencio, cada uno en su sitio esperan
a que me levante de la mesa y comience la clase. Que paradoja, hoy mismo voy a
explicar la irrefutable segunda ley de Newton o ley de la gravedad. Demostraré que
existe un matrimonio sagrado entre masa y aceleración, y que fruto de esa
unión, su hija la fuerza de atracción, une los cuerpos a la tierra. Como cada año
escribiré en la pizarra su expresión matemática, f = m · a, dejaré caer de mi
mano la tiza al suelo, y explicaré que esa fuerza de atracción provoca que los
cuerpos desciendan con una aceleración determinada que se denomina gravedad.
Repetiré otra vez la misma anécdota de Newton y su manzana para poder captar
más aun su atención.
Siempre me ha fascinado la física, comprobar que sus teorías
son irrefutables, creo que por ello estudié Ingeniería y me dedique a la
docencia, me gusta explicar la leyes y saber que se cumplen.
Pero hoy va a ser diferente, no creo que pueda hablar con
tanta vehemencia a los alumnos, todavía me dura una sensación de aturdimiento de
lo ocurrido hace unas horas.
Esta mañana ella tenía ganas de sexo, me ha buscado y ha
encontrado la respuesta a sus caricias, por lo menos todavía existe algo de
atracción entre nuestros cuerpos, siempre le ha gustado hacerlo por las
mañanas, eso no ha cambiado. Seguimos follando, solo que ahora medio dormidos buscamos
esa dejadez y desapego que proporciona el placer somnoliento y narcotizado.
Como si de un ritual se tratara, ha dejado caer su ligero cuerpo
sobre el mío, acopladas las caderas y bien erguida ha utilizado peso y fuerza para
buscar su placer, poco a poco sus movimientos se han ido acelerando. No he querido
abrir los ojos, prefiero recordar cuando abrazados de verdad nos mirábamos el
uno en el otro. He notado que su momento iba llegar y de repente se ha hecho un
vacío, una falta de presión de su masa corpórea sobre la mía, con los ojos
entreabiertos la he visto allí, elevada sobre mí y gozando. No he querido
pensar, he cerrado los ojos con rabia para negar la visión y al momento la he vuelto
a sentir sobre mi. Pasados unos eternos minutos, se ha despegado, indolente y
en silencio a abandonado la cama. No he podido ni he querido buscar una explicación
de lo ocurrido, pero reconozco que ha escenificado la extrema separación y
distancia a la que hemos llegado.
El silencio ha presidido el desayuno, tampoco hemos cruzado
miradas de complicidad, hace tiempo que dejamos que nos separe un territorio
gélido, como si físicamente nos hubiéramos trasladado a sendas zonas polares,
allí también se encuentran alterados los fenómenos magnéticos.
No queda más remedio, voy a dar comienzo la clase y no podré
explicar a los alumnos que en mi matrimonio, un día falló hasta lo que nunca
podía fallar, la ley de la gravedad.
Paco Florentino
20 de Octubre de 2017
jueves, 19 de octubre de 2017
Punto de vista múltiple en primera persona
Hola a todos,
Julián tenía razón y La señorita Cora, de Cortázar es un magnífico ejemplo del punto de vista múltiple en primera persona. Copio el enlace para que lo leáis:
http://ciudadseva.com/texto/la-senorita-cora/
Julián tenía razón y La señorita Cora, de Cortázar es un magnífico ejemplo del punto de vista múltiple en primera persona. Copio el enlace para que lo leáis:
http://ciudadseva.com/texto/la-senorita-cora/
miércoles, 18 de octubre de 2017
RAQUEL
RAQUEL
Me gusta coleccionar cajitas de todo tipo, una vez me
dijeron que simbolizaban el útero materno… ¡quién sabe!
Las mañanas de domingo acostumbraba a pasear por los
mercadillos en busca de alguna que me llamase, aunque cada vez era más difícil
encontrar algo especial.
Aquella era una de esas mañanas en que parece que la vida se
viste de fiesta y nos invita a disfrutar de ella.
Había quedado a desayunar con mi amiga Raquel en una terraza
de la Plaza Mayor. Estábamos a mediados de Noviembre, pero todavía se agradecía
la sombra y el suave airecito de la sierra.
Me gustaba la compañía de Raquel porque con ella nos
sumergíamos en el alma y nos ayudábamos a crecer. Nuestra amistad había
sobrevivido a muchas tempestades que la habían hecho más fuerte. Conocíamos
nuestra luz y nuestra sombra, incluso nuestras peores traiciones.
Nos habíamos encontrado en el Instituto, cuando estudiábamos
bachillerato. Ella siempre había estado más centrada que yo. Siempre tenía
claro lo que quería o debía hacer.
Justamente, aquellos días, andaba yo dándole vueltas a una
oferta de trabajo que me llenaba de contradicciones.
Me habían ofrecido un puesto de selección de personal y
asesoría de recursos humanos en una gran empresa. Un puesto muy bien pagado,
con un horario flexible… en fin…, un lujo.
Pero, era un “regalo envenenado”: tenía que poner mi
conocimiento al servicio de la empresa, sin duda, en muchas ocasiones, pasando
por encima de los derechos y el equilibrio emocional de las personas.
Estuvimos hablando, largo y tendido, sobre nuestras
necesidades, nuestros intereses, nuestros valores, intentando ver prioridades…
En cualquier caso la decisión era mía.
Cerramos el tema y nos lanzamos al callejeo por ese mundo
insólito de objetos abandonados, que un día fueron deseos, ilusiones, regalos,
muestras de amor o de amistad… y que por una u otra razón han perdido su valor
o su sentido. Objetos tan apagados, deslucidos, quebrados, que hay que buscar
en su alma para encontrar su belleza.
Raquel se detuvo en uno de los puestos y cogió una cajita
redonda de madera rojiza con incrustaciones de marfil y maderas de diferentes
colores. La dueña del puesto nos dijo que era muy antigua y procedía de una
casa-palacio de la nobleza de Granada.
Raquel estuvo abriendo y cerrando la caja, escuchando su
sonido, olfateando su interior, me miró a los ojos y me dijo:
-Esta caja me ha saltado a las manos y me ha transmitido una
energía extraña, mezcla de fuerza y sosiego y quiero que sea para ti.
-¡Gracias Raquel! Es perfecta. Le daré un lugar preferente
en la casa, donde siempre me acompañe.
Nos abrazamos y seguimos curioseando cogidas del brazo calle
Curtidores arriba hacia Carlos Arniches a buscar libros curiosos, otro de
nuestros vicios compartidos.
Íbamos ya camino del metro cuando Raquel se paró, me cogió
las manos, y me dijo:
-Tengo una noticia que darte…No te asustes, pero no puedo
seguir ocultándotelo, en la revisión me
han encontrado unos quistes en un ovario y parece que no tienen muy buen
aspecto.
-¿Cómo? ¿Quieres decir…?
-Sí, eso quiero decir.
Sentí que me rompía por dentro, quise abrazarla, pero
enseguida me apartó…
-Lo siento, pero no puedo hablar del tema, por eso he
esperado al último momento. Lo que tenga que ser será. Solo puedo decirte que
estoy dispuesta a luchar con todas mis fuerzas, pero, ahora, por favor deja que
me vaya.
Se fue y yo me quedé sin aliento, abrazada a mi cajita.
Como un autómata cogí el metro y vi pasar las estaciones con
la mirada perdida.
Al llegar a casa, puse
la caja en mi rincón de trabajo y, por fin, sobre ella pude volcar el llanto, el desconcierto y la rabia.
Unos días más tarde tuve que contestar a la oferta de
trabajo. Había decidido que si Raquel podía enfrentarse al monstruo yo también
podría aprender a moverme entre dos aguas y salvar mi dignidad. Este era “un
trabajo de verdad” y ¡Necesitaba tanto
algo seguro dónde apoyarme!
Empecé en la nueva empresa. Al principio todo perfecto,
organizar dinámicas de grupo, formar equipos, dar formación en liderazgo a los
mandos intermedios…
Una semana después me llamó Raquel, se habían confirmado los
peores presagios: era maligno y había metástasis. La iban a ingresar para un
tratamiento experimental.
Aunque el trabajo cada día me demandaba más, estuve a su
lado cada día, en cuanto tenía un hueco, intentando mantener la alegría y las
ganas de vivir.
Cuando llegaba a casa ponía mis manos sobre su cajita
tratando de transmitirle fuerza para luchar. No soy yo de rezar, pero eso era
lo más parecido que sabía hacer.
Una madrugada, mientras preparaba la formación del día
siguiente, de pronto, noté que la caja vibraba, incluso parecía que se había
desplazado un poco sobre la mesa.
-¡Uf! Tendré que descansar porque ya alucino.
Pero, en ese momento, se elevó hasta situarse frente a mis
ojos y vi cómo se iluminaba su interior.
Creí que estaba soñando y me restregué los ojos, pero allí
seguía.
Enseguida supe qué había pasado.
-¡Raquel!
Volé hasta el hospital solo para confirmar su muerte.
Me sentí perdida en el desconcierto, huérfana de amistad,
tratando de asimilar esa inexplicable ausencia, tratando de comprender lo
incomprensible.
Cada noche, me sentaba frente a su cajita, la cogía entre
mis manos y le contaba tantas cosas que nos quedaron por hablar. Algunas veces
volvía a vibrar y se elevaba hasta apoyarse en mi hombro o se situaba sobre mi
Ipad o daba algunas vueltas por la habitación, como respondiendo con su baile a
mis dudas. El caso es que podía adivinar sus palabras
Nunca comenté aquello con nadie. ¡Cómo explicarlo!
Y, como suele ocurrir, aunque no lo creamos, todo termina
por convertirse en una costumbre, y, como tal, lo incorporé a mi vida.
Para no hacerme muchas preguntas me había volcado en el
trabajo, pero cada día aquello se iba volviendo más complejo. Con demasiada
frecuencia se me demandaban funciones que no me correspondían. Cada vez se me
hacía más difícil sostener un equilibrio.
Esos días, cuando llegaba a casa, la caja despegaba y giraba
con furia dándose golpes en las paredes.
Hasta que llegó lo que más temía: La empresa decidió cambiar
sus objetivos de producción y sus métodos de trabajo, había que hacer una
reestructuración: En resumen, despedir casi a la mitad de la plantilla. La
empresa confiaba en mí para hacer una selección del personal que podía quedarse
por su capacidad de adaptación a los cambios.
Durante varias semanas estuve sumergida en el caos. Me dije
que alguien tenía que hacer el trabajo sucio, que si no lo hacía yo, lo haría
otro y podía ser peor. Traté de contemporizar con unos y con otros, de buscar
alternativas, pero la empresa me devolvía una y otra vez al mismo punto.
Busqué a Raquel. ¡Cómo sentía su ausencia en esos momentos!
Pero su caja estaba como clavada a la mesa, vibraba, por debajo de la tapa se
veía su luz interior, pero no lograba siquiera cogerla en mis manos.
Estaba claro, la respuesta estaba en mí, tenía que tomar una
decisión, en una situación así no se puede ser neutral, no hay escapatoria.
Por respeto a mi misma yo no podía asumir aquella “tarea”.
Así que presenté mi dimisión irrevocable.
Me sentí libre por fin. Libre y en armonía conmigo misma.
Libre y con fuerza para enfrentar el futuro.
Llegué a casa, abrí todas las ventanas, busqué mi música
favorita y me puse a bailar como si no hubiera un mañana.
De pronto sentí que alguien me acompañaba: estaba bailando
conmigo.
Caí derrotada en el sofá justo a tiempo de ver cómo volvía a
su sitio.
Su luz interior se hizo más brillante, hizo saltar la tapa y
me envolvió como en un abrazo. Un abrazo que hubiera deseado eterno.
Pero, poco a poco, se separó de mí y pude ver cómo, a través
de la ventana, se iba diluyendo en el
azul de la noche.
lunes, 16 de octubre de 2017
INGRÁVIDOS
Hace tres días que empezó todo. Comenzaron a elevarse del
suelo los pies, cada vez que andaba, por la casa Le llaman: ¨levitar” - lo que
dicen que les pasa a los santurrones cuando alcanzan la divinidad- Pero esto no
se trataba de santos, esto era todo un plan tejido desde las catacumbas
económicas del poder para acabar con la superpoblación planetaria
Llamé a Luis para que viniera a casa, para ver si sabía
de algún plan alternativo, o se le ocurría algo que pudiera hacer para
contrarrestar la levitación. Nada más lo tuve delante de mis narices inicié la
diatriba Él sentado en el sofá parecía dispuesto a escuchar La verdad es que
yo, hablaba sin parar, era incapaz de detener el alegato, de palabras que
salían atropelladas desde algún lugar de mi alborotado cerebro. Luis miraba con
sus ojos castaños al infinito. Tenía la impresión, que para nada estaba
escuchando lo que decía Iba de un lado al otro del salón sin dejar de
parlotear. Fumaba sin parar; encendía un cigarrillo; antes de que se apagara el
que llevaba en la boca. Abría el bar y con las manos temblorosas llenaba vasos
de ginebra con hielo, algunos de ellos los dejaba olvidados sin tan siquiera
probarlos, encima de cualquier mueble Era incapaz de parar quieta un instante
aunque, lo mismo unas veces como adoptando un aire de descanso, iba a sentarme
en el sofá y permanecía como inerte flotando en un limbo de indecisión;
y otras solo al dejar caer el trasero me enderezaba de un brinco como si un
resorte me lanzara despedida, hacia el techo Pero no albergaba duda alguna:
Luis pasaba de mí. No estaba enterándose de nada.
─ ¡Puedes calmarte
Nuria, por favor! Así no vas a ninguna parte.
─ ¿Dime: tú estarías
tranquilo sabiendo que te van a desahuciar la semana que viene?
─No me habías dicho
nada. ¿Desde cuándo lo sabes?
─Eso ahora que importa.
Lo van a hacer y punto; Luis, me quedo sin casa y luego ya sabes lo que viene.
─ ¿Te está pasando
Nuria?
─ ¿El qué?
─ Sabes a qué me
refiero.
─ Bueno ya empiezo a
tener dificultades para pisar tierra de nuevo cuando me elevo unos metros del
suelo. Pero no estoy todo el día flotando, si es eso lo que quieres saber: ¡No
aún no he llegado a eso!─
Luis inclinó su cuerpo hacía adelante lanzando una mirada
furtiva a mis pies; para ver si estaban pegados al suelo -o levitaba- Al ver
que mis pies estaban a un palmo del suelo, hizo un gesto de desagrado y negó
con la cabeza. ¡Cielos exclamó! Es demasiado tarde te consideran ingrávida. No
sé qué vas hacer. Esto pinta muy feo Nuria.
No me atrevía a preguntarle nada. Iba aflojándome por
dentro como si de golpe me hubiera quitado un corsé que me apretara la cintura
y no me dejase respirar. El corazón me latía deprisa miraba angustiada a Lui
Noté como un nudo en la lengua. Estaba bloqueada, no me daba para pensar. Al
mismo tiempo comencé una ascensión desmesurada mis pies comenzaron a elevarse a
unos metros del suelo. Al ver como ascendían unos centímetros más pude darme
cuenta que no resultaba posible acercarme a Luis. Cuando el temor a perderlo
surco por mi cabeza vi como Luis se levantó del sofá y pronunció la frase fatídica que no hubiera
querido escuchar nunca: ─Tengo que irme, Tengo cosas que hacer.─
─Quieres decir que me
dejas plantada –le dijelevantando el tono de voz ante la dificultad de
acercarme-
─Perdona ¿Cómo dices?
No te oigo─
En ese mismo instante
corrió como despavorido por el pasillo abrió la puerta y salió de manera
precipitada Cerró de un portazo, dejando sobre el sofá el abrigo y el sombrero.
No pienso que tuviera ninguna intención de volver a rescatarlos.
Había llegado el momento que yo tanto temía. Desde hacía
meses sabía que iba ocurrir. La verdad que podía habérselo contado a Luis nada
más me llego la carta de desahucio, pero ahora ya no había nada que hacer. Nada
de lamentaciones Una siempre espera que las cosas se resuelvan, por si solas
Que en el último instante todo llegue a
buen puerto y como siempre nos equivocamos. Ellas, las cosas siempre siguen su
curso. Ahora es imposible volver atrás, la levitación es un hecho, además estoy
desahuciada. Son dos realidades, dos sucesos, contra los cuales -como bien ha
dejado dicho Luis- no puedo hacer nada
Ahora a riesgo de morir desintegrada tengo que dejar la casa y pensar en
mi nueva identidad No todo está perdido.
Si tengo un nuevo atributo, otra nueva facultad que se trata ni más ni menos
que de levitar: todavía, me queda la capacidad de adquirir nuevas habilidades
que desconozco. Dado mi condición habitual lo primero que tengo que hacer es
unirme a mis semejantes. Acercarme y relacionarme con ellos, porque desde hace
días pertenezco a un nuevo mundo. Al universo de los ingrávidos.
Al salir a la calle advertí que si bien la levitación era
ventajosa en casi todos los terrenos. Poder levitar es un placer que lo
recomiendo, tenía un gran inconveniente:
─Al mismo tiempo que ganabas en ingravidez y podías subir cada vez más alto y
desplazarte por el aire solo con impulsar tu cuerpo en el aire, también eras
incapaz de poder descender al suelo. Solo alcanzabas a hacerlo,si tenías la
suficiente fuerza como para que tus manos pudieran aferrarse a cualquier
asidero de las paredes de los edificios y aún así cuando llegabas a ras del
suelo sino estabas bien sujeta volvías de nuevo a levitar.─
Todo lo que os cuento había llevado a mis semejantes
ingrávidos adoptar formas de sobrevivir insólitas. La mayoría preferían
establecerse por debajo de redes o lonas - como la de las carpas de los circos-
ancladas a las paredes de los edificios con enormes escarpias Muchas de ellas
eran de grandes dimensiones y ocupaban hasta manzanas enteras. También a lo
largo de la ciudad podían verse otras carpas de menor tamaño –unifamiliares por
decirlo de alguna manera- y en las afueras de la ciudad, en el extrarradio los
ingrávidos menos pudientes sembraban el lugar de toldos apretujados de distintos
colores lo que daba la impresión de un mosaico deforme e indecente, como de una
arquitectura malcarada que enturbiaba que enturbiaba la otrora belleza de la
ciudad.
Intenté adaptarme primero en una gran carpa repleta de
artilugios similares a escaleras instaladas estratégicamente para poder
descender. La elegí porque estaba cerca de mi casa. Lo mismo la cosa cambiaba y
restablecían la gravidez a los que la habíamos dejado de tener. Pero el acoso
al que nos sometían los habitantes –diríase grávidos- era constante. La policía
desde los helicópteros que patrullaban sin descanso desgarraban los techos de
las grandes carpas y cuando menos lo esperábamos cientos de los ingrávidos
comenzaban a levitar, sin que nada pudiera detenerlos desvaneciéndose para
siempre en el firmamento. Ante la frecuencia de los ataques, me mudé a una
carpa unifamiliar, pero los problemas para aceptarme como de los suyos se
multiplicaban conforme pasaban los días. Decidí dar por concluida mi estancía y
me mude al extrarradio. Aquel lugar era infernal, además de una gran
peligrosidad. No solo la gente más marginal subsistía bajo aquellos toldos que
conformaban chabolas insalubres –los excrementos de los ingrávidos flotaban y
quedaban pegadas a los techos o vagaban por la atmosfera, las peleas por
conseguir asideros rudimentarios para no acabar perdidos por el cosmos eran
continuas y carecían de ningún tipo de
orden que asegurara la convivencia. Por si escaseaban los problemas, los
vecinos grávidos organizaban batidas para quemar toldos cada semana.
Todos mis intentos para modelarme como un ingrávido más,
acababan convertidos en fracaso. Me las arreglé para conseguir un móvil Nunca
pensé que algún día acabaría trepando por las paredes, llamando a la ventana de
un vecino desde fuera para ofrecerle mis servicios. Era una forma de ganarse la
vida.- Un polvo con una mujer joven suspendido en el aire era muy buscado por
los hombres que gozaban de la atracción magnética terrestre-.
Llamé al capitán de la policía de mi antiguo barrio, había
sido muy amigo de mi padre cuando aún vivía. Sabía que me apreciaba mucho.
Cuando mi padre murió me ayudo a salir adelante, hasta que llegó la maldita
crisis. El capitán cogió el auricular.
─Nuria todos los que
signasteis los préstamos hipotecarios estabais enterados de las condiciones,
que aplicarían los bancos ante el impago. Una de ellas, era la de poder usaros
como personal sujeto a experimentación. ¡La aceptasteis ¿No?! O es que tú
Nuria, no les distes permiso para instalarte debajo de la piel de tu brazo
izquierdo un chip para su activación en caso de no poder cumplir con la deuda.
─ Pero yo no podía
imaginarme…-no me salía la voz y empezé a sollozar
─Lo de la crisis
verdad. Pero ha ocurrido y se os ha llevado por delante. Ahora ellos pueden
cumplir con su plan.
─¿pero hay un
plan?-alcancé a decir.
─Por supuesto que lo
hay Es la única solución que tienes. Aceptarlo o morir.
Unas semanas más tarde una colosal nave , con cientos de
miles de ingrávidos bautizada con el nombre de Hercules XI partía rumbo a Marte
Uno de sus viajeros era Nuría que a través de una pequeña escotilla miraba por
última vez el suelo de la tierra. La nostalgia
se despertó en medio del aturdimiento que producía el sonido del rugir de la
aeronave y recordó cuando de pequeña jugaba con su hermano a levantar el polvo
de los caminos de su pueblo dando impetuosas pisadas y cuando la nave despegó
recordó los paseos que junto a la orilla del mar le regalaba su madre cada
tarde, cuando el crepúsculo se acercaba Se había convertida en una ingrávida.
No sabía dónde la transportaba el poder de levitar.
domingo, 15 de octubre de 2017
Banalidades
Banalidades
A mí me gusta beber. Beber alcohol, por supuesto. Lo
demás es hidratarse o alimentarse, pero para mí, beber es un verbo que me huele
a alcohol. Y me gusta en reuniones, en fiestas, en orgías; pero, por lo
general, me gusta más cuando estoy solo, si es que existe eso de estar solo. Ahí
aprovecho para rumiar tranquilamente mis pensamientos más recurrentes, oír
música prestándole toda mi atención a un mismo tema una y otra vez hasta
encontrarle su sentido más prístino o llevarme al hastío pasito a pasito, suave, suavecito… Pero últimamente dedico mis
tardes-noches de beber solo para hojear libros empolvados, buscando fragmentos
subrayados o con notas a los costados para ver si aún así, fuera de contexto,
tienen algún significado para mí.
Hace unos días tomé un viejo diario de campo que encontré
en un cajón del escritorio. Con una mano lo sujeté del lomo y con los dedos
índice y pulgar de la otra empecé a ejercer presión al costado contrario del
lomo, deslizando el pulgar hacia el índice, dejando pasar rápidamente las hojas
de un lado a otro para detenerme en cualquiera, al azar. Allí encontré un texto
que decía:
<<Hoy amanecí con una pereza existencial
inmarcesible. Una tentación terrible a no hacer nada. Sólo pensar en bañarme,
vestirme, tomar mi grabadora y mi diario; hacer entrevistas, encuestas,
talleres… me parece un suplicio. Y es que ayer no fue un buen día. Antes de
salir de casa, mientras desayunaba, apareció de nuevo mi tía con su retahíla:
que se me estaba haciendo tarde como siempre, que me voy sin lavar un solo vaso,
que todo huele a tabaco, que consiga un trabajo de verdad, que esto, que lo
otro. En fin, lo de siempre, pero unas veces cansa más que otras. Y cuando más
cansa es cuando más reconozco que ella tiene la razón en todo lo que me dice. Entonces
me vuelve el remordimiento, la nostalgia de añorar lo que nunca jamás sucedió,
como cantara Sabina, y la culpa que pesa tanto. Todo me pesa demasiado. Ojalá
de un momento a otro me llegara un alivio, que todo se hiciera liviano. Que
nada nos jalara hacia un centro de la nada y así ver esta libreta y mi lápiz
danzar por el aire en esta habitación. Y yo, flotando también, haciendo vanos
esfuerzos por agarrarlos. Todo liviano, todo flotando. Mi tía no podría decirme
nada porque no encontraría ninguno de sus vasos, ni los limpios ni los sucios.
Y menos aún podría reprocharme el ir tarde al trabajo (que para ella no es
trabajo) porque nadie podría llegar a tiempo. Nadie podría tomar la dirección correcta.
¡Pero vaya estupideces digo! ¡Si lo que me pesa adentro, en mi cabeza y alma,
no se rige por gravedad alguna! Andaría igual de mal, pero flotando. Sin
siquiera poder escribir. Mejor dejo este tema acá y empiezo a anotar las cuestiones
realmente importantes, que ya se me está haciendo tarde…>>
En adelante sigo con anotaciones del trabajo (bastante
aburridas, por cierto), que era la verdadera razón de ser del susodicho diario. ¡Pero qué cantidad de banalidades torpes escribía en aquella época! Con razón
al poco tiempo me quedé sin empleo. A mí que no me pongan a flotar nada, que
por ahora el vino en esta copa están muy bien. No necesito más.
Levitando...
RELATO: LEVITANDO….
Era
miércoles. ¡Bendito miércoles! Ese día en que podía salir del trabajo durante
unas horas. Salir a “documentarme”. Sí, documentarme, porque trabajo en una
empresa de productos ecológicos como “cazadora de tendencias”, como se dice
ahora. Visito supermercados, fruterías, para ver lo que suelen comprar los
jóvenes de hoy, jóvenes entre 20 y 35 años preferentemente. Mi empresa quiere
lanzar un nuevo producto dirigida a esta franja de edad.
Cogí
pues mi mochila y mi chaquetón y ¡a disfrutar!
Es
la parte que más me gusta de mi trabajo. Y no la parte aburrida de despacho,
manejando datos y estadísticas. ¡Uf! ¡No!
Al
levantarme de la silla noté como un mareo, como si estuviese en una noria. Sí,
eso era, como en una noria ¡Con lo que yo me mareo en esos artefactos! A pesar
de ello, y sin darme cuenta, me vi ya abajo, caminando ligera calle abajo, y, a
diferencia de otras veces, sin cansancio alguno.
Pero
el mareo seguía ¿Qué era esto? ¿Qué me estaba pasando? ¿Estaba flotando?
¿Volando? ¿Levitando?
No,
no podía ser. Eso no le pasaba a la gente normal.
Pero
sí. Era cierto ¡Levitaba!
¡Socorro! ¡Ayuda! Pero nadie me oía.
Veía
la ciudad allá abajo y cada vez más pequeña. Al principio sabía dónde estaba,
pero pronto me perdí ¡Con el poco sentido de la orientación que yo tengo y me
tenía que pasar esto a mí!
Probé
a controlar la situación, pues hasta ahora solo levitaba, pero una fuerza
extraña me empujaba ahora de aquí para allá, hacia no se sabía dónde.
Y
sí, lo conseguí. Controlé.
Pero,
¿a dónde dirigirme? ¿Sabría volver? Y, sobre todo, ¿cómo explicar mi situación
a la vuelta? Pero esto no era lo que más me preocupaba.
Aunque
también pensé: ¿Y si aprovechaba para realizar mi trabajo de observación?
Volando como estaba ¡podía visitar más sitios en menos tiempo! Pero claro,
¿cómo me iba a meter en las tiendas volando? Se mueren del susto. Lo mismo creen
que soy un dinosaurio volador de esos de las películas y salen en mi caza.
Porque con Wonderwoman, (y 90kg a cuestas), no, no me iban a confundir.
A
ver, tenía que pensar rápido.
Pues mira por dónde: estaba
sobrevolando un centro comercial con hipermercado y todo. Y, ¡Oh, là, là!, con
un solar cercano lleno de escombros. Lo que yo necesitaba.
Conseguí
acercarme a él lo más posible. Vi una soga deshilachada pero fuerte y la até a
una pesada pieza metálica de por allí. Até el otro extremo a mi cintura. Por
fin lograba pisar tierra de nuevo. Pero ¿qué yo podía andar con lo que pesaba
aquello? Claro, no era Wonderwoman. Pero, en todo caso, presentarme de esa
guisa en el centro comercial no era la mejor idea. Una puede ser moderna pero
este look no creo que triunfara.
Desistí
de mis observaciones, ya tenía suficiente por hoy. Tanta ventaja que le vi al
asunto al principio y ahora solo estaba cansada de mis esfuerzos por anclarme a
tierra de nuevo, mareada de tanto vuelo inútil y solo quería volver a mi
querido despacho. Sí, querido ¡Hasta lo echaba de menos!
Como
esta zona sí la conocía, me deshice de mi lastre y eché a volar de nuevo.
No
me costó mucho llegar. Gracias a Dios la ventana estaba abierta ¿Abierta? ¡Qué
raro!
Me
senté exhausta y aliviada a la vez pues ¡ya no levitaba! ¡Pero qué cansada me
sentía…!
De
repente oí pasos rápidos y decididos que se acercaban a mi puerta y que me
despertaron de la ensoñación en la que había caído por momentos. ¡Eso era!
¡Ahora caigo! ¡Todo había sido un sueño! ¡Qué alivio!
Una
de mis ayudantes entró precipitadamente en el despacho y empezó a explicarme
que varios compañeros de mi equipo habían venido a hablar conmigo y no me
habían encontrado, porque se suponía que yo tenía que volver a las 5 ¡y eran
las 8! Ella misma venía a comprobarlo con sus propios ojos. Y, sobre todo, les
había extrañado además que, en pleno invierno, y con lo friolera que yo era,
¡tuviera la ventana abierta! Y por cierto, por dónde había entrado que nadie me
había visto…
Yo
solo sé que abrí los ojos desorbitadamente y me pregunté: ¿que no había sido un
sueño todo aquello?
La
secretaria me estaba mirando fijamente y me decía: ¿Te encuentras bien? Estás pálida.
Y yo pensé
entonces: ¿Qué no sería yo una Wonderwoman después de todo?
Teresa Báguena
sábado, 14 de octubre de 2017
Y si nunca hubiera caído.
Y si nunca hubiera caído.
Wolsthorpe Manor, Condado de Lincolnshire, Otoño de 1666.
Me desprendo de la rama precipitándome a toda velocidad hacia el suelo, puedo distinguir cada segundo con mayor claridad las briznas de hierba, como hebras separadas entre sí, casi puedo distinguir las hormigas corriendo entre la hierba, asustadas ante mi inminente caída. Y sin embargo, por qué descender perpendicularmente al suelo; así es como va a suceder. La hierba crece y crece ante mis hojas, cada vez se va haciendo mas grande me queda poco tiempo para impactar cuando estoy a punto de hacerlo, me detengo y comienzo a flotar, algo se interpone en mi camino; reparo en una pequeña espesura, que no identifico. Parece la parte superior de uno de esos seres que he visto acercarse al árbol que habito. Distingo una especie de filamentos cilíndricos que nacen en su piel, la cubren y se ondulan para acabar cayendo sobre sus hombros. Algo me atrae con una fuerza irresistible. Comienzo a caer de nuevo, me resisto y consigo vencer la fuerza que me lleva; mi descenso se interrumpe de nuevo bruscamente. Tras el susto inicial comienzo a girar sobre mi misma, me detengo y miro detalladamente el interior de esa espesura, y sigo el largo camino que trazan los filamentos, y vuelvo a subir, topo con su cara y cumplo a rajatabla con la primera ley, la inercia y persevero en mi estado de reposo. Abre sus ojos de par en par y extiende rápidamente su brazo tratando de asirme. Me desplazo lateralmente a toda velocidad en dirección opuesta a su mano. Se pone en pie e inicia una persecución, corre por la hierba intentando alcanzarme, mientras yo subo, bajo, giro sobre mi misma, obligándole a saltar, caer, rodar y ponerse en pie de nuevo. Me gusta este juego, la vida en la rama era mucho mas tranquila.
No puede alcanzarme y agotado vuelve a recostarse contra el tronco. Soy consciente de mi poder, he dejado de caer inexorablemente y puedo detenerme, subir rápidamente y bajar lentamente, o mas rápidamente, no existe el rozamiento y puedo ejercitar toda clase de piruetas, lastima que mi forma esférica, no me permita grandes acrobacias. Subo, bajo, me lanzo a un lado y a otro, aumento y disminuyo la velocidad a mi antojo.
Apoyado contra el árbol, sus ojos se abren cada vez más, sin duda mis acrobacias lo han dejado atónito.
Parece nervioso, voy a acercarme al árbol para poder observarlo con mayor detalle, tal vez quiera que juguemos de nuevo. Me deslizo hacia arriba pegada al tronco sobre el que esta recostado y doy la vuelta hasta situarme de nuevo encima. Su mano se agita nerviosa sobre la espesura de filamentos dorados, gira sobre si mismo, se pone en pie de nuevo, creo que me busca, me coloco sobre él de forma que no pueda verme.
Me escondo pegada tras el tronco, observo que está cada vez mas agitado, va y viene con las manos a la espalda, mira ahora cielo, luego al suelo de forma nerviosa y agitada y finalmente exhausto se sienta de nuevo. No estoy segura de acercarme más, tal vez no le ha gustado el juego. Me siento cansada empiezo a subir hasta mi rama y a punto de alcanzarla siento esa fuerza nuevamente que me atrae irresistiblemente hacia el suelo, me resisto con todas mis fuerzas, mi rabillo y mis dos hojitas, tiran hacia arriba hasta el limite de sus fuerzas. Es inútil son incapaces de soportarlo mas e impacto contra la cabeza y rodamos por el suelo.
Ell impacto me ha dejado inconsciente me despierto en su mano, delante de una enorme caverna protegida por dos filas de dientes y una especie de tobogán rojizo.
Las filas de dientes que protegen el interior de la caverna se cierran sobre mí y en mi caída alcanzo a oír, en un grito de alegría EUREKA.
Las Ciegas
Mi
deseo de que desaparezcas va en aumento estrepitoso cada día.
Irracionalmente busco tu presencia física a través de mi ventana.
Ese tamaño de balón de fútbol te permite ser muy osado detrás de
las macetas. Cuando te diviso,
noto como la cara se me transfigura en un gesto de repugnancia
y quisiera ser lo suficientemente maníaca como para gritarte a pleno
pulmón: ¡cállate de una vez maldito perro patada! ¡Tírate del
balcón abajo y desaparece de mi vista!
Y
no es precisamente que una sea parca en paciencia, Jacobo, el chico
que me plancha los vestidos los domingos de buena mañana, opinaría
que peco de lo contrario: '¡ni María Teresa de Calcuta! En esta
escalera no aguantaba yo un minuto de microondas'. Y reafirme mi
cualidad mansa que a pesar de la alerta mental que asalta a mi
cerebro cada vez que escucho la retahíla jacobea, nunca la ejecuto
según su correspondiente materialización lingüística: '¡que no
es María que es Madre, ignorante!'
La
cosa es que las urbanizaciones residenciales donde una no se cruza
más que con árboles, contenedores de reciclaje y runners, no han
sido mi entorno favorito para desarrollar la destacable potencialidad
creativa que me caracteriza, o al menos así me lo cercioran las
diferentes instituciones de las que recibo la adecuada socialización
. Mi abuela fue la primera en apodarme Antoñita la Fantástica, mi
compañero del coro me pregunta cada ensayo por el número de mi
camello y la jefa de correos insiste en proclamarme año tras año
responsable de festejos en mi oficina de destino. Así pues, para
sostener el nivel de originalidad que se me presupone, preferí
alejarme de esos lugares alienados del diario que de tan neutros y
homogéneos insultan la diversidad humana, y habituarme a las
comunidades vecinales y a los barrios, digamos, más excesivos. Por
consiguiente, cada vez que un programa software de la administración
pública decide según la meritocracia establecida mi próxima
fortuna, así empaqueto ciertos bártulos, practico el desapego con
otros ciertos y zarpo hacia el siguiente barrio con la emoción de
conocer a mi nueva hornera y a mi presidente de la comunidad. Jacobo
será el único paisaje conocido, dice que planchar los volantes de
mis vestidos le apasiona.
De
esta manera he llegado al barrio de Las Ciegas. La oficina de correos
correspondiente no está precisamente cerca, son unos tres cuartos de
hora en mono-ciclo. A pesar de tal distancia, elegí instalarme aquí
y notar con satisfacción como mi equilibrio va mejorando a zancadas,
hasta Jacobo ha caído en la cuenta, no hay tantos jirones en los
volantes, dice.
Más
que escuchar rumores, los he leído en las webs que consulto a
menudo. Las Ciegas es uno de esos barrios donde pasan cosas
extraordinarias, aunque la vecindad lo resuma en un 'simplemente
pasan cosas, punto'.
Hasta
el momento, he disfrutado de mi tarjeta como extranjera de raza
blanca y occidental en el barrio. Es la autoridad más ambicionada en
muchos lugares del mundo por sus innumerables privilegios, a los que
es fácil que, siendo europea caucasiana, accedas sin despeinarte un
caracol del flequillo, por lo que no iba a ser menos en Las Ciegas.
Este estatus me permite pasear mi mentón altivo sin sospecha, e
incluso ser requerida en papel de mediadora moral si el hecho
acaecido tuviera pinta de desembocar en una no-resolución, porque en
Las Ciegas cualquier acontecimiento se solventa, no existen asuntos
pendientes, y el medio no provoca un debate nacional sobre el mal y
el bien. La sabiduría popular comenta que de aquí vendría este
conocido apodo del barrio de Las Ciegas, oficialmente llamado de la
Virgen de la Merced y los Cautivos.
Si
digo hasta el momento es porque algo urdo, y si algo urdes una debe
inmiscuirse en el barrio como actriz protagonista de su telenovela
particular, a pesar de la pérdida que significará de mi extranjería
inherente. Realmente, pasar a ser una ciega más no activa otra
emoción que la de recobrar mi habitual estabilidad, actualmente
hecha miles de añicos que punzan y arañan cada noche que su agudo
ladrido alcanza mis oídos.
La
otorrina del ambulatorio ha diagnosticado que las llagas del tímpano
no sanarán hasta que desaparezca la causa que las propicia. El
departamento de Psiquiatría del hospital en proyecto
interdisciplinar con el de Física de la universidad politécnica
estudian el caso hipotético en el que la agudeza de un sonido
animal, en dosis interválicas pero continuadas y en un periodo de
tiempo duradero, podría provocar un problema social de incremento de
población con desequilibrio mental, para lo cual nuestras arcas
estatales no estarían preparadas.
Por
tanto, tomar partido en este caso conlleva, no solo beneficios
exclusivamente personales tales como la recuperación holística de
mi salud y la superación del rito iniciático de entrada a la
comunidad de Las Ciegas, sino también una acción en pro del bien
común.
Desde
mi ventana puedo verte, tu también a mi. La calle que nos separa es
suficientemente estrecha como para que también pueda detallar tus
rutinas. A la par las de tu amo. Voy tomando notas como me ha
recomendado Adela: describe tiempos y espacios, dice, tan minucioso
como esos diarios de ovulación cuando tratas de quedarte preñada.
Adela vende ajos en la esquina los miércoles, el resto de los días
trabaja como administrativa en el sicariato del barrio. Fue ella
quien me dio la cita con Teo, apodado la Alquimista. Teo no tiene
género, o mejor dicho tiene dos, Teo es hombre cuando proporciona
los cuidados básicos en la residencia de mayores, y mujer cuando
fabrica venenos para ejecutar los asesinatos del sicariato. Tanto a
Adela como a Teo mi problemática les ha parecido de justicia social,
están dispuestos a ayudarme aunque aumentando mínimamente la cuota,
deben externalizar una parte del servicio dado que entre sus
principios éticos no se recoge el intrusismo laboral. En cuanto
realicen una pormenorizada revisión de mis notas y les respondan los
traficantes de setas, recibiré una carta y un paquete en la ofician.
Deberé proceder tal cual se indica sin mas cuestiones.
Últimamente
no puedo evitar que mi lenguaje corporal comunique un estado
angustioso, además he empezado a aullar para contrarrestar sus
ladridos. Sé que algo intuyes, animal de cuatro patas, pero has
perdido tu identidad de mascota entrañable. Mis aullidos te espantan
y soy yo la que se relame, aunque ese sonido agudo que emites lo
estés transformando en un llanto estridente y las llagas de mis
oídos sangren y duelan como tu rabia.
Hoy
ha entrado una niña en traje y chaqueta a la oficina, con una carta,
un paquete y una rata en su hombro izquierdo. Exquisitamente educadas
ambas han procedido a la entrega, recogido mi dni y mi firma en su
ipad y apretado mi mano en señal de cierre de contrato.
Esta
vez he preferido no usar el mono-ciclo de camino a casa, el paquete
no es precisamente pequeño y manejable y los síntomas acusados de
vértigo que padezco modifican el eje que equilibra mi habilidad
ciclista.
Por
fin ha llegado la hora establecida en la carta, seleccionada según
un estudio estadístico que Adela ha elaborado a partir de las
rutinas de mi objetivo. Es en ese momento cuando el amo entrecierra
el balcón y deja al susodicho a la intemperie desgañitándose
cuando deberás masticar el 1,5 gr. de setas secas Mckennaii. No
habrás ingerido ningún sólido durante las dos horas y media
previas y depositarás una bebida azucarada junto a tu cama para el
final de la operación. Recomendamos especialmente el zumo de
naranja.
La
Fowler de Ardesa para caza menor ha sido previamente cargada. Antes
de empuñarla, coloca el dispositivo modular que silenciará el
disparo y ponte la bandolera adjuntada. Comprueba que contiene un
bote de miel.
Si
notas cosquillas en los pies y cierta ligereza es que las setas han
iniciado su proceso alucinógeno.
Espera
la visita de una rata en tu ventana, entonces sal a la calle.
Una
vez situada debajo del balcón del objetivo unta la boca del
silenciador con la miel generosamente. Empuña la escopeta y en
posición de puntillas agita los pies como si nadaras. Te despegarás
del suelo. Sigue agitándolos con energía moderada hasta alcanzar la
altura correspondiente.
La
miel atraerá al objetivo a la par que lo despistará de la situación
de tensión. Apunta y dispara, un único tiro.
Inicia
el descenso ejerciendo un movimiento de presión hacia abajo y en
vertical con los brazos y agitando levemente los pies.
Devuelve
la escopeta a la niña con la rata y dirígete a tu piso. Bébete el
zumo de naranja y duerme.
Jacobo
anda canturreando, dice que ha puesto un poco de orden en el salón
porque así uno no puede planchar a gusto. Yo miro a través de la
ventana sin reparar en su retahíla y le pregunto si han llegado los
del sepelio. Él no atiende a minucias, dice, mis volantes le dan
suficiente faena.
viernes, 6 de octubre de 2017
Relato 1, gravedad
Primer reto: escribir un relato en el que la ley de la gravedad
no se cumple; en un momento dado, un objeto o un personaje deja de regirse por esta ley natural de la física y empieza a levitar.
La historia deberá estar escrita en primera persona, es
decir que el narrador coincide con el personaje protagonista.
¡Ánimo! Comentamos los relatos el 16 de octubre (sería
conveniente que estuvieran colgados al menos uno o dos días antes para que todo
el mundo tenga tiempo de leerlos).
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